
Con mi reconocimiento personal a la Hermana Pino Delgado y a todas las demás Hermanas Teresianas del Mundo
Con verdadero júbilo celebramos el 150 aniversario de la creación de la Compañía de Santa Teresa de Jesús, los 100 años de la llegada de las Hermanas Teresianas a Gran Canaria y la fundación de su Colegio de Santa Teresa de Jesús, en nuestra capital. Primero en el Barrio de Triana y algo después, en Vegueta, junto a la Catedral de Santa Ana. Algunos años más tarde, concretamente en 1952, se abrirán las puertas de un nuevo y espléndido colegio, ésta vez situado en el centro mismo de Ciudad Jardín. También será motivo de alegría los 46 de la edificación y posterior apertura de la Guardería-Colegio Enrique de Ossó de las Medianías de Telde. Junto a otras obras teresianas jalonan la vida de decenas y decenas de mujeres valientes henchidas del verdadero Espíritu de Cristo Resucitado.![[Img #1057930]](https://teldeactualidad.com/upload/images/02_2026/4944_3145_cronista-oficial-c7.jpg)
Al finalizar una larga marcha a Washington bajo el lema Por el Trabajo y la Libertad, el 28 de agosto de 1963, el Dr. Martin Luther King, Jr. comenzó su memorable discurso con aquella célebre frase I have a dreams (Yo tengo un sueño).
Si hay algo por ahora escasamente explorado, junto a las profundidades marinas y al resto del Universo, es la mente humana; solo tímidos acercamientos, que nos llenan de más y más interrogantes, hemos sido capaces de realizar en los últimos milenios.
Ya señaló el clásico que la vida, al fin y al cabo, sueños son; y como soñar nos parece gratuito, todos nos pasamos más de media vida soñando que soñamos.
Los soñadores son, a mi parecer, los máximos responsables de los grandes avances de la Historia. Uno de ellos fue, sin duda alguna, Enrique de Ossó y Cervelló (Vinebre, Diócesis de Tortosa, Provincia de Tarragona, 16 de octubre de 1840 -Monasterio de Las Palmas- Gilet, Valencia, 27 de enero de 1896).
El padre fundador de las Hermanas de la Compañía de Santa Teresa de Jesús, henchido de amor y filosofía ignaciana y teresiana, casi por igual, soñó y vio realizado un buen número de proyectos, pero no éste que nos ocupa: El nacimiento de uno de sus colegios junto a un convento de clausura femenina de la Orden del Carmelo Descalzo, no muy lejos de otro de Carmelitas, en este caso varones (Actualmente ambas comunidades quedaron extintas hace ya unos años). Ora et labora: Retiro, oración, acción … Todo en un mismo paquete y Telde, nuestra ciudad y municipio, testigo parlante de aquella realidad palpable, que no por añorada, olvidada.
Como ya se ha reseñado, en noviembre de 1993, el número seis de la por entonces Guía Comercial de la Ciudad de Telde, nuestra urbe, siempre ha estado bajo el influjo de las fundaciones religiosas, desde que el 7 de noviembre de 1351, una bula papal dada en Aviñón creara el Principado de la Fortuna y diera pie a la fundación de una nueva ciudad, que además sería sede del Primer Obispado de las Islas Canarias; pasando por otra fecha igualmente importante, 10 de mayo de 1610, cuando Fray Juan Felipe comienza a edificar el Convento de la Caridad de Telde, también llamado de Santa María de La Antigua o San Francisco.
Ya en el siglo XX, gracias al mecenazgo de don Santiago de Ascanio y Montemayor y de su distinguida esposa doña Rafaela Manrique de Lara y de la Rocha, llegaron a Telde, en septiembre de 1948, las primeras Salesianas, Miembros de Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, fundadas por San Juan Bosco, que prontamente, inaugurarían su Colegio de la calle Ruiz del Barrio de Los Llanos de San Gregorio. Desde dónde y hasta ahora, se han destacado como grandes conocedoras del alma de los teldenses, educadoras infatigables y auténticas luchadoras por la justicia social.
