
Iván Rodríguez Macario (Valle de Jinámar, 19 de agosto de 1981) es archivero, digitalizador y gestor cultural. Desde 2017 dirige Margullía Cultura Digital, una firma que se mueve en la frontera entre el papel y el soporte electrónico, entre el patrimonio documental y su tránsito hacia entornos de preservación digital, con materiales audiovisuales, con repositorios que exigen orden descriptivo, metadatos que permiten localizar y contextualizar, protección de datos cuando entran fondos de carácter personal.
Rodríguez se formó en Historia y completó ese recorrido con un máster en Biblioteca y Patrimonio Documental, un encaje que hoy se traduce en encargos para instituciones insulares, municipales y regionales, con un flujo de trabajo que abarca conservación preventiva y criterios para soportes químicos y digitales.
Ese itinerario académico arranca en un aula distinta, con un plan de estudios distinto y con una idea empresarial previa. “Yo empecé primero estudiando Administración y Dirección de Empresas porque veía más salidas y tenía la expectativa de crear alguna empresa”. En ese punto aparece el peso del impulso lector, que Rodríguez presenta como una constante personal, anterior a cualquier programa universitario. “Siempre he sido una persona de leer mucho, siempre me gustó conocer historias”, explica, y sitúa el origen de ese gusto en un marco familiar que funciona como escuela de memoria. “Por la influencia de mis abuelos, que siempre nos contaban las historias familiares, surgió en mí el gusto por estudiar algo relacionado con los libros y con la historia”.
El cambio desde ADE hacia Historia lo cuenta como una de las alternativas que tenía en mente antes de tomar la decisión. “Dentro de todas las posibilidades estaba Literatura, y luego una cosa que sí que me gustaba por eso mismo era Historia Dejé la Administración y Dirección de Empresas y me dediqué a estudiar Historia". Lo hizo pese a las advertencias ajenas que le llegó de quienes no tenían mucha fe de trabajo en esos estudios.
Lo recuerda a la perfección: “Mucha gente me decía que no tenía salida”, recuerda, y remata con una explicación que vuelve al mismo punto de partida, el relato humano como centro de gravedad. “Era lo que me gustaba por eso mismo, por la influencia de mis abuelos y de conocer la historia, siempre me gustó conocer las historias de la gente”.
En su caso, la curiosidad por el pasado aparece asociada a objetos concretos y a imágenes que conservan una época con más eficacia que un resumen escolar. Iván Rodríguez enumera ese impulso temprano. “Desde pequeño me gustaba leer periódicos, documentos, cartas, ver fotografías y vídeos”. La universidad y el posgrado llegan después para añadir método y profundidad a esa inclinación inicial. “Eso se podía estudiar mejor y saber con más profundidad en un máster específico sobre patrimonio documental, sobre archivos, y todo lo que tiene que ver con las bibliotecas, con los libros, etc.”.
En ese conjunto de soportes, la fotografía ocupa un lugar privilegiado en su manera de comprender el pasado. Rodríguez define la imagen como instrumento de conocimiento histórico: “La fotografía es una herramienta fundamental para comprender la historia”. Y enseguida concreta por qué. “Tiene mucha importancia para saber cómo evolucionan las personas, el paisaje, las vestimentas, las costumbres, fiestas, acontecimientos políticos, históricos, y hay fotografías que lo han documentado, que lo han reflejado a lo largo de la historia”. Su argumento entra también en la vida cotidiana, porque una foto fija un instante y lo convierte en testimonio. “Cuando sacas una fotografía dejas un testimonio, un reflejo, un recuerdo de lo que estás viviendo ahora mismo, hace dos días o hace 20 años”.
La conversación deriva hacia el arte y hacia la vieja comparación entre pintura y fotografía, con la tentación de colocar una por encima de la otra. Rodríguez no compra esa jerarquía. “Con respecto a la pintura, es una forma también de arte”. Y delimita la autonomía de la pintura y la escultura. “El arte pictórico, la pintura, la escultura, es un medio autónomo y que tiene importancia por sí mismo”. A partir de ahí, su conclusión llega por una vía práctica, casi de oficio: “Yo creo que es otra forma diferente de expresarte”.
