En Telde, la Lucha Canaria se encontraba en serio peligro, al borde de desaparecer, como si la memoria de generaciones pudiera borrarse de un plumazo. Esta tradición, que ha acompañado a Canarias desde tiempos inmemoriales, no solo es un deporte: es un reflejo de nuestra identidad, de la fuerza, el coraje y la honradez que se transmiten de padres a hijos en cada terrero.
Ver cómo se debilitaban los clubes, cómo se cerraban terreros y cómo se ignoraban los esfuerzos de quienes luchaban por mantener viva la llama era presenciar la lenta agonía de un patrimonio cultural que nos pertenece a todos. La desaparición de la Lucha Canaria en Telde no habría sido solo la pérdida de un deporte-cultura: habría significado perder un pedazo de historia, de raíces, de nuestra propia memoria como teldense, herederos de los faycanes.
Tras la desaparición del Castro Morales y del Unión Telde, la lucha en Telde quedó en una situación delicada. El Unión Telde había sido filial del Castro Morales en su última etapa, justo el año en que este se proclamó campeón de Segunda Categoría de Gran Canaria. La tradición luchística de la ciudad parecía a punto de extinguirse.
Fue entonces cuando Francisco López asumió la presidencia y, junto a un grupo de luchadores comprometidos, se propuso mantener viva la llama del deporte vernáculo. No nacía solo un club: nacía también una responsabilidad colectiva, una promesa de continuidad.
En noviembre de 1966, nació oficialmente el Club de Luchas Unión Las Nieves, en Lomo Magullo. Allí comenzó a escribirse una nueva página en la historia luchística del municipio. El terrero no era solo un lugar para luchar, sino también un punto de encuentro del barrio: vecinos, aficionados y familias se reunían para sostener una tradición heredada de sus antepasados, compartiendo orgullo, rivalidad sana y el profundo sentimiento de pertenecer a una herencia que pasaba de generación en generación.
Los fundadores: pilares de la tradición y la continuidad
Los primeros valientes que dieron forma al Unión Las Nieves fueron:
• Juan Domínguez, “Pollo del Caracol”
• Juan Trujillo Artiles, Barranquera III
• Agustín Martín
• Juan Florido
• Cornelio Rodríguez, sobrino del Faro de Maspalomas
• Antonio Macías
• Patricio
• Óscar Fleitas Mayor
• Francisco Suárez
• Nicolás, más conocido como “Pepe Pollo de las Casas Nuevas”
• Óscar Fleitas Zurita
• Agustín Mayor Zurita
• Juan, “Pollo de las Casas Baratas”, y su hermano Carmelo
• Francisco Negrín
• Fernando Calderín, “Pollo de los Perros”
Al año siguiente se incorporaron:
• Manuel Trujillo Artiles, Barranquera I
• Francisco Trujillo Artiles, Barranquera II
• José Trujillo Artiles, Barranquera IV
• Santiago Enríquez
• Pedro Benítez
• Momo Cabrera
• Santiago Santana
Estos luchadores procedentes del Castro Morales y del Unión Telde, evitaron que la lucha desapareciera en el municipio de los faycanes y sentaron las bases de una nueva etapa para la lucha canaria en Telde.
Los Barranquera: una familia de lucha canaria
Cuando el club comenzó a abrirse camino, los Barranquera se sumaron a la historia. Juan Trujillo Artiles Pollo de la Barranquera III ya estaba desde el año anterior y fue él quien convenció a sus tres hermanos —Manuel, Francisco y José— para incorporarse al club. Crecimos respirando lucha: el terrero era una escuela de respeto, compañerismo y orgullo por nuestra tierra. Aquella tradición familiar se trasladó al Unión Las Nieves, aportando entrega, carácter y compromiso.
Nuestra presencia reforzó al equipo en una etapa decisiva de consolidación. En aquellos años, el club no solo buscaba competir, sino también afirmarse como heredero de la tradición luchística que había quedado huérfana tras la desaparición del Castro Morales y del Unión Telde. Generación tras generación, nombres, apodos y familias fueron tejiendo la identidad del club.
Años más tarde, abandoné el club que me vio crecer como luchador para partir hacia Tenerife, donde permanecí durante muchos años. Pero esa ya es otra historia.
