
Hay luchas que no empiezan con pancartas sino con un derrumbe. La de Los Picachos comenzó la noche del 14 de febrero de 1994, cuando cayó una de las pilastras del antiguo ingenio azucarero de Telde. La noticia la dimos en exclusiva en el periódico Canarias7, tras el oportuno aviso del vecino Julio González Padrón, y desde ese momento el patrimonio dejó de ser una ruina silenciosa para convertirse en asunto público.
A partir de ahí empezó una de las movilizaciones ciudadanas más largas que recuerda la ciudad. El colectivo Turcón-Ecologistas en Acción tomó el relevo de la alarma inicial y convirtió aquel derrumbe en conciencia colectiva. Cada febrero, con la concentración ante las pilastras, la memoria se transformó en reivindicación constante: proteger, adquirir y rehabilitar el ingenio azucarero.
Esa presión no fue solo vecinal. También fue mediática. Canarias7 mantuvo el foco durante décadas, La Provincia acompañó el proceso y, desde su nacimiento en 2005, TELDEACTUALIDAD siguió al instante cada iniciativa, cada convocatoria y cada avance administrativo. Sin ese eco permanente, la historia habría corrido el riesgo de quedar enterrada bajo la indiferencia institucional.
Treinta años después, la investigación arqueológica ha confirmado lo que Turcón defendía desde el principio: las pilastras pertenecen a un complejo azucarero. La reciente exposición del arqueólogo Valentín Barroso en las Jornadas de los Ingenios Azucareros ha aportado pruebas materiales —restos cerámicos, estructuras de molienda y recreaciones técnicas— que sitúan a Los Picachos dentro del gran circuito atlántico del “oro blanco”.
Y es que el azúcar no fue un cultivo más. Entre los siglos XV y XVII modeló la economía, el paisaje y la sociedad canaria, conectando Telde con Europa, Madeira y América. Los ingenios generaron núcleos de población, oficios especializados y rutas comerciales que marcaron el desarrollo del archipiélago.
Por eso hoy sería mezquino ignorar el papel de Turcón. Durante más de tres décadas ha sostenido una reivindicación que acabó implicando a administraciones y ciudadanía. Lo que empezó como un derrumbe terminó convirtiéndose en un compromiso colectivo: entender que el patrimonio no se hereda, se defiende.
Los Picachos aún no han escrito su última página, pero si algún día se rehabilitan será porque alguien decidió que la historia no podía caerse otra vez al suelo.
Carmelo J. Ojeda Rodríguez es director de TELDEACTUALIDAD y VALSEQUILLOACTUALIDAD. Es catedrático de Geografía e Historia, fue redactor de Canarias7 y posee un Máster en Comunicación y Periodismo Digital.









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