Ya está aquí lo que algunos llevamos tiempo anunciando, que lo de Trump no es solo un accidente, es un cambio de ciclo: es el nuevo orden mundial de los matones. El patrón común que se instaura -ya sin disimulo- es el desprecio absoluto al derecho internacional, con EEUU apropiándose de toda América como su área de influencia o patio trasero. Una lógica de poder que también siguen Rusia con el Este de Europa o Israel con Palestina, y que podría reproducir China con su entorno asiático, como tantos otros matones poderosos que
hay o habrá en el mundo. En este contexto, algunas preguntas no pueden evitarse: ¿sumisión, pleitesía, plegamiento a los matones del mundo, y sobre todo a Trump que es nuestro matón más cercano, o resistencia a los matones, a cualquier matón, y a este nuevo orden mundial? ¿Qué pasa con España y con Europa?, ¿qué camino tomarán? ¿Y qué pasará con Canarias?, ¿hacia dónde vamos nosotros?
Para las primeras preguntas empiezan ya a verse algunas respuestas: seguidismo, confusión, humillación, silencio y muy poca crítica real desde Europa, que parece apostar por tragar con Trump -qué remedio- e invertir en armamento para la OTAN, rezando para que el matón americano no se atreva con Groenlandia. En la España de Sánchez más de media España espera a que caiga Sánchez -a punto parece- para sumar al país a la corriente trumpista de los Vox, Ayuso y compañía. Y hasta aquí se puede leer. Pero nos queda la pregunta que más nos debería preocupar: ¿qué va a pasar con Canarias?
Antes de responder a esa pregunta crucial, hemos de saber bien qué es Canarias. Y no, no somos un territorio cualquiera. Somos la frontera sur de Europa. Una plataforma atlántica estratégica. Un espacio codiciado económicamente por muchos, convertido casi en paraíso fiscal, donde el dinero y las oportunidades fluyen para unos pocos. Y también, y sobre todo, somos un enclave militar crucial para la OTAN y para Estados Unidos. A la par de todo esto, Canarias es también una sociedad frágil y dependiente. Una sociedad partida en dos, con pocos muy ricos y muchos muy pobres, o directamente en el umbral, como resultado de la corrupción y las profundas desigualdades estructurales acumuladas durante décadas. Así las cosas, la expansión del trumpismo como corriente política global plantea una pregunta incómoda pero ineludible: ¿qué lugar ocuparía Canarias en un mundo gobernado ya sin reservas por la ley del más fuerte?
Sobre lo que podría suceder, algunas pistas nos ha dado ya Trump en el pasado reciente. Para el magnate americano no existen aliados, solo intereses temporales. En esa dinámica instrumental ningunea a la OTAN, desprecia a la Unión Europea, dinamita numerosos acuerdos multilaterales (política arancelaria) y consensos más o menos globales (cambio climático), y acostumbra a usar a los territorios débiles como moneda de cambio útil. Con estos precedentes, parece claro que Canarias no será nunca para Trump o para los que sigan con sus recetas un actor político a respetar, solo un activo negociable. Un enclave intercambiable que puede servir hoy para una cosa y mañana para otra, tal como se intercambian cartas en cualquier juego. Pero cuidado, porque Canarias está en África, y nuestro continente negro es otro de los espacios en pugna de los poderosos del mundo: por sus materias primas, tierras raras y minerales imprescindibles para la transición energética, la armamentística y la tecnología; por amparar rutas comerciales y marítimas muy importantes que todos quieren controlar; por su demografía creciente y joven que lo convierte en un mercado futuro potencial muy apetecible; o por su proximidad a Europa (influir en África es hacerlo en Europa). Por todo esto y por mucho más, los EEUU andan en pugna con Rusia y China por ser la potencia dominante, en lo que podría ser la repetición de lo que ya estamos viendo en América Latina.
Casualidad o no, Rusia y China tienen ya trabajo adelantado en el continente africano, a lo que EEUU responde con el AFRICOM (un comando militar específico para África conformado por bases, drones, inteligencia y operaciones “antiterroristas”), y el apoyo a ciertos sectores estratégicos y gobiernos "útiles" que permiten la extracción y el asentamiento privilegiado de las multinacionales estadounidenses. Para ser claros, Trump no inventa nada en África. Esta política extractiva y mafiosa la lleva haciendo EEUU desde hace décadas. Trump solo la ha radicalizado, despreciando el discurso de la cooperación, la diplomacia, la ayuda al desarrollo o la milonga de llevar la democracia al mundo, y se limita a apoyar a los gobiernos -corruptos o no- que garanticen seguridad, pleitesía, recursos y freno a Rusia y China.
¿Y qué pasará cuando Trump o el que le suceda le pregunte a sus asesores de Inteligencia qué hay de Canarias? Plataforma atlántica, puerta entre África, América y Europa, nodo logístico y militar, espacio “estable” frente a un entorno africano inestable. Todo esto le dirán, lo que de seguro implicará cierto grado de militarización, con mucha subordinación y cero soberanía. En resumen, en el tablero donde se juega el control de África, Canarias no es premio, solo es una base desde la que operar. Y en un orden mundial de matones, las bases no deciden ni negocian, solo se ocupan, se usan y llegado el caso se sacrifican.
