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Domingo, 15 de Febrero de 2026

Actualizada Domingo, 15 de Febrero de 2026 a las 19:19:02 horas

Desde la acera de enfrente

La radio: la voz que resiste en la era del ruido

Reflexión del exconcejal socialista Gregorio Viera Vega

GREGORIO VIERA VEGA 1 Domingo, 15 de Febrero de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Domingo, 15 de Febrero de 2026 a las 17:05:54 horas

El pasado día 13 de febrero se conmemoró el Día Mundial de la Radio, una ocasión para reconocer la perdurable importancia de este medio de comunicación. En una era caracterizada por el predominio de las pantallas, los algoritmos y los estímulos visuales constantes, la radio se erige como un medio singularmente humano, que establece una conexión a través del sonido sin la necesidad de interacción visual. 

 

En un contexto donde la atención se fragmenta y la presencia física se vuelve cada vez más escasa, la radio ofrece una experiencia auditiva íntima, capaz de trascender la distancia y penetrar en diversos espacios, desde la cocina hasta el taller, pasando por el taxi o la soledad de la madrugada.  Su característica distintiva reside en su capacidad de captar la atención sin exigirla de manera exclusiva, permitiendo al oyente participar de manera pasiva pero significativa.  Esta aparente sencillez esconde un profundo poder social, cultural y político.

 

Desde una perspectiva social, la radio ha desempeñado históricamente un papel fundamental como medio de comunicación democrático.  Su accesibilidad no está condicionada por la disponibilidad de conexiones de alta velocidad, dispositivos sofisticados o incluso alfabetización visual.  Un simple aparato permite el acceso a una amplia gama de contenidos, incluyendo noticias, música, debates y compañía.  En zonas rurales, comunidades marginadas o contextos de crisis o desastres naturales, la radio se consolida como el medio más resistente y accesible.  Su capacidad para operar de manera independiente de la infraestructura eléctrica y de internet la convierte en una herramienta indispensable en situaciones de emergencia.

 

Más allá de su función informativa, la radio ejerce una influencia social significativa al proporcionar una sensación de compañía constante en la vida cotidiana.  Su presencia discreta, que acompaña las actividades diarias sin interrumpirlas, crea una sensación de comunidad invisible.  La voz que saluda cada mañana no es simplemente un comunicador o comunicadora, sino una figura familiar que establece un vínculo con el oyente. 

 

En un mundo donde la hiperconectividad digital ha generado nuevas formas de aislamiento, la radio ofrece una compañía sin exigencias, sin comparación social ni la ansiedad asociada a la búsqueda de validación a través de “me gusta”.  Se configura como una comunidad auditiva que no juzga, que no exhibe ni que mide, proporcionando un espacio seguro para la conexión y la reflexión.

 

La radio no compite con el ruido digital; lo atraviesa.  No requiere imponerse mediante imágenes espectaculares ni métricas instantáneas. Su fortaleza reside en la constancia, la cercanía y la credibilidad forjada a lo largo del tiempo. Mientras exista un individuo dispuesto a escuchar una voz en la oscuridad, mientras haya relatos que narrar y realidades que exponer, la radio continuará siendo mucho más que un medio; se erigirá como un espacio de encuentro. En la era del exceso visual y la velocidad vertiginosa, la radio nos recuerda un aspecto esencial: antes que espectadores, somos oyentes.  Y escuchar en el ámbito social, cultural y político, sigue siendo un acto profundamente transformador.

 

La radio posee memoria emocional. Cada generación tiene la suya, y cada individuo conserva en algún rincón de su mente la frecuencia exacta de su juventud. Para algunos fueron los cuarenta principales, Inolvidable FM; para otros, Radio 3; para muchos, aquellas emisoras locales que nombraban las calles de su barrio y se referían a la verbena del sábado. No escuchábamos el mundo; escuchábamos nuestro mundo. Pero existe algo más profundo. La radio es el único medio que concibe la ausencia como una forma de presencia.

 

Quien nos comunica a través de las ondas no está presente, y sin embargo, se encuentra más cerca que nadie. Nos habla mientras conducimos, mientras caminamos solos por la noche, mientras desayunamos con somnolencia. Su voz ocupa el espacio exacto de nuestra soledad sin invadirlo. No requiere que la miremos, no exige nuestro rostro. Nos concede el privilegio de estar sin ser vistos.

 

Gregorio Viera Vega fue concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Telde.

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