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Colaboración

Hallazgo submarino en la misma orilla

Reflexión de Mafersa

MAFERSA Domingo, 01 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Domingo, 01 de Marzo de 2026 a las 14:34:23 horas

A mediados de los años sesenta, mi verano transcurría entre el Monte de La Esperanza y la costa tinerfeña. Por aquel entonces, cumplía con mi obligado deber patrio (¡sí o sí!) de hacer la "mili", pero no una mili cualquiera, ¡no! Me encontraba haciendo el segundo campamento de la Instrucción Premilitar Superior (IPS), en el cuartel de Las Raíces, como Caballero Aspirante a Oficial de Complemento. Y aunque la disciplina militar marcaba nuestros días, los domingos el mar era mi único mando y mundo.

 

​Como buen canario de La Isleta, mi pasión era el buceo —lo que hoy llaman snorkel—. Un domingo cualquiera, mis aletas me llevaron a la Playa de San Marcos, en Icod de los Vinos. Allí, donde un viejo muelle semi-derruido desafiaba al oleaje, decidí explorar la parte sumergida del dique hasta llegar a su zona más saliente, parcialmente derrumbada.

 

​Bajo una gran plancha de hormigón desprendida que formaba una cueva, el mar custodiaba un secreto. Al entrar, vi un poste vertical de unos dos metros de largo y unos treinta centímetros de diámetro, ligeramente recostado. Pensé que sería un poste de alumbrado caído del muelle, pero al observar con más detalle dicho poste, descubrí dos protuberancias opuestas a ambos lados de su diámetro. ¡Eran muñones!

 

​En ese instante, la emoción disparó mis pulsaciones. No era un poste; era una pieza de artillería de avancarga, ¡un antiguo cañón! Probablemente de los siglos XVI al XVIII, que llevaba incontables años esperando a que alguien, entre los miles de personas de todas las edades que pasaban por delante, se percatara de su presencia.

 

​Salí a la superficie súper emocionado. Necesitaba confirmar si era de hierro o de bronce. Saqué mi cuchillo de la vaina, volví a bajar y pinché su superficie. Un hilillo de óxido de hierro brotó de la incisión. Era hierro, mimetizado con su "traje biológico marino" de algas y concreciones.

 

​Lo que sucedió después fue un choque con la realidad. Al lunes siguiente, acudí a la Comandancia de Marina. Mi intención era comunicar el hallazgo para el patrimonio histórico, pero la respuesta del oficial fue tajante: "Tiene usted que extraerlo, transportarlo hasta aquí, lo valoramos, usted paga un porcentaje de su valor y se lo lleva, quedando como depositario pero de propiedad pública".

​Ante tal despropósito burocrático, y tras recuperar el ánimo, decidí llamar al entonces alcalde de Icod. Después de presentarme y explicarle qué hacía un canarión en Tenerife, y comunicarle el hallazgo, exclamó: "¡Pero si yo vivo aquí y practico snorkel habitualmente! ¿Cómo no lo he encontrado yo?". Con la generosidad de quien no buscaba medallas, le dije: "Puede decir que lo ha encontrado usted".

 

​Hoy, sesenta años después, me pregunto si aquel hierro sigue allí o si alguien más se fijó en lo que nadie más ve.

 

​No te pierdas la siguiente entrega de este artículo, si quieres saber qué tengo protegiendo mi casa de Marzagán.

 

Mafersa es Manuel Fernández Sarmiento, actualmente cursando el segundo curso del Diploma Ciencia y Tecnología de la ULPGC

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