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Viernes, 20 de Febrero de 2026

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Colaboración

Al fin, somos europeos

Reflexión de Antonio Santana, ciudadano de Telde

ANTONIO SANTANA RIVERO Viernes, 20 de Febrero de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Viernes, 20 de Febrero de 2026 a las 19:36:50 horas

El p.pdo. primero de Enero, España conmemoró el 40 aniversario de su incorporación a la Unión Europea, antiguo Mercado Común. Era el 01/01/1.986 cuando esto ocurría fruto de los acuerdos de Madrid del 12/06/1.985, firmados por el entonces Presidente del Gobierno Español,  Sr. Felipe Gonzalez y el Ministro de Asuntos Exteriores Sr. Fernando Morán. Ya, desde 1.977, se habían iniciado las negociaciones de solicitud de ingreso en la CEE con cierto apoyo popular en las llamadas clases progresistas.

 

A decir de quienes lo  promovían y defendían, todo iban ser ventajas y parabienes al pertenecer, de pleno derecho, a la Eurozona que, había sido fundada, allá por el año de  1.957  por seis países, (Bélgica, Francia, Alemania, Italia, Luxemburgo y Países Bajos), los llamados punteros, vanguardistas y progresistas por aquellas fechas.

 

España que, a pesar de los logros conseguidos dentro de sus fronteras, era la doceava economía mundial reconocida, pero que arrastraba el sambenito de haber salido de un régimen dictatorial y, junto a Portugal y Grecia, necesitaba venderse  ante el mundo libre y abrazar la llamada democracia.

 

Nadie hablo de que, había que pagar un peaje por la incorporación, se nos dijo que solo serían unos ajustes, muy fáciles de asimilar, y lo demás todo ventajas. Pero la realidad fue otra, con el devenir de los días, meses y años,  nuestra economía/productiva, nuestro comportamiento socio/político y nuestra capacidad de endeudamiento, si han tenido que modificarse y adaptarse a los nuevos reglamentos y normas y mucho.

 

Cuando se solicitó la incorporación a la C.E., nuestro país, España, era una de las primeras potencias  mundiales en Producción de Acero y se decía de la mejor calidad  que, hubo que desmontar en beneficio de Alemania. Aquí, la Ciudad de Bilbao, su Ría, el Nervión, ganaron al menos en imagen, no es lo mismo tener como referencia a los Altos Hornos que cambiarlos por el Museo Guggenheim.

 

Este desmantelamiento arrastró a la boyante Industria de Astilleros Navales que, por aquellas fechas competía, a nivel  mundial,  con otras similares, tanto en tonelaje como en diseño y  construcción de los más variados  tipos de navíos.

 

Asimismo, la Explotación Minera del Carbón, se vio forzada a cerrar sus explotaciones, ya era más costoso el trasporte del mineral fuera de nuestras fronteras que, su extracción, independientemente de la cantinela de CO2, que ningún país industrializado la acepta y  respeta.
  


La Industria, en sus más diversas variedades, poco a poco, casi sin darnos cuenta, fue emigrando a otros países, con menos trabas burocráticas y obligaciones tributarias.

 

La saneada Industria Láctea del norte que, abastecía a toda la nación e incluso exportaba sus embazados y derivados, fue obligada a reducir su producción  y por ende, a  la cabaña bovina que fue sacrificada en parte,  en favor de los Países Bajos que no admitían competidores.


No menos traumáticos fueron los cupos que se le otorgaron a  la tradicional Industria Pesquera que, de tener seguros caladeros, tanto dentro, como fuera, de las aguas territoriales, por acuerdos comunitarios,  paulatinamente, los han ido perdiendo o les han sido reducidos y, hoy, dependen de cupos que, hacen que la flota esté amarrada o desmantelada y con un incierto futuro. 

 

Algo similar ocurrió con la Producción Vinícola, cepas centenarias fueron arrancadas o abandonadas por que, tanto Francia, como Italia, tenían una parcela de marcado que era intocable.

 

El Mercado Hortofrutícola que tradicionalmente había llenado las despensas del Continente con productos de calidad demostrada, entro en competencia con países terceros que, con menos exigencias de producción, acaparaban los mercados.

 

Ya poco espacio quedaba para nuestro país que, casi con calzador, había pedido su ingreso en C.E., este era el Turismo.

 

Se habló de la panacea que sería, para nuestro país que,  Europa y prácticamente todo el Mundo viniese a disfrutar de nuestras playas, nuestro sol, nuestra gastronomía, nuestra historia y nuestra tradicional hospitalidad. Y así ha sido, de lo que no se habló fue del alto coste que, para el pueblo, iba y tiene esta invasión masiva de personas que a diario nos visitan o se quedan. Se habla de que, el último año, nos visitaron más de noventa millones de personas.

 

De aquel turismo inglés o nórdico, educado y de alto poder adquisitivo, se pasó al turismo de masas, del todo incluido, del de barra libre, del  todo vale.

 

Por las autoridades competentes, se autorizó construir, desde  donde rompe la ola a la falda de la montaña y, en nuestro Puerto Rico, hasta en la misma montaña. Se entró en una incontenible orgía de construir, sin pensar en más allá de la próxima temporada y de llenar esas camas como fuera y a veces al precio que fuese. Aun hoy, con la experiencia de los años, seguimos desplazando a nuestros pueblos costeros o infraestructuras portuarias e industrias consolidadas, (puerto de Santa Águeda en  Arguineguín), para seguir en esa espiral, como si no hubiese un mañana. 

 

Y parece que,  no hemos aprendido nada o no hay alternativa, hoy por hoy, todo depende del monocultivo del turismo, todo está pensado de cara al turismo, aun a costa de nuestra idiosincrasia, de nuestra forma de vivir, de alimentarnos, de comportarnos, de ser nosotros mismos.

 

Estimado Lector, permítanme un pregunta, ¿Qué ha  aportado, el turismo, económicamente, al pueblo llano y sencillo.? Creo que, solo puestos de trabajo, en servicios, con remuneraciones más bien bajas. ¿En convivencia.? Inseguridad y bastante. ¿En moralidad y buenas costumbres.? La abolición de unos principios heredados de nuestros ancestros y que, hoy, se pisotean con nuevas costumbres y tendencias. Y como no,  vernos obligados a aceptar esas  vanguardistas normas  que, nos imponen día a día, en favor del que nos visita.

 

Quizás esté equivocado, puede que así sea, casi lo deseo, no por mí que, por los años vividos, ya estoy en la meta de mi  vida, pero pienso en mis Nietos y en tantos y tantos Jóvenes y Adolescentes a los que,  se les adoctrinan en un mundo irreal e invivible, en un mundo donde prevalece el sálvese quien pueda, en un mundo sin ideales, en un mundo ficticio, en  un mundo, según mi criterio, donde  hasta se está poniendo en peligro, con las nuevas tendencias, la propagación de la especie.

 

Puede que esté equivocado.         

 

Antonio Santana Rivero es ciudadano de Telde.

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