Antonio Morales, presidente del Cabildo de Gran Canaria, agradeció este domingo a las y a los representantes del pueblo de Artenara la concesión de la Insignia de Oro del municipio, con la que reconoce y ensalza la labor que desarrolla la Corporación insular para defender y preservar el medioambiente. Una distinción que, como manifestó, simboliza “los 75 años de la vinculación constante entre ambas instituciones para conservar, proteger y proyectar una de las señas de identidad de nuestra Isla: la cumbre de Gran Canaria”.
El presidente Morales evidenció este agradecimiento en el pregón que leyó con motivo de las fiestas que celebra el municipio cumbrero en honor a San Matías Apóstol, patrón de los pinares. Y lo hizo, según sus propias palabras, “en nombre de las personas que han representado al Cabildo a lo largo de estas décadas, cuidando pinares, protegiendo senderos y bancales, previniendo y sofocando incendios, con una base fundamental aquí al lado, procurando el agua para los cultivos, reparando presas, poniendo fincas a disposición municipal, favoreciendo el empleo… Porque cuidando Artenara estamos engrandeciendo Gran Canaria”, declaró.
Así, en su intervención, enfatizó que “hoy no estamos aquí solo para cumplir con una tradición. Hoy estamos aquí para renovar un vínculo, el vínculo entre un pueblo, su tierra y su memoria, y también para agradecer una relación permanente y leal entre Artenara y el Cabildo de Gran Canaria”.
Pero el presidente insular no se refirió únicamente al pasado, sino que aludió a “un presente de compromiso permanente del Cabildo de Gran Canaria, para que Artenara y la cumbre entera tengan futuro”, proclamó. De hecho, recalcó que “la Declaración de Patrimonio Mundial de Risco Caído y la Reserva de la Biosfera está impulsando, a través del Instituto de Gestión Integrada, acciones de promoción y desarrollo sostenible, y el Centro de Interpretación atrae hasta el pueblo a cientos de personas interesadas en conocer e investigar”, detalló, para subrayar que “el apoyo a la agricultura, la ganadería, el comercio con la zona comercial abierta, el deporte, el de cara al patrimonio histórico y el turismo son muestras de un camino compartido que nos permite ser optimistas de cara al futuro”.
En esa misma línea, sostuvo que en esa Insignia de Oro que ha recibido el Cabildo “está recogida la historia emocionante de un pueblo y de una Isla por conservar los tesoros que heredamos” y transmitió su deseo de que “también sea la renovación de un compromiso con el pinar, con el agua, con la gente que cuida el territorio y con la identidad de este pueblo único en lo más alto de Gran Canaria, que encierra memoria, patrimonio y esencia de grancanariedad”.
Por todo ello, aseguró que celebrar a San Matías “es reconocer que seguimos siendo herederos de quienes entendieron que vivir en la cumbre no era dominar la naturaleza, sino aprender a convivir con ella”. Y es que, “en este municipio alto, la fe siempre estuvo ligada a lo esencial. San Matías fue, desde muy temprano, el santo al que se miraba cuando el invierno venía seco, cuando la semilla dudaba en brotar, cuando el pinar necesitaba tiempo y sosiego para regenerarse. Y por eso no es casualidad que San Matías sea también reconocido como protector de los pinares”, indicó. “Porque aquí se entendió algo que hoy la ciencia confirma: que el bosque no es un adorno, sino una pieza fundamental del equilibrio de la Isla”.
De este modo, puso en valor la relevancia de este árbol en el entorno natural de Gran Canaria y abogó por defenderlo y preservarlo, dado que, como afirmó, “el pinar canario que rodea Artenara y abraza la cumbre, además de dar sombra y belleza, retiene la humedad, protege el suelo, regula el agua y hace posible que la vida continúe más abajo, en los barrancos, en los valles, en la costa”. Por eso, “cuidar el pinar ha sido siempre, aunque no se dijera así, una forma de cuidar toda Gran Canaria”, sentenció.
Asimismo, alabó la cultura del uso responsable del pinar que siempre ha guiado a las y a los pobladores de la cumbre y su conocimiento de que el monte debía dar, pero también debía recuperarse. “Ese es el origen de lo que hoy se conoce como ‘gestión sostenible’ y forma parte del patrimonio inmaterial de Artenara y de toda la cumbre de Gran Canaria”, aseveró. “Hoy, cuando hablamos de cambio climático, de incendios forestales, de despoblación rural y de pérdida de identidad, las enseñanzas de San Matías y de nuestros mayores adquieren una vigencia enorme. Porque el reto no es solo conservar el monte, sino hacer compatible su protección con una vida digna para quienes lo habitan”, mantuvo.
Un acto de justicia
El presidente de la Isla, en este contexto, también quiso mostrar su reconocimiento y admiración al amplio colectivo de personas que trabajan en el ámbito del medioambiente, desde guardas forestales, brigadas contra incendios, técnicos, agentes, educadores ambientales, personal de mantenimiento del monte, hasta las y los agricultores y ganaderos que cuidan la tierra día a día, entre muchos otros profesionales.
“Su trabajo no siempre se ve. A menudo se hace en silencio, en condiciones duras, con frío, calor, riesgo y responsabilidad, pero gracias a ellos, nuestros pinares siguen en pie, la Isla es hoy más resiliente y el legado natural que recibimos puede llegar a quienes vienen después”, remarcó.
Y a este respecto, recordó que los grandes incendios forestales sufridos en las últimas décadas marcaron un antes y un después en la conciencia ambiental de la Isla y que, desde entonces, la gestión del pinar, la prevención y la implicación de la población local se han convertido en una prioridad, demostrando que proteger el monte es una tarea colectiva en la que tradición y conocimiento técnico deben caminar juntos. De ahí que “reconocer la labor de todas esas personas aquí, en la fiesta de San Matías, no es un gesto simbólico, es un acto de justicia”, alegó.
Finalmente, Antonio Morales culminó su pregón haciendo hincapié en que la cumbre de Gran Canaria debe continuar progresando y para ello, aplicó la máxima de que “no hay conservación sin población y no hay futuro rural sin identidad”, por lo que defendió que necesita gente, vida, escuelas, campo, y proyectos que permitan quedarse sin renunciar a cuidar la naturaleza.
“Preservar la identidad de Artenara no es anclarse en el pasado, sino llevar al futuro lo mejor de lo aprendido. Es entender que tradición y sostenibilidad no son enemigas, sino aliadas, y que la devoción a San Matías no es solo fe, sino memoria ecológica”, expuso. “Y si algo resume lo que somos es que Artenara, por sus valores humanos, naturales y etnográficos, está en pleno corazón de la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria y forma parte del Paisaje Cultural de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Y esto es una responsabilidad que debe significar seguir siendo ejemplo de convivencia respetuosa entre el ser humano y la naturaleza, y que debe traducirse en orgullo, educación, conciencia y oportunidades para que las y los jóvenes puedan quedarse y vivir dignamente en la cumbre. Porque el verdadero patrimonio es la gente que mantiene viva esa herencia”, concluyó.











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