Asimismo, las Carmelitas Descalzas parten un buen día de tierras de Castilla la Vieja para establecerse en Canarias y, lo hacen de forma definitiva en Telde, el 22 de abril de 1974, tras un breve periodo, en el hoy Convento Benedictino de La Atalaya de Santa Brígida.
Hoy, lamentablemente, ya no están en el bellísimo convento, que con tanto trabajo erigieron en las labriegas tierras de nuestras Medianías teldenses. La falta de vocaciones y la ancianidad imperante en la comunidad hizo inaplazable el traslado de las Madres a conventos peninsulares. Desde el 23 de septiembre de 2024 el Convento de San José acogió entre sus paredes a una nueva comunidad religiosa, Las Hermanas de Claraval.
A solo un tiro de piedra del Convento de Clausura de la Santísima Trinidad de San José, del anteriormente mentado Barrio de las medianías, se encuentra la Guardería-Colegio Enrique de Ossó. Este centro modélico está dedicado a la enseñanza de niños y jóvenes hasta los 14 años. Regentado de forma altruista por las benefactoras Hermanas de La Compañía de Santa Teresa de Jesús, instituto femenino fundado a finales del siglo XIX, por San Enrique de Ossó y Cervelló en su Cataluña natal, como hemos dicho anteriormente. Deseaba este apóstol de la pedagogía cristiana, alma sublime de perfecta entrega a los hombres y a Dios, crear los colegios en donde se formaran jóvenes según el Espíritu Evangélico y la fortaleza espiritual de la Santa de Ávila.
Estas máximas, que se estaban consiguiendo desde hacía muchos años en otras localidades de los más diversos continentes, comenzaría a dar cuantiosos frutos en Telde, desde 1980. Repasemos, brevemente, el génesis de esta loable empresa, pero para ello remontémonos años atrás y situémonos en la capital grancanaria.
En el año 1975 se consolida, de manera definitiva, la Asociación de Antiguas Alumnas del Colegio Teresiano de Las Palmas de Gran Canaria: Dicha asociación estaba llena de vida y tiene una gran inquietud apostólica, dice por entonces la Reverenda Madre María Guadalupe Aliseda Vázquez, señalando también que sus alumnas ven la necesidad de crear una obra social que sea vínculo de Unión, meta y fin de su trabajo y aportaciones económicas. Surge así la idea de crear una guardería infantil en dicha ciudad. Después de varias reuniones con el señor alcalde de Las Palmas de Gran Canaria don Fernando Ortiz Wiot, se inician las conversaciones con la, por entonces concejala, doña Angustias Moreno. En 1977, el Consistorio capitalino concluye una guardería situada entre los barrios de Tres Palmas y Pedro Hidalgo, y es entregada a las Antiguas Alumnas del Colegio Teresiano. Al poco tiempo, todas las ilusiones se desvanecieron, el edificio que alberga el centro infantil fue asaltado varias veces y la labor de acogida se hacía, cuanto menos, imposible. La Reverenda Madre General María del Carmen Cabellos, ve que no es oportuno quedarse con la obra apostólica. Es por entonces, cuando de forma providencial, don Carlos Ross Amador, padre de dos alumnas y esposo de doña Leonor Valcárcel, antigua alumna del colegio Goya de Madrid, se pone en contacto con la Madre Guadalupe Aliseda. El motivo no es otro que el deseo propio y el de su esposa de crear una Obra Social en un barrio, destinada a formar preferentemente, a hijos de obreros; asimismo quieren que sean las Carmelitas de la Caridad, quienes lleven a cabo tal altruista labor. La Madre Guadalupe Aliseda Vázquez, al ver que nada se opone al espíritu teresiano, sino todo lo contrario, traslada dicha inquietud a la Madre General, que casualmente está por esas fechas en Gran Canaria, haciendo una escala técnica en uno de sus viajes al Continente Americano. Escribe la Madre Aliseda: La Madre General acoge la idea con entusiasmo, iba a visitar los terrenos de esa zona acompañada por mí y por don Carlos Ross. Le gusta el barrio y sus características y da permiso para la Fundación que llevará el nombre, dice ella misma, de Guardería Enrique de Ossó, porque espera que esté terminada para el año de la beatificación de nuestro Padre.
