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Martes, 10 de Febrero de 2026

Actualizada Martes, 10 de Febrero de 2026 a las 21:45:23 horas

V Jornadas de los Ingenios Azucareros en la Casa-Museo León y Castillo

El antiguo ingenio azucarero de Las Longueras 'cambia' de sitio: la arqueología corrige décadas de confusión

Telde afina su historia azucarera con nuevos datos científicos

TELDEACTUALIDAD/Telde Martes, 10 de Febrero de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Martes, 10 de Febrero de 2026 a las 20:37:07 horas

La Casa-Museo León y Castillo acogió este martes por la tarde una de las ponencias más esperadas de las V Jornadas Los Ingenios Azucareros: Investigación, participación y valores a preservar, con una conferencia del arqueólogo Valentín Barroso (Arqueocanarias) centrada en los ingenios históricos de Telde, especialmente Los Picachos y Las Longueras. Lejos del relato romántico o repetido, Barroso puso el foco en lo verificable: mapas ajustados, superficies reales de cultivo, procesos de destrucción y, sobre todo, evidencias arqueológicas que empiezan a encajar un puzzle que durante siglos solo se intuía.

 

Uno de los mensajes de arranque fue directo: las cifras infladas no ayudan a entender la historia. Barroso explicó que durante años se manejaron estimaciones desproporcionadas sobre la extensión de cañaverales en Gran Canaria —habló de mapas que sugerían hasta 150.000 hectáreas, una cifra inviable— y detalló que, al ajustar zonas de cultivo y estudiar los ingenios con criterios actuales, la realidad apunta a un orden de magnitud distinto: en torno a 1.000 hectáreas. “Parece poco, pero no lo es”, vino a resumir, recordando además que a comienzos del siglo XVI la isla contaba con 30.000-40.000 habitantes y no toda la población podía dedicarse a plantar caña. Con esa perspectiva, el azúcar deja de ser un “milagro” y se entiende como lo que fue: un motor económico potente, sí, pero condicionado por el territorio, la mano de obra y el agua.

 

La charla enlazó esa lectura de escala con otra clave para comprender por qué Los Picachos fueron durante décadas el único gran icono visible del azúcar en Gran Canaria. Barroso expuso que, aunque existieron 25 o 26 ingenios, la mayoría quedó oculto o destruido por la reconversión agrícola de finales del XIX y principios del XX: la platanera exigió bancales, muros y grandes movimientos de tierra. En ese proceso, se produjo una “doble destrucción”: se retiraron piedras de antiguas estructuras para construir muros y, después, muchos restos quedaron sepultados. Paradójicamente, esa misma cobertura ha permitido hoy excavar algunos emplazamientos al quedar “sellados” bajo capas posteriores, como ocurrió con hallazgos en Agaete y Guía.

 

Con ese contexto, Barroso entró en el corazón de la conferencia: lo que está apareciendo ahora en Los Picachos. Detalló cómo, tras limpiar escombros y retirar capas modernas, el equipo ha podido localizar elementos decisivos para interpretar el ingenio como industria y no como ruina “misteriosa”. En especial, explicó el hallazgo de los encajes donde se apoyaba la gran viga que sostenía el eje de la noria: dos huecos tallados en muros que permiten estimar dimensiones y posicionar la rueda con más precisión. También describió los trabajos dentro del antiguo estanque —que en realidad reutilizó el espacio de la noria en siglos posteriores—, donde al levantar un mortero moderno apareció relleno con abundante material del propio ingenio, aportando una lectura estratigráfica sobre el abandono y los usos posteriores del lugar. El objetivo inmediato, remarcó, es completar cortes y secciones que permitan entender la profundidad y forma de la garganta tallada parcialmente en roca, una de las zonas “más bonitas” y explicativas del conjunto.