Ahora vayamos a lo que ya tenemos en África: Marruecos, un socio preferente de EEUU que aspira a ser matoncillo local. ¿Qué pasaría si mañana a Estados Unidos le interesara fortalecer aún más su alianza estratégica con Marruecos? O mejor será preguntarnos: ¿qué tendría España para ofrecer a Trump que pueda competir con lo que ofrece el sátrapa alauí?, ¿y qué garantías reales tendría Canarias de no convertirse en un espacio de influencia y sumisión para Marruecos? No nos engañemos: España no tiene nada que hacer contra Marruecos frente a EEUU. No solo porque Marruecos es una potencia mundial del fosfato y EEUU depende enormemente de este mineral y sus derivados. Marruecos es también un régimen estable y fuerte que no vislumbra cambios, es obediente y ofrece una posición geoestratégica excepcional en el Estrecho de Gibraltar, con cooperación militar plena como aliado y como cliente de la industria armamentística estadounidense, es además la puerta de entrada y control del Sahel, y, muy importante, ha normalizado su posición favorable a Israel frente a Palestina. España en cambio es inestable, y es una democracia -muy imperfecta- con límites estructurales, controles jurídicos y dependencia europea. Con estas realidades subyacentes, en cualquiera de los escenarios hipotéticos futuros en el mundo de los matones, a EEUU le gustará más una Canarias controlada por Marruecos.
En resumen, el trumpismo no cree en fronteras jurídicas, en derechos históricos o en equilibrios regionales, cree en pactos bilaterales asimétricos donde el fuerte impone y el débil acepta. Y en este escenario Canarias, como territorio ultraperiférico europeo, jurídicamente estorba, y tendría todas las papeletas para perder. "¿Qué diablos pinta un territorio europeo en mitad de África?", dirá algún secretario de Trump. Es así de simple: estorbamos como frontera europea donde no toca, como espacio de control marítimo o como territorio con derechos reconocidos en el derecho internacional. En un escenario de trumpismo globalizado, en un mundo sin reglas, los aliados útiles como Marruecos pesan más que los territorios con derechos, y Canarias será sacrificada, directa o indirectamente. Porque si no nos venden a Marruecos nos venderán a las multinacionales y a los mercados de la prostitución y de las drogas. No olvidemos la otra cara del trumpismo: es el mejor aliado del capitalismo depredador, de la desregulación, las privatizaciones, el debilitamiento del Estado y los controles ambientales y sociales. Un trumpismo consolidado significa para Canarias barra libre a fondos de inversión, a las energéticas, a las constructoras y a las grandes plataformas, para acabar convertidos en otro macroburdel estilo Las Vegas en el Atlántico (lo que ya por cierto casi somos sin necesidad de Trump, todo sea dicho).
Hasta aquí la radiografía, ahora toca ver las opciones que nos quedan para Canarias. Para ello, hay que contar con lo que parece irremediable: que en España más pronto que tarde estarán gobernando los alumnos aventajados en trumpismo que tenemos por aquí (Ayuso, Abascal, Alvise). Y bueno, si creen que un gobierno de ese corte, pelotero del trumpismo, va a suponer algo bueno para Canarias, lo llevan mal. ¿Acaso no recuerdan el total desprecio a Canarias que ha mostrado Vox con la crisis migratoria abandonándonos como territorio cárcel/frontera? ¿No es Vox también el que aboga por suprimir las Comunidades Autónomas?
Mi conclusión después de tanto análisis: el multilateralismo es la única defensa posible que le queda a Canarias. El muy imperfecto y tramposo equilibrio geopolítico que había hasta hace poco, es el camino menos malo en este escenario tan complicado. No podemos autoengañarnos con este populismo de moda, por mucho que detesten a Sánchez. No nos vale el entreguismo o la resignación. Solo en un orden internacional basado en la Diplomacia y en el Derecho Internacional hay espacio para el reconocimiento de territorios no centrales y minorías ultraperiféricas empobrecidas o esquilmadas como Canarias. Dicho de otra manera: la Unión Europea, con todas sus contradicciones y corruptelas, por mucho que no nos guste, es hoy el único espacio donde Canarias tiene herramientas jurídicas, fondos estructurales, estatuto propio y capacidad de defensa colectiva. Si ese marco cae, como propone el trumpismo, Canarias estará desnuda ante los lobos.
Y hasta aquí mi artículo de hoy. Puedes darle varias vueltas, confirmar lo que digo por otras fuentes o incluso inventarte otro escenario más agradable si lo prefieres, pero estas son las dos opciones que nos quedan: entreguismo o rebeldía. Yo elijo lo segundo. Elijo soberanía, dignidad y empoderamiento, que pasan por defender nuestra condición de territorio atlántico singular, por exigir respeto a nuestra población, cultura y territorio, por reforzar alianzas multilaterales y armarnos con una voz propia en el espacio euroafricano, desde el Sur Global. Es este un camino difícil, cierto, y no exento de riesgos, pero todos los demás caminos a la larga son peores. ¿Y tú, qué eliges?
Eloy Cuadra, escritor y activista social.





























domingotomasjimenez@gmail.com | Jueves, 08 de Enero de 2026 a las 15:12:30 horas
Muy bueno Eloy
¿Y tú, qué eliges?
Elijo:
Soberanía, dignidad y empoderamiento, que pasan por defender nuestra condición de territorio atlántico singular, por exigir respeto a nuestra población, cultura y territorio, por reforzar alianzas multilaterales y armarnos con una voz propia en el espacio euroafricano, desde el Sur Global. Es este un camino difícil, cierto, y no exento de riesgos, pero todos los demás caminos a la larga son peores.
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