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Lunes, 02 de Febrero de 2026

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Desde la acera de enrente

“Pobre, tu problema es otro pobre”

Reflexión de Gregorio Viera Vega, exconcejal socialista

GREGORIO VIERA VEGA Domingo, 01 de Febrero de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Domingo, 01 de Febrero de 2026 a las 17:24:37 horas

La expresión “Pobre, tu problema es otro pobre” no se limita a ser una simple frase; constituye una sentencia que configura una perspectiva particular sobre la realidad social.  Esta perspectiva transforma la desigualdad en un juego de espejos rotos, donde la mirada se dirige hacia abajo, entre individuos en situaciones de vulnerabilidad, en lugar de hacia arriba, hacia las estructuras que perpetúan dicha desigualdad.  Su reciente proliferación en redes sociales, especialmente en el contexto de partidos políticos con ideologías xenófobas, racistas y aporofóbica (miedo al pobre), se presenta como una explicación rápida y, en ocasiones, cómoda de los conflictos sociales.  

 

Si un individuo experimenta dificultades económicas, escasez o precariedad, la causa se atribuye no a las reglas inherentes al sistema, sino a la supuesta competencia de otro individuo igualmente vulnerable.  De este modo, el problema se externaliza, desplazándose de las estructuras sistémicas hacia la interacción entre individuos en situación de pobreza. Esta lógica subyacente no es inocente.  Opera como una trampa discursiva que enfrenta a individuos que comparten las mismas carencias, mientras preserva intactas las estructuras que las generan.  

 

Divide, fragmenta y convierte la solidaridad en sospecha.  Afirmar que el problema de un individuo en situación de pobreza reside en otro individuo en situación similar implica aceptar la administración de la miseria entre los más vulnerables.  Conlleva asumir que la competencia se reduce a migajas y que nadie tiene derecho a cuestionar la distribución de los recursos.  Es posible que el verdadero problema no resida en otro individuo en situación de pobreza, sino en la naturalización de un lenguaje que nos inculca la desconfianza hacia el prójimo antes que la crítica hacia las estructuras de poder.

 

Mientras persista la repetición de esta frase sin un análisis crítico, continuará operando según su diseño original:  para que los individuos en situación de pobreza se perciban mutuamente como rivales y no como aliados.  Si bien puede parecer una descripción fiel de la realidad, en realidad representa una renuncia ética a la reflexión sobre cómo debería ser la sociedad.  Desde una perspectiva moral, esta expresión no solo explica una situación, sino que la justifica.  Al señalar al otro individuo en situación de pobreza como el problema, se le niega su condición de igual, de semejante, de sujeto digno de consideración.  

 

Se lo reduce a una carga, a una amenaza, a un obstáculo para el propio bienestar.  No existe reconocimiento del otro como un fin en sí mismo, sino como un medio o un estorbo.  El desplazamiento de la responsabilidad es un fenómeno evidente. Cuando se atribuye la causa de un problema a un individuo en situación de pobreza, se exime de responsabilidad a otros actores, incluyendo las estructuras institucionales, las decisiones políticas y la distribución desigual de oportunidades.  Este enfoque excluye el juicio moral de estos factores, convirtiendo la injusticia en un paisaje aceptado y moralizando el conflicto hacia abajo, castigando a quienes poseen menor capacidad de defensa. 

 

Esta perspectiva no solo deteriora las condiciones materiales, sino que también empobrece la ética pública.  Cuando se acepta que el sufrimiento de un individuo se debe a la presencia de otro igualmente vulnerable, la empatía se percibe como ingenuidad y la solidaridad se convierte en una estrategia cuestionable. Una ética que justifica la exclusión del prójimo no es neutral; adopta una postura, invariablemente en contra de quienes ya se encuentran en una posición de desventaja.  

 

Afirmar que el problema de un individuo en situación de pobreza es otro individuo en la misma situación implica aceptar un mundo donde la dignidad es condicional y la responsabilidad moral se diluye en expresiones superficiales.  Quizás la verdadera cuestión ética no sea quién obstaculiza a quién, sino hasta qué punto estamos dispuestos a mantener un lenguaje que nos libera de la obligación de asumir el dolor ajeno...desde la acera de enfrente.

 

Gregorio Viera Vega fue concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Telde.

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