En marzo de 1978, viene a Gran Canaria la Madre Provincial María Natividad Ferrer para efectuar la adquisición de los terrenos, éstos se adquieren por una cantidad casi testimonial a don Francisco Monzón Vega, casado con doña Dolores Blanco Jardín, ambos padres de antiguas alumnas del Colegio de Las Palmas de Gran Canaria (Delia y María Monserrat Monzón Blanco), matrimonio de profundísimas convicciones cristianas y vidas ejemplares, que en vida se granjearon el cariño de todos y tras su muerte, han dejado una estela imborrable en la memoria de todos los que tuvimos la gran suerte de conocerlos.
Hasta noviembre de 1979, no puede comenzar la construcción, esperando todos verla concluida para el día de Santa Teresa de Jesús del año siguiente (15 de octubre).
En junio de 1980, son las mismas religiosas del Colegio de Las Palmas de Gran Canaria quienes plantarán los primeros árboles en una tierra por entonces yerma, hoy verdadero vergel.
Un grupo importante y bien avenido de antiguas alumnas del Colegio de Santa Teresa de Jesús de Ciudad Jardín, trabajará de forma infatigable y memorable, para hacer realidad los sueños de la guardería: Nena Limiñana, Macame Ortega, Fefi Angulo, Chicha Rivero, Chelo Molina, Pura Rodríguez, María Elena Arencibia Hernández y su hermana María Dolores, Ana Marta Flores, María Evita Martell, Pepa Hernández, Antonia María Hernández, Loli de Santa Ana Cáceres, Saro Valido Socorro, Chari López Díaz Casanova, Concha Guzmán, y Felisa Pérez, y Estrella de Armas, Enriqueta Montoliu , y Juana Teresa Santana González de Lara, Lita Hernández Sarmiento y Juana Teresa Correa. Un sinfín de meriendas, cenas, rifas bingos precedidos de recogida de muebles y demás objetos, entre los que se encontraban un buen número de libros, sirvió de primera dotación a la nueva fundación teresiana.
En septiembre de 1980, ya está concluida la obra; ahora todos los esfuerzos están encaminados a la limpieza y a vestir la casa, frenética labor en que toda la familia teresiana colabora sin desmayo. Marisol Correa es entonces, el alma del ropero como bien señala la Madre Guadalupe. El equipo de trabajo se fue completando con la participación desinteresada de Cati Jorge Juan, Leticia Sastre Cabrera, Gloria López Hernández, Mercedes Ley Bello, Estrella Pérez, Mari Conchi Gutiérrez y Marina Cruz y Aniví de Lara Domenech, entre otras. Eran momentos de penuria económica y sacrificios sobrehumanos; toda ayuda era poca, pues la realidad socioeconómica de las familias de los alumnos era de necesidad extrema, no solo en la parte pecuniaria, sino también en la cultural.
En la tarde-noche del ahora recordado 5 de octubre de 1980, se instalan en el colegio las madres: Guadalupe Aliseda Vázquez, Amalia Abia Abia y María Teresa Simó de la Calle; no pudo hacerlo ese día la madre Carmen Peña Carrizo por encontrarse fuera de la Isla. No hay puertas exteriores ni gas en la cocina ¡Ni el Señor en el Sagrario! Esto último era lo más doloroso para nuestras monjas, echando de menos la presencia física del Sagrario, contenedor de La Sagrada Hostia, Verdadero Cuerpo y Sangre del Cristo Crucificado y Resucitado.
El duro pero acogedor suelo sirve de asiento y mesa para la primera cena. Comienza la andadura con el alma llena de ilusiones y cuarenta niños procedentes de todos los barrios y pagos de Telde.
