
Ni revoluciones ni cambios ideológicos, ni nuevos sistemas políticos, nada ha sido tan importante y sintomático de este siglo como el profundo cambio social que están llevando a cabo las mujeres. La verdadera esencia y marca de este siglo XXI es el “basta ya “ de las mujeres que han dejado de sentirse víctimas y han comenzado a cuestionar las funciones a las que se les había relegado de madres y cuidadoras para tomar conciencia de su propia valía como seres independientes y libres. Este cambio real de pensamiento está derrumbando las viejas formas arcaicas de comportamiento de la sociedad.
No es casual que desde hace un tiempo, las denuncias se hayan incrementado y sean precisamente las mujeres quienes se han atrevido a denunciar y sacar a la luz los abusos y violaciones sufridas por políticos, cantantes, consejeros, deportistas, médicos, hombres de cualquier estracto social y clase, embuidos aún en la creencia de que la mujer es para su uso y disfrute, incluso aunque ella no quiera.
Al grito de basta ya, jóvenes y no tan jóvenes se están atreviendo a señalar y denunciar, a pesar de las dificultades que supone y lo doloroso del proceso. Un acto valiente que deben afrontar : tener que explicar ante un juez una experiencia traumática que se reactiva de nuevo. A esto se le suma la dificultad de aportar pruebas, pues los abusos y violaciones siempren suceden en el marco de la intimidad, sin testigos. Las víctimas deben aportar pruebas y confesiones que resulten creíbles a unos jueces, a veces no tan imparciales, pues todavía en la judicatura quedan restos de esta mentalidad patriarcal. Otras veces, son los medios los que callan o blanquean unos hechos inaceptables. Allá cada cual con su conciencia.
Las leyes no cambian sociedades, normalmente es al revés, siempre son los movimientos sociales los que se anticipan a las normas escritas. Y algo está se está moviendo. Los últimos casos salidos a la luz esta semana son significativos.
Antonio Ortega, denunciado en 2017 por una joven cuando era alcalde de San Mateo y nombrado en 2023 para el cargo de director del Instituto Canario de la Vivienda, cuando ya se sabía que era investigado por la presunta agresión sexual, sale la noticia esta semana.
Manuel Bautista, alcalde de Móstoles, quien acosó primero sexualmente y luego laboralmente a una concejala de su partido, ante la connivencia y el silencio de la dirección del PP de Madrid.
Jose Ángel González, director adjunto operativo de la Policía Nacional (DAO) obligado a dimitir por un delito de agresión sexual a una inspectora de policía, que debió denunciar directamente en los juzgados por miedo a repesalias, pues se había sentido presionada por los altos cargos de la policía nacional para que no denunciara.
Todos ellos presuntos violadores, presuntos depredadores sexuales, amparados por el cargo y el poder que ostentaban y el silencio cómplice de quienes sabíendolo, callaban. Una pequeña muestra de lo que hay debajo de este magma subterráneo de podredumbre y de connivencia contra los abusos sexuales.
Pero el tiempo juega nuestro favor, imparable, porque las mujeres, a pesar de la revictimización, de enfrentarse a su agresor, de recordar lo indecible, de la lenta maquinaria de la justicia, nadie las detiene ya. El respeto y la dignidad son irrenunciables.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura y escritora.

























Olga Maria Rivero Santana | Domingo, 22 de Febrero de 2026 a las 13:38:38 horas
El caso es que esos cambios son tan pobres y van tan lentos por "ser quiénes son" y "ocupar puestos relevantes" los señalados", hecho muy lamentable y repugnante!
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