
La publicación de los datos oficiales sobre las subvenciones concedidas a la empresa acuícola Aquanaria entre 2019 y 2025, que superan los 53 millones de euros, ha provocado una oleada de indignación ciudadana en Telde, especialmente tras el episodio de mortandad masiva de lubinas registrado en el último trimestre de 2025 en la Bahía de Melenara.
Colectivos vecinales y numerosos ciudadanos han reaccionado en redes sociales cuestionando que una empresa señalada por amplios sectores como responsable del impacto ambiental que obligó al cierre de playas en Telde, el sureste y el sur de Gran Canaria haya recibido tal volumen de fondos públicos en los últimos siete años.
“Después dicen que las paguitas es el Ingreso Mínimo Vital, y las empresas reciben decenas de millones”, escribía un usuario en redes, comparando las ayudas sociales con las subvenciones empresariales. Otros mensajes incidían en el destino de esos recursos: “Con ese dinero se podría hacer un hospital en condiciones en el sureste”, “Y luego no hay para Sanidad y Vivienda” o “Cuántas casas se construirían con ese dinero”.
Algunos comentarios apuntan directamente a la gestión ambiental de la compañía tras la muerte de miles de toneladas de peces en sus jaulas marinas: “Para además infectarnos las aguas con los peces podridos”, señalaba otro vecino. También se cuestiona la rentabilidad del modelo: “Si que sale rentable poner jaulas marinas en la costa e hincharte a subvenciones”, o “Nos sale caro el pescado”.
Críticas al uso de fondos públicos
Las críticas no solo se centran en el impacto ambiental, sino en la filosofía de las ayudas públicas. “Dinero del contribuyente para empresas privadas”, “Despílfarro en empresas en las que los políticos tienen algún interés”, o “Que devuelvan las subvenciones”, son algunos de los mensajes que reflejan el malestar.
Otros ciudadanos reclaman mayor transparencia: “Me encantaría saber quiénes son los dueños”, “A ver si alguien da la cara” o “Ahí está la película, tanto secretismo”, en referencia tanto a la empresa como a las administraciones que han concedido las ayudas.
Un debate que va más allá de la empresa
La polémica ha abierto un debate más amplio sobre el modelo productivo, el control ambiental y el destino de los fondos públicos en Canarias. Mientras la empresa ha defendido en otras ocasiones su papel como referente en la producción de lubina premium para exportación y generadora de empleo, parte de la ciudadanía cuestiona si el volumen de ayudas recibidas guarda proporción con el impacto generado en el territorio.
El malestar social se produce en un contexto aún sensible, con las consecuencias del cierre de playas y las investigaciones abiertas para esclarecer las causas de la mortandad masiva de peces, cuyos efectos se extendieron desde Telde hasta Mogán.
La suma de ambos factores —impacto ambiental y volumen de subvenciones— ha colocado nuevamente a Aquanaria en el centro del debate público en el municipio.










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