A esta vanguardia le seguirán otras hermanas tales como: María Teresa Gómez Álvarez, Aurora Martínez Martínez, Ana bella Álvarez Gómez, Esperanza Arencibia Santana, Rafaela Ramírez Pérez, María Dolores Pérez Triguero, María Antonia Gómez Cabrera, Rocío Orta Diáñez, Ascensión Martínez Luna, Carmen García Álvarez, Mercedes Rodríguez Navarro, Emilia Martín Endrinal, María Luisa Sancho Soriano, Mercedes Gómez Palacios, María Dolores Duque Martín de Oliva, Concepción Sánchez Aguilera, María Antonia Rodríguez Rodríguez, Yolanda oliva Martín, Belarmina López Toral, María Isabel Sarmiento Falcón, Isabel Otero, Jacinta García Álvarez, Esperanza Díaz, Rosalía del Álamo y del Álamo, Jacinta Jorge Herrera, Perpetua Hernández Aparicio, Beatriz Sánchez López, Carmen Pérez Hidalgo y Paz Labrador Merino, etc.
A este verdadero Ejército de mujeres seguidoras de Teresa de Jesús y Enrique de Ossó lo motivaría el crear mujeres y hombres honestos y cabales bajo el sello indeleble del Humanismo Cristiano; Para ello contaron con diferentes directoras-superioras: Guadalupe Aliseda Vázquez, ejerciendo como tal desde el 6 de septiembre de 1982 al 10 de septiembre de 1988; Carmen Guzmán Laine, quien guió la comunidad y el colegio desde el 15 de enero de 1988 al 2 de agosto de 1990; a esta la siguió María de Los Ángeles García Montero de gratísima memoria, que a pesar de su juventud dejó un pozo de experiencia y buen hacer. La anteriormente mentada Carmen Guzmán era Gran Canaria como Ana María Aguilar Morales, ésta última nieta del inmortal cantor del Sonoro Atlántico, el poeta Tomás Morales, Ana María llevó los destinos del Colegio de sus hermanas desde el 13 de agosto de 1992 al 9 de enero de 2000, aunque mucho antes ya ejercía de facto como superiora-directora; a su generosidad extrema se debe la existencia, en la Capilla de la Comunidad, de un paño blanco, esmeradamente cuidado, que sirvió como rostrillo para cubrir la faz inerte del Poeta de Moya, destinado a velar El Copón de la Reserva Eucarística. Desde el 5 de enero del 2000, fue Directora de nuestra institución escolar Isabel del Valle Rodríguez, quien llegó a Telde tras un periplo americano.
No obstante, debemos reseñar que en los dos primeros años de vida de nuestra comunidad teresiana teldense, ésta dependió para su gobierno de la Casa Matriz de Las Palmas de Gran Canaria, siendo por entonces superiora-directora de la misma, la hermana Ana María Aguilar Morales, aunque de facto, Guadalupe Aliseda, actuaba como delegada suya.
Especial relevancia tuvo el periodo directivo ocupado por la Madre María Ángeles García Montero, quien con su buen hacer fortaleció la ya de por sí excelentes relaciones, entre la Comunidad Religiosa Teresiana y las familias de los alumnos.
Al querer adaptar el gobierno del colegio a las nuevas directrices gubernativas, la Compañía nombró como directora en agosto de 1998, a la Hermana Encarnación Jiménez Delgado, quien ocupará dicho cargo hasta el 10 de agosto de 2000. La Hermana Raquel Navarro Mendiluce (Actual presidenta del Patronato de la Fundación Escuela Teresiana) sustituirá a la anterior, haciendo su ingreso en la comunidad educativa teldense el 5 de agosto de 2000 y permaneciendo en ella hasta el 13 de agosto de 2003. El 1 de septiembre de ese año, algo cambia en la Guardería-Colegio Enrique de Ossó: una seglar educada y formada por la compañía, toma las riendas del colegio, se trata de la profesora Dña. María Victoria Duque Navarro. Esta gran profesional de la docencia dirigió con gran mérito los destinos temporales del colegio de la que ya era profesora hacía varios lustros. Aunque de facto la dirección del Centro, contaba con la supervisión de la Hermana Isabel de Valle, en un primer momento y, con posterioridad la Hermana Isabel Robles. Al terminar su dilatado periodo directivo, éste recayó sobre la Hermana María de Los Ángeles Moraleda. No podemos olvidar a la Hermana María Eugenia (Mauge) Aranda, a quien no tuve el gusto de conocer, pero por referencias de padres y alumnos, fue una gran directora. Amiga de todos, pequeños y grandes, su cercanía permitió que el espíritu familiar de nuestro centro siguiera adelante. Actualmente, rige la dirección Dña. Zenaida Suárez, antigua alumna del Centro.
