
Cada 30 de enero celebramos el Día Escolar de la No Violencia y la Paz, una fecha que nos invita a reflexionar en la escuela sobre los grandes conflictos del mundo, las guerras y la violencia que vemos a diario en los medios de comunicación. Sin embargo, quizá la paz no deba buscarse solo en lo lejano, sino empezar a construirse desde lo más cercano: desde casa, desde el centro educativo, desde lo cotidiano, desde las pequeñas cosas.
La paz no es únicamente la ausencia de guerra. La paz es diálogo, es escucha, es acompañamiento, es corrección desde el cariño y es guía cuando alguien se equivoca. En mi caso, esa paz comenzó en casa, en mi familia, compartiendo momentos sencillos pero muy significativos. Las reuniones familiares en torno a la cama de mi madre los fines de semana, cuando llegábamos de salir con los amigos. Allí se generaba un clima de diálogo, de consejo, de reflexión serena sobre nuestras acciones. Eran espacios donde se reconducían conductas, donde se hablaba desde el amor y la preocupación sincera. Probablemente, sin ese apoyo familiar, muchas decisiones y caminos no habrían sido los mismos.
Del mismo modo, el centro educativo debe ser un espacio privilegiado para la construcción de la paz. No solo a través de actividades puntuales, sino creando espacios reales de reflexión, donde el alumnado pueda hablar sobre la paz en el mundo, los conflictos armados, el sufrimiento de otras personas y, sobre todo, sobre los valores que hacen posible una convivencia justa y solidaria. Porque la violencia no surge de la nada, nace de la falta de valores, de la ausencia de respeto, empatía, compromiso y responsabilidad.
Recientemente, en una conversación con una persona, ella afirmaba que el clima de crispación y enfrentamiento que vivimos en la sociedad tiene su origen en los políticos. Yo le respondía que, más allá de la política, el problema está en una crisis de valores sociales. Cuando los valores se debilitan, los políticos son menos comprometidos, los profesionales ya no viven su vocación como antes, cuando el médico era médico siempre, también los fines de semana y en vacaciones, y el maestro sentía su labor como una responsabilidad que iba más allá del horario escolar.
Esta falta de valores también se refleja en lo cotidiano: en la ausencia de gestos sencillos de ayuda entre vecinos, en la falta de compromiso en el barrio o en nuestra comunidad de vecinos, en la indiferencia entre familias, en barrios donde cada uno vive encerrado en su propio mundo. Todo ello va construyendo una sociedad más individualista y egoísta, donde se piensa más en el “yo” que en el “nosotros”.
Por eso, en el Día Escolar de la No Violencia y la Paz, no deberíamos limitarnos a mirar la política exterior o los conflictos lejanos. Deberíamos preguntarnos: ¿Qué estoy haciendo yo por la paz?,¿Qué hago por la paz en mi familia, en mi centro educativo, en mi barrio?, ¿Promuevo el diálogo, la escucha, la ayuda, el respeto y la solidaridad?
La paz no empieza en los grandes discursos políticos, sino en los pequeños gestos diarios. Empieza cuando escuchamos, cuando acompañamos, cuando corregimos con cariño y cuando nos comprometemos con los demás. Solo así podremos construir una paz real, duradera y auténtica. Como decía la Madre Teresa de Calcuta, “Los pequeños gestos de cercanía y humanidad también construyen paz”.
Esteban Gabriel Santana Cabrera es maestro de Primaria.






























javierbumo@hotmail.com | Martes, 27 de Enero de 2026 a las 17:24:29 horas
Estimado Esteban, he despertado leyendo un artículo de una persona que merece mis mayores 'gratitudes'. "Las 'cosas pequeñas', son la esencia de la vida". Título parecido al tuyo aunque tú lo haces más extensivo al mencionar la 'paz' como antesala del mundo en el que vivimos. Por supuesto que la 'paz' es el don universal que nos encamina a una vida más 'serena', más llena de sentimientos, sin tantos 'lujos' que tan solo conducen a nuevas 'increpaciones' entre humanos. Hablas del 30 de enero en el cual se celebra el 'Día de la Paz', pues comparto contigo ese día en que "los hombres volverán a ser hermanos..." ('Himno a la alegría', Miguel Ríos, entresacado de la 9ª Sinfonía de Ludwig van Beethoven). Hagamos de esta, nuestra sociedad, el lugar donde vivir sin más meta que hacerlo en 'paz', donde las cosas pequeñas son el mejor 'aliciente' para esa convivencia que, parece nos cuesta tanto entender. Con sencillez y sin mayores preocupaciones que las 'habituales' en la vida de cualquier ciudadano o ser humano que vive en este mundo, la vida es el 'amor de los amores'... (“Amor de mis amores”). ¡Mucho más simple que cualquier canción melódica que nos hable de un amor que nunca será 'eterno' por nuestra imperfección al ser creados por Dios Padre! Javier Burón.
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