 

En paralelo, la ponencia dedicó un bloque amplio a Las Longueras, donde, según explicó, durante años se dio por bueno un “ingenio” que en realidad correspondía a una construcción de principios del siglo XX. Las prospecciones y sondeos recientes han permitido reorientar la ubicación real del conjunto, situándolo probablemente delante de la ermita y vinculándolo a un hallazgo especialmente relevante: el molino harinero del ingenio, excavado en roca y “casi perdido” entre vegetación y sedimentos. Barroso relató cómo las lluvias y una zanja abierta para conducciones removieron el camino, dejando al descubierto miles de fragmentos de formas azucareras, lo que motivó intervenciones de urgencia y una recogida sistemática para evitar que el material siguiera siendo arrastrado barranco abajo.

 

Las formas azucareras —los moldes donde cristalizaba el azúcar— fueron precisamente otro hilo conductor de la tarde. Barroso explicó que aparecen a miles en los ingenios, porque al desmoldar se rompían con frecuencia. Señaló procedencias muy marcadas: muchas piezas llegan de Portugal (Aveiro) y de la zona del Guadalquivir (Sevilla), aunque subrayó una singularidad de Los Picachos: una proporción notable de formas fabricadas en Canarias, en torno al 17%, muy por encima de otros enclaves. También destacó la importancia de los sellos encontrados en algunas piezas: una variedad excepcional que despierta interés incluso en investigadores portugueses. Para Barroso, estos materiales no son “restos”: son la evidencia concreta de comercio, tecnología, logística y vida cotidiana, incluyendo cerámicas de mesa, reparaciones con lañados y hasta elementos del siglo XX que forman parte de la historia del lugar.

 

La conferencia cerró mirando al presente con un aviso y una oportunidad. Por un lado, Barroso insistió en que la investigación debe ir acompañada de consolidación: los registros con topografía, láser escáner y fotogrametría son una garantía, pero no sustituyen la restauración física si se quiere evitar nuevos desplomes. Por otro, situó el trabajo local dentro de un marco mayor: la candidatura transnacional que vincula ingenios canarios con enclaves de República Dominicana y que ya ha logrado un paso clave al entrar en la Lista Indicativa. Barroso recordó que la tecnología y los maestros del azúcar cruzaron el Atlántico desde Andalucía y Canarias hacia el Caribe, y defendió que entender Los Picachos y Las Longueras es también entender cómo Telde se conectó con el mundo en el siglo XVI.

 

Programa

El programa de las jornadas organizadas por Turcón arrancó este martes, a las 18.00 horas,  con el acto inaugural a cargo de la presidenta de Turcón, Consuelo Jorges, acompañada por representantes del Gobierno de Canarias, Cabildo de Gran Canaria y del Ayuntamiento de Telde.

 

El plato fuerte de esta primera sesión fue la comentada exposición de los resultados de la segunda campaña de investigación arqueológica en Los Picachos y de los primeros sondeos en Las Longueras, a cargo del director de Arqueocanarias, Valentín Barroso.

 

Al término de su disertación, Darío Solano, coordinador de RedAFROs y miembro del Consejo Nacional de Cultura de República Dominicana, pronunció la conferencia La huella del azúcar en América, en la que se analizó la expansión y la huella de la industria azucarera en el continente americano. La jornada concluyó con la intervención del técnico perteneciente al Área de Patrimonio Mundial del Ministerio de Cultura de España, José María Lanzarote Guiral.

 

Este miércoles, día 11, la programación se trasladará al ámbito del sureste de la isla. El investigador Paulino Santana Reyes presentará a las 18.00 horas un documental dedicado a la revalorización del patrimonio en Agüimes e Ingenio, mostrando cómo la cultura del azúcar ha moldeado la identidad histórica y social de estos municipios.

 

Como broche final, a las 19.00 horas, se rendirá un emotivo homenaje póstumo a quien fuera cronista oficial e hijo predilecto de la Villa de Ingenio, Rafael Sánchez Valerón Feluco.

 

Galería de fotos de las V Jornadas sobre Ingenios Azucareros

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