Desde casi el principio, las hermanas teresianas contaron con la complicidad y apoyo de varios profesores seglares: Ana Zarzo y Soledad García Palenzuela, y Luis Ramírez Ramírez , Josefa Luisa (Pelusa) Martínez Rodríguez, Fefi Santana Hernández, Nina Santana Hernández, Paola Sánchez Jiménez, Jerónimo Cabrera Pérez, Gustavo Barrera Santana, Lucía Plans Boix, Denia Santana, Zenaida Suárez, Marta Suárez, Javier Carretero, José Ángel Quintana, Elizabeth Díaz, Carolina Gallego, Raquel Ferrer, Elena Marrero, Araceli Boza Hernández, Juan Carlos Espina Sánchez, y Cristina Carrasco Araya, y Berta Hernández de la Cova, Aracelis Boza Hernández, etc. Todos ellos merecen nuestro más sentido agradecimiento, ya que se han dado en alma y cuerpo a los cientos de alumnos que han pasado por sus aulas. Jamás fueron simples asalariados. Sus maestrías fueron vocacionales, yendo mucho más allá que el mero cumplimiento de su deber.
La administración ha sido llevada por diferentes personas a lo largo de estos cinco lustros. Ésta importante labor ha correspondido, entre otras personas, a la Hermana María Concepción Peláez Sanz.
Aquí queda hecha la promesa de dedicar un segundo artículo en donde quedarán consignadas una a una todas las Hermanas Teresianas que han laborado con espíritu de entrega generosa a los demás y renuncia a sí mismas, en las medianías de Telde. Ellas mismas no solamente ciñeron su actividad a lo meramente académico, sino que sirvieron de excelentes guías espirituales, tanto para profesores, alumnos, madres y padres de familias. En el ejemplo de vida que nos ofrecían cotidianamente, veíamos el arrojo temperamental y la dulzura maternal de Santa Teresa de Jesús. Nuestras Teresianas como las del Mundo entero no tenían descanso a la hora de anunciar el Evangelio y a semejanza de abejas en un colmenar, sólo descansaban unas breves horas por la noche. De lunes a viernes, desde bien temprano y hasta más allá de la caída del Sol, agotaban el tiempo en múltiples labores tanto académicas, administrativas como de mantenimiento. Siguiendo al pie de la letra aquella célebre sentencia de Santa Teresa de Jesús: Entended que, si es en la cocina, entre los pucheros anda El Señor, eran meticulosas en todos sus quehaceres diarios. Sólo echar un vistazo a los recibidores, galerías, aulas y patios del colegio, saltaba a la vista la estética teresiana, en donde se combinaban perfectamente, orden, limpieza y naturaleza.
A todos ellos debemos añadir el personal no docente, formado por el matrimonio de Francisco Rodríguez y Josefa Moreno, Cira Rosario González, Rosa Betancor Beltrán, Emilia López López, María Ángeles Herrera, María Santana, Loli Acosta, y Nélida Moreno, etc. Sin olvidarnos del guardián de tarde-noche el célebre Gregorito Navarro, que fue todo un referente de entrega y amor.
Nuestro ejemplar Centro de Enseñanza, mucho antes de ser concertado, nació y creció como privado. Así lo idearon sus fundadores, tanto los laicos como las religiosas de vida consagrada. Nadie quería interferencias políticas que desvirtuaran la clara y transparente acción católica reflejada en cada acto, llevado a cabo, en sus patios, jardines-huertas y como no, sobre todo, en las aulas, la biblioteca, el salón de actos, y por supuesto en las capillas.
La Guardería-Colegio Enrique de Ossó fue concebido en dos grandes edificios: Primeramente uno para servir de aulas de guardería, cocina, despensa-almacén, portería, despacho de dirección, recibidor-sala de visitas, sala de reuniones, habitación para la fotocopiadora, etc. Y, años más tarde, otro de mayor tamaño, en donde se distribuían las clases de EGB, la biblioteca, el salón de actos, la capilla para uso general del alumnado, el laboratorio y el English House. Se vivía un genuino espíritu evangélico que rezumaba por todos los rincones de la casa.