El retrato de su profesión se entiende mejor cuando Rodríguez describe el recorrido completo de un expediente, desde su nacimiento hasta su desaparición administrativa, con su tránsito por oficinas, administraciones y vidas particulares. Esa idea de ciclo total define su trabajo y el sentido de su empresa. “Nos encargamos de todo lo que tiene que ver con los documentos, desde el propio origen, de cómo nace un documento, una carta, un informe o un expediente, hasta cómo viven en las oficinas, en las administraciones o incluso en las personas individuales, de forma personal, hasta que esos documentos se extingan o mueren, tanto a nivel administrativo como en el uso cotidiano de las propias personas”. La frase encierra un alcance amplio, público y privado. “Gestionar los documentos o archivos públicos, también personales o de todo tipo”. Y cierra con el marco completo. “Trabajar sobre todo tipo de documentos en todas sus fases, en todos sus momentos”.
En ese recorrido aparecen tareas muy distintas, desde el control físico del material hasta el diseño de estrategias de preservación en entornos digitales. Aun así, Rodríguez rechaza la idea de fases degradadas o de trabajos indignos dentro del proceso. “Si te gusta esto, no hay ninguna fase aburrida, todos tienen su punto y su importancia”. En su caso, además, el trabajo se extiende a un campo más amplio que la pura custodia documental, con proyectos vinculados al sector cultural en sentido amplio. “Me dedico a temas de patrimonio documental y también a temas culturales, literarios, artes, exposiciones”. El hilo conductor, insiste, permanece en la lógica del conjunto. “Dentro de un conjunto todo tiene su importancia”.
La parte técnica empieza por lo básico: condiciones ambientales, control del fondo y materiales adecuados. Rodrguez lo formula desde la prevención, con un vocabulario que baja al detalle sin perder el mapa general. “Primero es una conservación preventiva”. La primera exigencia llega con el espacio. “Tienes que tener buenos lugares donde conservar esa documentación y tener controlado y saber lo que tienes”. Después aparece el soporte material, la calidad de las fundas, cajas, carpetas y sistemas de guarda. “A través de materiales de conservación propio para los diferentes tipos de documentos, tener buenos materiales”. Y a continuación, el entorno: “Buenas condiciones de humedad, buenas condiciones de limpieza, un buen tratamiento, saberlo manejar físicamente”. En ese mismo bloque introduce un factor que, para determinados fondos, multiplica el riesgo de degradación. “Que no le afecte la luz del sol”.
La fotografía vuelve en esta fase del relato con otro enfoque o nitidez, según se vea: ya no funciona como ventana histórica, funciona como soporte delicado, con química propia y exigencias específicas. “La fotografía requiere un tratamiento específico y técnico para saber conservarla, porque estamos hablando de elementos químicos, la fotografía tradicional”. El salto al entorno digital, a su juicio, no exime a los archivos de su mantenimiento. “Los medios digitales tienen su preservación digital y sus formas de conservarse”.
En su carrera han aparecido fondos de especial sensibilidad, tanto por antigüedad como por fragilidad. Enumera ejemplos con referencias temporales y tipologías claras. “Documentos activos, notariales, de siglo XV, XV-XVI, recientes de la conquista han sido los más”. Y añade la necesidad ocasional de intervención especializada. “A veces se necesitan opciones de restauración”. En su mapa del patrimonio, señala también la relevancia de los recursos arqueológicos, aun cuando su trabajo se centre en otra área y sitúa su especialización en el terreno documental: “Nosotros nos especializamos más bien en patrimonio documental de todo tipo”.
El origen de Margullía se entiende desde una motivación intelectual y social que Iván Rodríguez formula en términos de explicación, identidad y sentido. En lugar de hablar de mercado, habla de causas y de comprensión. “Explicar el porqué de las cosas y saber encajar esa preocupación por la realidad a través de la historia, o de la cultura. Explicar la realidad, explicar nuestra vida, tanto a lo largo del tiempo como actualmente”. En ese recorrido incorpora una dimensión identitaria, vinculada al archipiélago y a la sociedad como construcción histórica. “Cómo se definen culturalmente Canarias o una sociedad, incluso las propias personas individualmente”.
