
El tiempo pasa volando y no nos damos cuenta. Con el arranque del curso tras las vacaciones de Navidad cerramos el trimestre más largo del año y nos adentramos en otro que ya se intuye marcado por el Carnaval. El calendario escolar se organiza en torno a metas: Navidad, Carnaval, Semana Santa, Verano. El ser humano necesita objetivos, hitos que le permitan orientarse y soportar el esfuerzo cotidiano. Sin embargo, esta necesidad tiene un peligro, ya que vivimos constantemente proyectados hacia el futuro y olvidamos vivir el presente.
Vivimos esperando. Esperamos las vacaciones, el fin de semana, el próximo trimestre, el siguiente puente, la jubilación, la lotería, el próximo logro. Y mientras tanto, el hoy se nos escapa entre las manos. Séneca en su ensayo De Brevitate Vitae escrito hacia el año 49 d.C. y dirigido a su suegro Paulino, afirma que “No es que tengamos poco tiempo para vivir, sino que desperdiciamos mucho”. Perdemos la oportunidad de vivir con plenitud lo que sucede aquí y ahora, de atender a lo que somos y a quienes tenemos cerca. Nos preocupamos tanto por lo que vendrá después que dejamos de mirar lo que está ocurriendo delante de nosotros.
El filósofo Martin Heidegger señalaba que “el tiempo es irreversible”, no hay vuelta atrás. Esta desconexión del presente tiene consecuencias profundas. No somos plenamente conscientes de los problemas, las inquietudes o el sufrimiento de las personas que nos rodean, porque nuestra atención está eclipsada por el mañana. Vivimos más en el futuro que en el presente, más en el mañana que en la realidad.
Esta misma lógica se reproduce en la política. Muchos dirigentes parecen más preocupados por mantener su escaño en las próximas elecciones que por resolver los problemas reales de los ciudadanos. El futuro no es el bien común inmediato, sino la permanencia en el poder, “cuatro años más en el sillón”. Así, el presente se sacrifica en favor de una promesa futura que rara vez se cumple. Hannah Arendt ya alertaba del peligro de una política desconectada de la responsabilidad presente, en la que la acción deja de responder a las necesidades reales de la sociedad.
Me gustaría destacar en esta línea a Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares al que pertenecí durante muchos años en mi juventud, que nos decía que para amar a Dios y amar a los hermanos tenemos siempre y solo un momento, el actual. Vivir el presente es uno de los focos de este movimiento y eso lo llevo grabado a fuego. Poner todo el empeño en vivir bien el momento presente nos da a cada uno de nosotros una oportunidad de ser felices. Viviendo el presente es como podemos cumplir bien todos nuestros deberes. Viviendo el presente es como las cruces que se nos presentan cada día se hacen soportables.
Tal vez el verdadero reto, tanto en la escuela como en la vida y en la política, sea reaprender a estar y a vivir el presente. A vivir el hoy con conciencia, a mirar al otro, a escuchar, a actuar aquí y ahora. Tener objetivos es necesario, pero no a costa de perder el sentido del presente. Porque, al fin y al cabo, es en este instante, y no en el siguiente, donde realmente transcurre nuestra vida.
Esteban Gabriel Santana Cabrera es maestro de Primaria.


























javierbumo@hotmail.com | Domingo, 01 de Febrero de 2026 a las 18:42:28 horas
Estimado Esteban: me ha satisfecho sobremanera tu artículo ya que tocas un tema que es bien conocido por mi persona. Mi título sería: "Vivir hoy", tal vez más sencillo pero que lleva la misma carga 'didáctica' que la que tú has empleado en tu escrito. Yo me refiero al 'hoy' haciendo referencia a ese 'pasado, presente y futuro' del que tanto sabemos, ya que todos hemos vivido algunos años, seguramente 'peinamos canas' y tenemos ese pasado que nos embauca, el futuro, ese gran desconocido y el presente, el 'hoy', o como tú dices "la urgencia del ahora". Ese ahora es el que nos lleva a realizar las labores en las que tengamos nuestro empeño, de manera ágil, sencilla, sin prisas pero sin pausas, con optimismo, alegría y un don de la 'ubicuidad' que nos hace, en muchos momentos, como se diría en otros tiempos, 'bailar con la más fea', depende de lo que se trate. El ahora es muy importante y más en los tiempos que vivimos. Debemos saber estar en el sitio adecuado, en el momento justo y con la 'conciencia' más serena que la mar cuando halla la calma. Pero si nos adentramos en el mundo de la 'política', todo son problemas, pues no existe otro mundillo más 'enfangado' que el político. Cada cual quiere 'medrar' y alcanzar nuevas metas, sin ver o controlar que, a nuestro lado, siempre hay otro como nosotros que nos quiere 'tumbar' (y no por 'cadera' como en la lucha canaria) solo por poder. La demás gente, los ciudadanos tenemos otra manera de 'comportamiento' y no vamos dando empujones o dejando muy atrás el 'respeto'. Esteba te mando un saludo. Javier Burón.
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