La ratio por aula era impuesta por las necesidades de acoger al mayor numero de alumnos posibles. Así la guardería y, no pocas veces también el colegio, llegaron a tener hasta cincuenta y tres alumnos por aula. Hoy en día, además de ilegal, podría parecer anti pedagógico, pero como testigo que fuimos de esos tiempos pasados, podemos afirmar, que ningún alumno se quedó atrás, pues tanto los profesores seglares como las hermanas teresianas daban todo de sí, sin escatimar tiempo y entrega. Ni decir tiene, que los éxitos académicos alcanzados fueron, cuanto menos excelentes, y éstos se acompañaron de otros tantos en urbanidad.
Nuestra Guardería-Colegio ofrecía de lunes a viernes tres comidas diarias: Desayuno, almuerzo y merienda. Todo se hacía en la cocina del propio centro, cuya despensa siempre bien abastecida, era el orgullo de la dirección. Ésta óptima situación fue una realidad constatable gracias a la Madre Amalia Abia Abia, quién mantuvo siempre excelentes relaciones sociales con los distintos comerciantes y casas exportadoras de Las Palmas de Gran Canaria y Telde. Sus buenos oficios la hacían imprescindible a la hora de traer los alimentos más variados, siempre donados altruistamente por aquellos.
Por aquel entonces como ya hemos mencionado, el Colegio-Guardería era totalmente privado. Los padres pagaban la cuota mensual, según su situación económica, comprobada a través de las declaraciones de Hacienda. Hasta el sesenta por ciento del alumnado era atendido en todas sus necesidades de forma totalmente gratuita, incluyéndose allí las diferentes actividades extraescolares, entre las que destacamos: Clases de ballet, pulso y púa, lucha canaria, etc; en estos últimos casos quien podía pagar lo hacía a través de pequeñas cantidades. Así era el espíritu que nos animaba, reflejo fiel de las enseñanzas del Padre Enrique.
Destacado papel ha tenido como guía espiritual del Centro el Reverendo Padre don Juan Ramírez Valido de gratísima memoria, quien siempre fiel al espíritu del fundador, ha sido capellán de esta comunidad educativa y también del cercano Convento de Las Carmelitas Descalzas.
Como todo colegio que se precie, tiene desde hace ya varios años, una Asociación de Madres y Padres de Alumnos. En su comienzos fue avalada por las experiencias de don Pedro Hidalgo, don Alfonso Zapata Zapata y don José María Marrero Portugués, todos ellos experimentados miembros del AMPA del colegio teresiano de Las Palmas de Gran Canaria.
Hasta la actualidad y según consta en los libros de actas encontrados, han sido presidentes: Antonio María González Padrón, Dña. Lidia Monzón Santana, D. Germán Santana Peñate, D. Miguel Florido, D. Alfredo Díaz, Dña. Ana Belén Hernández y D. Yeray Ramírez Sánchez. Pudiera ser que, entre los documentos perdidos o no encontrados, aparecieran otro u otros presidentes. De antemano pedimos disculpas si no lo hemos o los hemos consignado o consignados aquí. Destacadísimo lugar de esta historia teresiana, ocupa quien fuera por muchos años secretaria de nuestro AMPA, doña Milagrosa (Mila) Ramírez Henríquez. Las madres y padres del Colegio se esmeraban sobremanera en el cuidado del mismo, así durante las vacaciones de Navidad, Semana Santa o Verano se formaban grupos para realizar profundas limpiezas generales y atender debidamente los espacios ajardinados. Los huertos escolares eran atendidos por profesores y alumnos, algunos padres experimentados en labores agrícolas, no sólo daban consejos, sino que de forma activa trabajaban por mejorar el rendimiento de los mismos. Las salidas o excursiones pedagógico-didácticas por los campos de los alrededores (Medianías, Lomo Guinea, Lomo y Cuevas de Catela, Barranco de Silva, Barranco Madrid, Barranco de Los Cernícalos, Barranco de La Rocha, Lomo Salas, La Piconera de Rosiana, Cuatro Puertas y otros muchos lugares, en donde se experimentaba con un conocimiento exacto de la geología, climatología, flora, fauna y arqueología. Sin olvidar el trato humano con las distintas familias campesinas de aquellos lares y de forma muy especial con nuestro muy querido Gregorito, que con su peculiar forma de hablar y su profundo conocimiento del medio, traducido en rotundas sentencias y refranes, hacía las delicias de jóvenes y adultos.