Esa vocación convive con una realidad económica áspera, habitual en el sector cultural, donde el trabajo depende de proyectos, de convocatorias, de licitaciones y de encargos que alternan intensidad y pausa. Rodríguez llo describe con un lenguaje directo, casi de contabilidad vital. “Tiene que haber mucha constancia y saber moverse las esferas culturales, crear proyectos interesantes y que sean atractivos tanto para las instituciones como para las personas, la sociedad”.
La dificultad principal aparece en una frase que cualquier autónomo reconoce. “Lo más difícil es subsistir y poder llegar a fin de mes”. Y aterriza en un ejemplo de manual: crear se crea, vivir de ello exige otro recorrido. “Escribir un libro se puede escribir, vivir de eso es complicado”.
En ese marco, el ecosistema institucional funciona como red de trabajo y como mapa de alianzas que enumera con detalle sus principales interlocutores desde 2017, con una lista que atraviesa cabildos, ayuntamientos, universidades y centros patrimoniales de referencia. A esa relación suma instituciones con peso en la memoria material de Gran Canaria como el Museo Canario, la Cueva Pintada o Casa de Colón.
El reconocimiento social del oficio mantiene una paradoja: el resultado se percibe en la vida pública, el trabajo de base suele quedar fuera del foco. Iván describe esa distancia con una frase repetida en distintos contextos. “A veces cuesta que la gente comprenda o entienda la importancia de los archivos”. En el mismo bloque introduce un matiz: las bibliotecas gozan de una consideración social más sólida.“La gente, cualquiera va a unas bibliotecas o coge un libro, sabe la importancia que tiene. A través de ellas mucha gente puede acceder a los recursos de información, puede culturalizarse, dinamizarse, tener actividades. Son un pulmón de la sociedad”.
Cuando se le pregunta por el orgullo profesional, Iván Rodríguez sitúa la medida del éxito en la recepción final del trabajo, en la satisfacción de quien encarga y de quien se beneficia de ese encargo. Luego añade un elemento que, en un oficio técnico, suele pasar inadvertido y para él resulta decisivo: el trato. “El trato humano”, dice, y lo extiende más allá de la relación mercantil. “El trato humano que consigo con los proyectos, con las instituciones, con la sociedad”.
Como historiador y amante de la Historia (en mayúscula), su preferencia por la época contemporánea fija un marco temporal muy concreto: Revolución Francesa, siglo XIX, siglo XX y presente. Rodríguez lo explica como una afinidad de trabajo y de gusto, relacionada con una historia personal y familiar que empuja hacia los siglos cercanos. “La historia contemporánea a partir de 1789, siglo XIX, XX, XXI, es lo que más he trabajado, lo que más suelo trabajar y lo que más me gusta”. El porqué se relaciona con su memoria familiar. “La influencia de mis abuelos que me contaban las historias de cuando ellos eran pequeños”. En el caso español, concreta su foco académico en los años veinte del siglo XX. “Me especialicé en la dictadura de Primo de Rivera [1923-1930]”. A esa etapa suma el bloque político y social que marca el siglo. “La Segunda República, la Guerra Civil y el franquismo posterior”.
Y sobre lo anterior aparece uno de los temas más hablados de la historia reciente de España: las leyes de memoria histórica y democrárica. Rodríguez defiende la necesidad de un marco legal que permita comprender la trayectoria democrática del país. “Si queremos conocer de dónde venimos y cuál es nuestra historia, necesitamos unas leyes que expliquen la evolución, o la trayectoria de la democracia en España”. Cita además una continuidad normativa, con correcciones posteriores. “La primera ley de memoria histórica tenía algunas carencias que se intentaron corregir con la memoria democrática posterior”. Su conclusión vuelve a la idea de comprensión del sistema. “Lo considero una acción necesaria para comprender cómo ha evolucionado el sistema democrático en España”.
En lo que se refiere a la historia de Canarias, Iván sitúa su interés en la historia social y en etapas menos trabajadas en el relato común del archipiélago. “En Canarias se ha priorizado mucho el estudio sobre la arqueología y prehistoria, la época de la conquista y posteriormente”. Ese campo le atrae, aun cuando su foco se desplaza hacia otro tipo de preguntas. Afirma, y concreta su interés en el siglo XX canario y en la transición. “Cómo se vivía en el franquismo, cómo se vivía después de la Guerra Civil, cómo fue la época de la transición, un momento clave que se ha estudiado menos, cómo fue el franquismo en Canarias y en Telde también”.