Hoy intento recuperar la memoria de aquellas personas que lo dieron todo por nuestro deporte tradicional en Canarias, y lo hago con el orgullo de haber formado parte de aquella historia.
La vida dura de los primeros luchadores
En aquel tiempo no contábamos con medios para prepararnos. Lo más que teníamos eran unas pesas rudimentarias, hechas con tubos metálicos y bolas de cemento en los extremos, a veces descompensadas. No había gimnasios ni suplementos vitamínicos: lo que nos mantenía fuertes era trabajo, mucho trabajo, buena alimentación basada en gofio y potajes tradicionales que nos preparaba nuestra viejita la matriarca de los Barranquera, y algún que otro queso de vez en cuando.
Comenzábamos a trabajar desde que salía el sol hasta bien entrada la tarde. Al llegar a casa, casi de noche, soltábamos la talega del almuerzo y nos preparábamos para entrenar. Después de cada sesión, muchas veces nos duchábamos en la acequia del barrio, ya que las instalaciones del terrero aún no reunían las condiciones necesarias. Con el tiempo, una vecina del terrero nos facilitó una manguera para poder ducharnos en mejores condiciones. Aquello sí que era sacrificio; hoy, en cambio, hay un gimnasio en cada esquina.
Finalizados los entrenamientos, regresábamos muy tarde a casa en el barrio de la Barranquera y al día siguiente nos levantábamos de nuevo para repetir la misma rutina de trabajo y entrenamiento. Aquella vida exigente, hecha de esfuerzo constante y humildad, forjó nuestra resistencia y carácter, y nos enseñó a valorar cada entreno y cada agarrada como una verdadera conquista.
Historia de la presidencia: compromiso y continuidad
Desde sus inicios, la presidencia del club reflejó un fuerte compromiso personal y una clara continuidad generacional.
Presidentes del Unión Las Nieves:
1. Francisco López, con su hermano Juan López como vicepresidente.
2. Santiago Medina, “Santiaguito el Lechero”, bajo cuyo mandato se logró el primer Campeonato Juvenil de Gran Canaria, consolidando la base del club.
3. En 1974, Antonio Matías Koldan Jiménez, “Juanito Boza”, con Juan López Marcial como vicepresidente y secretario, realizó fichajes clave como los de Francisco Ramos “Chicho Ramos” y José Trujillo Artiles “Barranquera IV”, reforzando el proyecto. Esa temporada, el club quedó campeón en su categoría.
4. Francisco Lozano, quien continuó con el trabajo que se venía realizando.
5. Juan Suárez, que consolidó la proyección del club y realizó fichajes decisivos como el de Loreto IV. En esa ocasión, otro club le ofreció una ficha, generando gran revuelo en el barrio. Los vecinos se volcaron para intentar retenerlo, organizando incluso una colecta para igualar la oferta, aunque finalmente Loreto IV abandonó el club, dejando un recuerdo imborrable de la pasión del barrio por la lucha canaria.
6. José Medina, también luchador del Unión Las Nieves, último presidente antes de la desaparición del club.
Durante ese período reapareció el Castro Morales, equipo que ha continuado hasta nuestros días. Entre el Castro Morales y el Unión Las Nieves se vivieron memorables confrontaciones luchística. En sus filas destacaban luchadores de gran carácter y calidad: el palmero Mario Tomás “Babache” defendiendo los colores del Castro Morales, y el tinerfeño Chicho Ramos junto a Barranquera IV en el Unión Las Nieves. Aquellos enfrentamientos, disputados con entrega y orgullo en el terrero, alimentaron una intensa rivalidad deportiva que quedó grabada en la memoria de los aficionados teldenses.
Además, en esos años fueron apareciendo nuevos equipos en Telde, como Acaymo, Las Huesas y La Viña, así como el Club de Lucha Almogarén, del municipio de Valsequillo, limítrofe con el barrio de Lomo Magullo. Todo ello contribuyó a un notable crecimiento y dinamización de la lucha canaria en la zona.