Entre las múltiples y variadas actividades complementarias a las académicas, donde participaban nuestra gran familia teresiana teldense, se encontraban las célebres verbenas por el día de Santa Teresa de Jesús o de San Enrique de Ossó. La venta de boletos para las rifas, éstas servían para varios fines, entre los que se encontraban el sufragar gastos generales, comprar fotocopiadora, impresora, ordenadores, aspiradoras, freidoras, etc... También para cubrir, en parte, los viajes de fin de curso de los alumnos de octavo de EGB, que dejaban definitivamente las aulas, aunque muchos de ellos seguirían unidos a nuestra Comunidad Educativa, a través del M.T.A. (Movimiento Teresiano de Apostolado) que tanto bien ha hecho a sus numerosos miembros.
Capítulo aparte a destacar son las celebérrimas Olimpiadas Escolares, celebradas anualmente, primeramente en el propio colegio y algo más tarde fuera de él. Con verdadera expectación los padres, alumnos, comunidad religiosa y profesores, esperábamos ansiosos junto al pebetero situado en el patio grande del colegio, la llegada de la antorcha olímpica que seria portada hasta allí por diferentes alumnos en orden riguroso de relevo. Jamás se fomentó la competitividad, en cambio se trabajó muchísimo en pro de la superación personal.
Las misas dominicales en la cercana capilla de las Carmelitas Descalzas, otras en fechas festivas al aire libre en el patio de la Guardería. Los Víacrucis, las Primeras Comuniones y los Nacimientos Vivientes hacían vibrar nuestros corazones, henchidos de sano orgullo de ser miembros de una comunidad creyente tan fiel a las enseñanzas y tradiciones de la Iglesia Católica.
No pocas veces fui testigo de cómo nuestros queridos alumnos se quejaban amargamente ante la Madre Ana María Aguilar Morales de sus impotencias, a la hora de contestar a los empujones y demás trampas, que alumnos de otros colegios les propinaban, en los diferentes campeonatos municipales. Asimismo la educación recibida no les permitía decir tacos o palabrotas, que por el contrario recibían a bocajarro, desde los competidores. Nuestras chicas y chicos eran así de ejemplares, espero y deseo que lo sigan siendo.
Hoy, casi cuarenta y seis años después, son cerca de 500 niños los que gritan cotidianamente y a plena voz ¡Todo por Jesús, Sólo Dios basta!
A este sueño del que aún no hemos despertado, le deseamos de todo corazón que se siga desarrollando en el tiempo lo más fiel posible al Espíritu Cristiano de Justicia Social con que fue concebido.
Gran Canaria y Telde necesitan de la labor de las Hijas de Teresa de Jesús y Enrique de Ossó, pues hoy más que nunca, ante una sociedad inconstante en valores, mutable en virtudes y mezquina en acciones solidarias, solo el ejemplo cotidiano de la coherencia ideológica puede alumbrar el camino de las nuevas generaciones. A todos los que, de una manera u otra, hemos formado o formamos parte de esta Comunidad Educativa, nos debe servir de ejemplo perenne la vida y obra de sus tres fundadoras, quienes inmolaron sus mejores años en pro de todos nosotros. Guadalupe, Amalia y Teresa son mucho más que tres nombres en la memoria, son bellas páginas de verdadero Evangelio y baluartes inexpugnables de la Fe en Cristo Resucitado, liberadoras de cuerpos y almas, hacedoras de mujeres y hombres de una sola pieza con sello de autenticidad.
Desde aquí felicitamos a todos y cada uno de los miembros de la Comunidad Educativa del Colegio-Guardería Enrique de Ossó, a la que hemos contribuido a formar con más amor que acierto.
Antonio María González Padrón es licenciado en Historia del Arte y cronista oficial de Telde.









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