
Pasadas las celebraciones gubernamentales del Día Internacional de la Mujer, habría que hacer autocrítica, puesto que, si este día se enmarcó para recordarnos la brecha existente entre el hecho de nacer mujer u hombre y luchar contra estas desigualdades, está visto que no se han cumplido los objetivos mínimos.
Las estadísticas arrojan un dato alarmante: más de la mitad de los varones jóvenes españoles de entre 15 y 29 años (el 51,5 %) considera que el feminismo es una herramienta política de manipulación y adoctrinamiento.
Si bien es cierto que, cuando un movimiento social se manifiesta con fuerza, siempre aparece otra fuerza que lo contrarreste, representada esta vez por los líderes políticos de la ultraderecha, que se han alzado contra todo lo que suponga feminismo e igualdad, esto no es óbice para que el resto hagamos autocrítica.
Las feministas tendremos que plantearnos cuál ha sido nuestro error, si nuestra narrativa o nuestra estrategia, no han sido las más idóneas ni las más acertadas.
También la escuela tendrá que dar respuesta a por qué un 80 % de los jóvenes cree que el feminismo es una ideología que perjudica a los hombres y que las mujeres nos estamos pasando de rosca.
La sociedad, padres y madres, tendremos que revisar de qué manera hemos intercedido, aunque sea con nuestro silencio, para que se sigan perpetuando una ideología contraria a la igualdad de todos.
Hemos comprobado, vistos los resultados de las políticas que se están llevando a cabo desde el Gobierno, que estas no están dando los resultados esperados para contrarrestar las desigualdades. Por lo tanto, habrá que repensar qué hemos hecho mal cuando nuestros hijos se volvieron más conservadores que nosotros, cuando nuestra lucha por la igualdad se empezó a cuestionar.
Tal vez faltó reivindicar el feminismo como sinónimo de igualdad. Exigir a todos y cada uno de nuestros representantes —políticos, escritores, periodistas, futbolistas, científicos cualquiera que tenga una voz pública, que se manifiesten como personas justas, democráticas y, por lo tanto, feministas.
Deberíamos plantearnos si estamos haciendo lo suficiente o, quizás, solo quizás, tendríamos que significarnos, identificarnos como hombres y mujeres feministas y alzar nuestra voz desde cada uno de los sectores, desde cada uno de los estamentos, desde lo público y lo privado.
Cada uno de nosotros somos educadores y, por lo tanto, responsables de que la mitad de esta generación de jóvenes considere que la desigualdad es natural y que poco se puede hacer contra ella, o que el feminismo es solamente una patraña para menospreciar al hombre.
Esta ideología que vende la derecha, que odia a la mujer, que se resiste a los cambios porque implica perder privilegios, es la que está calando entre los jóvenes. Todos y cada uno de nosotros, con nuestro comportamiento, con nuestras palabras, somos responsables. Aún estamos a tiempo para invertir esta tendencia y poner fin a esto.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura y escritora.




























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