La gesta de los valientes de Lomo Magullo
Aquella gesta de los valientes que llevaron la lucha al barrio de Lomo Magullo no solo evitó que Telde se quedara sin lucha canaria, sino que, con el paso del tiempo, permitió que este deporte se recuperara en la ciudad de los faycanes y volviera a arraigar en todo el municipio.
El Unión Las Nieves no fue solo un equipo: fue la respuesta de hombres que se negaron a dejar morir la tradición en Telde. Con esfuerzo, sacrificio y amor por el deporte, levantaron un club desde la nada, apoyándose únicamente en su voluntad y compromiso con una herencia que hoy está reconocida como Bien de Interés Cultural (BIC).
Este reconocimiento fue declarado oficialmente por el Gobierno de Canarias en 2018, con la categoría de “Ámbito Inmaterial”, y publicado en el Boletín Oficial de Canarias el 31 de mayo de ese mismo año, reconociendo a la lucha canaria como una manifestación esencial del patrimonio cultural del archipiélago.
Cabe señalar que, en ese momento, yo desempeñaba el cargo de vicepresidente de la Federación Regional de Lucha Canaria, siendo presidente Juan Ramón Marcelino. Hoy me siento orgulloso de ese logro.
Vida y anécdotas en Lomo Magullo
El barrio vivió una etapa próspera gracias a la llegada de la lucha canaria. Los días de competición, el terrero se llenaba de movimiento y pasión: bares y calles bullían de conversaciones y disputas amistosas, y los aficionados llegaban de toda la isla, atraídos por la emoción de las agarradas. Algunos luchadores encontraron allí más que deporte: se enamoraron del lugar y de sus bellas mujeres, formando familias y dejando en el barrio la semilla de sus amores.
Recuerdo una anécdota curiosa: un día, el cura del barrio, don Hermenegildo —hombre de carácter recio— se enfadó y llamó al presidente para reprenderle. Decía que la lucha no podía empezar hasta que terminara la misa, porque los feligreses estaban dejando de ir a la iglesia por acudir al terrero.
Así se decidió que las luchadas del domingo se pasaran al sábado, aunque hiciera frío. Eran otros tiempos; en los barrios se respetaba mucho la palabra del cura… aunque a más de uno le tirara más el terrero de lucha que el sermón.
Otra anécdota ocurrió durante una agarrada de mi hermano Juan, Barranquera III. Se enfrentaba a un luchador cuyo nombre no recuerdo, y el árbitro lo amonestó. El público creyó que la decisión era injusta y se armó un gran revuelo. El árbitro tuvo que llamar al policía del evento, quien le dijo que estaba siendo injusto con mi hermano. Aquello, lejos de calmar los ánimos, encendió todavía más al público, y el árbitro tuvo que salir corriendo por un callejón lateral, permaneciendo allí hasta que la situación se tranquilizó.
Esta historia se la recordé hace unos días a Juan López Marcial, en Lomo Magullo, junto a su esposa Delfina Boza. Juan me la ratificó como cierta. Aquel encuentro me hizo recordar momentos muy gratos en el terrero del Unión Las Nieves, el lugar donde realmente me formé como luchador.
El espíritu del Club
Cada terrero, cada agarrada y cada nueva generación de luchadores llevan consigo el espíritu de los fundadores: aquellos que decidieron que la lucha canaria en Telde no podía ni debía morir. No fue solo una gesta de los luchadores, sino también del empeño de los presidentes y miembros de la junta directiva.
Porque la historia de un club no se mide solo por sus victorias, sino por la dignidad con la que sus hombres y dirigentes defendieron una tradición que forma parte del alma de su ciudad, -mi ciudad- y gracias a ello lograron que su deporte favorito siguiera vivo.
Hoy, la lucha canaria en Telde sigue viva de la mano del Club de Luchas del Castro Morales, surgido de sus cenizas, y lo hace con acierto y orgullo, manteniendo viva la memoria de todos aquellos que no dejaron que esta tradición muriera.
Nota:
Si se me ha quedado algún detalle, lo siento, pero he intentado recuperar todo lo máximo posible. En cualquier caso, si alguien sabe de algún detalle adicional, me gustaría que me lo hicieran llegar.
Gracias.
José Trujillo Artiles, Barranquera IV, exluchador.




























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