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Martes, 17 de Febrero de 2026

Actualizada Martes, 17 de Febrero de 2026 a las 21:27:37 horas

Colaboración

El 'oro verde' de Gran Canaria: ¿recurso o residuo?

Reflexión de Domingo Rigüela, ciudadano de Telde

DOMINGO RIGÜELA PADRÓN Martes, 17 de Febrero de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Martes, 17 de Febrero de 2026 a las 07:01:43 horas

En una isla de recursos finitos y suelos castigados por la erosión, la gestión de lo que llamamos "basura" define nuestro nivel de madurez como sociedad. Tradicionalmente, los restos de poda de nuestros jardines y palmerales han sido tratados como un estorbo logístico, un residuo voluminoso cuyo destino final solía ser el vacío estéril de un vaso de vertedero. Sin embargo, la realidad científica y la emergencia climática nos obligan a cambiar el prisma: cada rama triturada es una inversión en la salud de nuestra tierra.

 

El compostaje es el ejemplo perfecto de economía circular. En este escenario, empresas como Ayagaures Medioambiente están marcando el camino al transformar la poda y la gallinaza en un abono orgánico de alta calidad, listo para su comercialización. Es inevitable hacer la comparativa con productos foráneos, como el conocido Compost Majorero de Fuerteventura, que se ha puesto de moda últimamente. Aunque sea un producto válido, la lógica de la sostenibilidad dicta que el mejor abono es el de "kilómetro cero".

 

Utilizar compost producido en Gran Canaria no solo reduce drásticamente la huella de carbono al evitar el transporte marítimo interinsular, sino que devuelve al suelo los nutrientes y la microbiota específica de nuestro entorno. Enterrar este residuo en un vertedero es, literalmente, enterrar dinero y fertilidad, ocupando un espacio precioso en los complejos ambientales y generando metano, un gas de efecto invernadero mucho más dañino que el CO2.

 

Otra técnica que está ganando terreno, gracias a la gestión de FCC en Las Palmas de Gran Canaria, Canaragua en San Bartolomé de Tirajana o el propio Cabildo en el emblemático Jardín Canario, es el mulching o acolchado vegetal. Esta práctica consiste en cubrir el suelo con restos de poda triturados, creando una capa protectora que imita el manto natural de los bosques.

 

Los beneficios son incuestionables: el suelo retiene la humedad por mucho más tiempo (vital en el sur de la isla), se regula la temperatura de las raíces y se evita la proliferación de malas hierbas sin necesidad de químicos. Es, en esencia, ponerle una "armadura" al suelo para que la vida microbiana prospere.

 

Sin embargo, toda innovación suele enfrentarse al recelo de lo desconocido. Es común escuchar voces que critican el uso del triturado vegetal alegando riesgos de incendio por una colilla mal apagada o que el viento lo esparcirá por las aceras. Nada más lejos de la realidad técnica.

 

El triturado de poda fresca mantiene una humedad interna y una estructura compacta que dificulta enormemente la combustión rápida; es mucho más peligroso el pasto seco o la hojarasca fina que una capa bien aplicada de mantillo. Respecto al viento, la granulometría profesional utilizada por estas empresas permite que las fibras se entrelacen y se asienten con el primer riego, formando una alfombra estable que protege, en lugar de ensuciar.

 

Pero esta revolución no debe quedarse solo en las grandes contratas municipales o en las plantas de tratamiento. El verdadero cambio de paradigma ocurre cuando entendemos que el ciclo de la vida empieza en nuestra propia casa.

 

Animo a todo aquel que tenga desde un pequeño jardín hasta su propio cultivo a utilizar las técnicas del compostaje. Revalorizar nuestros residuos vegetales a nivel doméstico no solo reduce la carga de nuestros vertederos, sino que nos regala un abono de una riqueza incalculable para nuestras plantas. No hay mayor satisfacción que ver cómo lo que ayer era un desecho, hoy alimenta la vida de nuestro huerto.

 

Debemos dejar de ver la poda como un desecho y empezar a verla como un patrimonio. Cuando instituciones y empresas apuestan por el compostaje y el triturado, están ahorrando agua, reduciendo emisiones y, sobre todo, devolviendo la dignidad a nuestros suelos. El verdadero "crimen" ambiental no es ver trozos de madera en un parterre; el verdadero crimen es permitir que esa riqueza orgánica acabe sepultada bajo toneladas de basura convencional.

 

Domingo Rigüela Padrón es ciudadano de Telde.

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