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Domingo, 18 de Enero de 2026

Actualizada Domingo, 18 de Enero de 2026 a las 14:50:01 horas

Rostros de Telde

Antonio Monzón Zerpa, enfermero

Lleva cinco años ejerciendo una profesión que ama tanto que ni la precariedad laboral lo ha espantado

JUAN ANTONIO HERNÁNDEZ/Telde Domingo, 18 de Enero de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Domingo, 18 de Enero de 2026 a las 12:28:24 horas
Antonio Monzón Zerpa, enfermero teldense. Foto cedida a TAAntonio Monzón Zerpa, enfermero teldense. Foto cedida a TA

De todas las vestimentas habidos y por haber, decidió vestir una bata. El color, lo de menos. A veces suele ser blanca o azul (tradicionalmente), en ocasiones verde e incluso naranja, dependiendo del servicio concreto que preste y dónde lo preste. Lo cierto es que el protagonista del primer 'Rostros de Telde' de este 2026 eligió cuidar a los demás como forma de vida y consiguió hacer de su gran y profunda devoción su profesión (a pesar de los pesares).

 

Antonio Monzón Zerpa (San Gregorio, 15 de marzo de 1998) ejerce la enfermería desde hace cinco años. Se formó en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria entre 2016 y 2020, los dos primeros cursos en la sede de Fuerteventura y los dos últimos en Gran Canaria, y completó después su especialización en Enfermería Deportiva.


La vocación, en su caso, se sitúa en la infancia y se apoya en una preferencia temprana por lo sanitario y por el servicio. "A mí siempre desde pequeñito me gustó toda la rama sanitaria", explica. "Siempre me ha gustado ayudar a los demás y prestarle servicio".


La decisión aparece en el bachillerato, cuando el itinerario educativo se estrecha y obliga a escoger dirección. "En la época de bachillerato me incliné por Ciencias de la Salud", relata, y fija el punto con una frase de determinación. "Desde primero de bachillerato tuve claro que quería dedicarme a la enfermería".



El primer curso de carrera operó como verificación, porque la profesión real sustituyó la imagen previa, y el ajuste se produjo por contacto con la práctica. "Me encantó", dice. "La visión que tenía de la enfermería la tenía totalmente equivocada". La confirmación llegó ahí, con una certeza que él formula en primera persona y con vocación de cierre. "Cuando llega la carrera me di cuenta de que era mi vocación", y añade el instante decisivo de su trayectoria. "El momento en que cerré mi decisión fue en primero de carrera, cuando vi que era la rama a la que me quería dedicar profesionalmente durante mi vida".



La regla interior del oficio aparece formulada como un criterio que discrimina, sostiene y también exige, porque su idea de la enfermería se vincula a una inclinación que se vuelve obligación cotidiana. "La enfermería es vocacional, puro y duro", afirma. "Te tiene que gustar sí o sí". La frase no llega como consigna, llega como condición. "Eso tiene que nacerte, te tiene que gustar", insiste. "Te tiene que nacer el cuidar de los demás".



Los momentos gratificantes se ordenan en torno a la evolución del paciente y al agradecimiento directo. "Cuando notas una mejoría en los pacientes, ves la evolución de esas personas, los atiendes por primera vez y ves todos los problemas que tienen y te percatas de que ha ido a mejor". Y de esos instantes también se queda con las buenas palabras de quienes han sido ayudados. "El agradecimiento, por encima de todo, es lo que personalmente más me llena, que la gente te agradezca el trabajo y los servicios que tú le prestas".

 

La conclusión: "Al final es una profesión que salva vidas". Monzón la completa con una medida personal. "No hay nada más reconfortante para mí, sinceramente, que eso: salvar vidas". La dimensión social entra en la misma secuencia, ligada al valor público del trabajo. "Que la gente reconozca el sector de la enfermería como imprescindible para la sociedad".



Los momentos más duros se concentran en el final de la vida y en la exposición sostenida a situaciones clínicas que requieren preparación emocional y técnica, con urgencias como escenario recurrente de intensidad. "Los momentos más difíciles son el final de la vida de una persona", dice. "Tienes que estar muy preparado para afrontar con entereza el fallecimiento de un paciente. Tienes que desenvolverte bien ante situaciones muy complicadas que se pueden dar en un entorno sanitario", y sitúa esas situaciones en el espacio donde se precipitan muchos desenlaces. "En el área de urgencias. Tienes que estar muy preparado tanto profesional como psicológicamente para que todo eso no te afecte", reitera. y la frase se cierra con una idea de convivencia diaria con esa carga. "Entender claramente que forma parte del día a día de un enfermero y que tiene que convivir con eso en el turno".


Todo lo anterior parece que contrarresta un pequeño gran enemigo del sector de la enfermería en España: la precariedad laboral. Monzón no es médico, pero describe un diagnóstico de cómo está su profesión en el país. "La situación es bastante complicada porque hay mucha precariedad laboral en el sector de la enfermería, mucho contrato temporal", explica.