La mirada sobre Telde se construye desde el patrimonio visible y desde la necesidad de concienciación social. Rodríguez cita barrios y conjuntos históricos con un sentido de escala municipal: San Francisco, Plaza de San Juan y el núcleo de San Gregorio. Su valoración de esos espacios aparece en términos de visibilidad y cuidado. “Son los elementos visibles más característicos del municipio, están bien tratados y cuidados”. A partir de ahí introduce una idea recurrente: “Hace falta más concienciación y más respeto por el patrimonio histórico”. Y amplía el diagnóstico a Gran Canaria y al conjunto del archipiélago. “Revalorizarlo, darle la importancia que se merece de cara a poder explicarle a la sociedad qué significaba”.
Y si hablamos de la historia local, tambié de su relación con el Ayuntamiento de Telde en lo laboral, que aparece marcada por un deseo profesional pendiente, con un matiz biográfico que introduce tiempo y trayectoria. “Es una espina que tengo ahí clavada porque me gustaría desarrollar proyectos”, dice, y explica el estado de la relación institucional con una frase sencilla: “Todavía no hemos podido trabajar directamente aquí”. En cambio, otros municipios figuran en su experiencia reciente. “En Las Palmas de Gran Canaria, Arucas y otros municipios sí que hemos desarrollado cosas”. Y vuelve al motivo que, en su opinión, pesa en esa ausencia: “En Telde falta antigüedad”.
Iván Rodríguez sitúa a Telde en un mapa regional de relevancia histórica y demográfica, con una expresión que subraya rango y, a la vez, déficit de protagonismo exterior. “Telde por la importancia de población y por su importancia histórica está dentro de las cuatro ciudades más importantes de Canarias”. Y concreta el orden: “Después de Las Palmas de GC, Santa Cruz de Tenerife y San Cristóbal de La Laguna, la cuarta en importancia tiene que ser Telde”. A partir de ahí plantea una carencia de visibilidad regional. “Se echa en falta un mayor protagonismo del municipio a nivel regional, que la gente conozca Telde por su importancia histórica y cultural”. Además, añade un segundo elemento, la vida de barrio como patrimonio vivo. “Telde y sus barrios han tenido de siempre mucha actividad cultural”.
En el plano personal, su geografía afectiva recorre casco histórico y costa, con lugares que funcionan como memoria de infancia y como imagen de ciudad. “San Francisco es fundamental”, afirma, y lo describe como “un espacio idílico tanto por la tranquilidad como por el señorío”. A esa referencia suma el entorno inmediato de la entrevista. “Esta plaza donde estamos, San Juan”. Luego aparece San Gregorio, como núcleo económico. Y, en el lado íntimo, la costa. “Salinetas, la playa, la costa, Salinetas, Melenara”. Cierra con un barrio de infancia. “El Calero donde pasaba con mis padres la infancia”.
En su diagnóstico de la ciudad actual, Iván Rodríguez coloca un punto fuerte y una tarea pendiente. “Puntos fuertes, su gente”, y describe una disposición colectiva hacia el trabajo y la vida. “Predispuesta, animosa, buena actitud para el trabajo y para la vida”. Luego introduce el reto de cohesión social. “Falta mayor cohesión social”. Y propone un horizonte de comunidad. “Más sentirnos orgullosos de ser de Telde y poder crear cosas en común, para tener una vida más satisfactoria y más grupal, más de colectivo, más social”.





































Carlos G.Medina | Domingo, 25 de Enero de 2026 a las 21:40:43 horas
Felicitar a Ivan por su labor , divulgar la historia y preservarla
Jóvenes de Telde con grandes inquietudes que debemos apoyarlos y hacer ser comunidad
Sentirnos orgullosos de ser de Telde por encima de la política como.sociedad plural y diversa
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