 

Monzón coloca su experiencia como ejemplo de escala. "Yo llevo cinco años ejerciendo de enfermero y más de la mitad de los contratos que yo he firmado a lo largo de mi carrera en estos cinco años son contratos muy temporales con contratos de uno, dos o tres días y sin centros fijos de trabajo". Eso significa empezar y despedirse una media de tres veces por semana desde que empezó a vestir bata azul o verde. Monzón amplía el foco hacia su entorno laboral y describe una situación compartida. "Como yo, están mis compañeros", afirma. "Hay mucha interinidad y mucho trabajo temporal". La carencia queda sintetizada en una frase. "Trabajo hay; lo que falta es estabilidad".


La organización y la gestión del sistema sanitario aparecen como una preocupación central, con referencias directas a la jerarquía administrativa y al impacto sobre la calidad asistencial. "La sanidad canaria está muy mal gestionada", afirma. "Hay mucha desigualdad y muy poco compromiso de las gerencias que controlan todo el trabajo sanitario". Y denuncia que tampoco tienen mucho oído: "No escuchan a los profesionales, no nos escuchan a nosotros, no escuchan las medidas a mejorar", y sitúa el resultado en el estado de ánimo de los equipos. "Nos sentimos muy decepcionados".

 

Su ejemplo se apoya en un escenario de atención primaria, con continuidad clínica comprometida por rotaciones. "Un paciente que acude a su centro de salud los cinco días de la semana para una cura recibe a un enfermero distinto", explica, y vincula esa práctica con un objetivo sanitario que, en su opinión, pierde efectividad en ese marco. "La promoción de la salud se resiente".


La pregunta sobre qué sostiene el sistema, estructura o sacrificio profesional, obtiene una respuesta directa. "Lo segundo, claramente". Monzón describe un avance cotidiano apoyado en el esfuerzo del personal. "El sistema sale a flote gracias al trabajo incansable de todos los profesionales". Entonces es cuando vuelve la vocación como motor persistente. "Por esa vocación que caracteriza al sector sanitario, sobre todo la enfermería". El diagnóstico interno se formula con una expresión contundente. "Hay una desorganización brutal dentro, internamente, en el Servicio Canario de Salud".

 


El salario aparece ligado a la responsabilidad clínica, al riesgo y a la carga de decisiones que afectan a la vida del paciente, con una reivindicación concreta sobre la categoría profesional. "En cuanto al salario que recibo y su relación con la responsabilidad que asumo, estoy totalmente en desacuerdo", afirma. "Asumimos mayores riesgos, mayores responsabilidades". Monzón incorpora una formulación que sitúa el trabajo en un plano moral y profesional. "Tenemos mucha carga existencial y mucha responsabilidad en la vida del paciente", y resume la consecuencia: "Eso no se refleja en el salario que recibimos a final de mes". ¿Qué demanda?: "Llevamos mucho tiempo luchando por entrar en la categoría profesional A1 con un salario acorde al servicio que prestamos y a la responsabilidad que tenemos en la sociedad".

 


La especialización aparece como punto crítico cuando el sistema obliga a asumir servicios complejos sin un recorrido formativo suficiente, con unidades de alta exigencia como referencia. "Hay muy poca especialización", afirma. Monzón enumera ámbitos concretos. "La unidad de críticos, la unidad de urgencias, la unidad de reanimación". La formación, en su visión, requiere tiempo. "Esas unidades tienen que tener un personal especializado y formado varios meses para prestar un servicio de calidad a los pacientes".

 

La contratación breve empuja a aceptar plazas en servicios especiales. "Nos obligan a aceptar contratos en servicios especiales", explica, y sitúa el perfil del paciente atendido en esos espacios. "Son pacientes muy malitos, que necesitan cuidados muy intensivos y muy muy especiales". Su valoración se cierra con una frase de diagnóstico. "La especialización en enfermería está terriblemente gestionada".


Monzón sitúa la pandemia del COVID-19 de 2020 como el punto de inflexión en el que en España se mejora la percepción pública de la enfermería ligado a la visibilidad del trabajo diario y al sentido de una sanidad pública con calidad. "A raíz de la pandemia del 2020 la sociedad se dio cuenta de la importancia que acarrea tener una sanidad pública de calidad", afirma. "España se dio cuenta del increíble trabajo que realizan los enfermeros diariamente y de lo imprescindible ques para que el sistema sanitario funcione con total garantías".

 


El núcleo del oficio, en su balance, se define por el componente humano y por la proporción de tiempo destinada al contacto directo, con una cifra que repite como medida de realidad laboral. "Prácticamente todo es humano", afirma. "El 90% del trabajo de la enfermería es con el paciente", y concreta la forma de ese contacto. "Casi todo el trabajo que realizamos lo realizamos cara a cara con el paciente". Ha firmado más de 200 contratos en cinco años. Monzón lo resume así: "El 90% del trabajo de la enfermería es con el paciente".

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