
La Navidad, festividad anual, se caracteriza por una paradoja intrínseca. Si bien se asocia con la iluminaciónn festiva, melodías alegres y la promesa de reunión y abundancia, también revela una vulnerabilidad particularmente acentuada en el silencio posterior al bullicio festivo. Esta época, socialmente simbolizando calor y conexión, puede convertirse en un espejo que refleja con crudeza las fisuras de nuestro bienestar emocional y social.
En un contexto global marcado por el individualismo exacerbado, la polarización social y la incertidumbre económica, la Navidad emerge como un faro cultural que nos confronta con interrogantes esenciales. ¿Qué perdura del denominado “espíritu navideño” cuando los cimientos de nuestros valores colectivos parecen resquebrajarse? Esta pregunta no es retórica, sino urgente, especialmente al observar cómo las tensiones contemporáneas se infiltran incluso en nuestros rituales más tradicionales.
Culturalmente, la Navidad opera como un poderoso mecanismo de cohesión social. Los rituales compartidos, desde las cenas familiares hasta el intercambio de regalos, generan un sentido de pertenencia y continuidad. Estos actos nos conectan no solo con nuestros seres queridos presentes, sino también con generaciones pasadas y con una comunidad más amplia que celebra simultáneamente.
La narrativa predominante de felicidad obligatoria puede resultar alienante para ciertos individuos. Aquellos que carecen de estructuras familiares convencionales, quienes se encuentran en duelo reciente o quienes simplemente no experimentan la alegría navideña “esperada” pueden percibir su experiencia como inválida. La presión social por exhibir felicidad puede generar una desconexión más profunda entre la experiencia interna y la expresión externa.
Durante esta época, ciertas vulnerabilidades se intensifican. Mientras que las imágenes publicitarias presentan grupos felices reunidos, muchas personas experimentan una soledad más acuciante. La vejez, la migración, las rupturas familiares o simplemente la desconexión social se vuelven más evidentes cuando el contraste social es tan marcado. Las primeras Navidades sin seres queridos pueden convertirse en una experiencia particularmente desgarradora, ya que los rituales que antes se compartían ahora resaltan su ausencia de manera dolorosa.
La expectativa del regalo perfecto, la cena abundante y el decorado impresionante puede generar un estrés financiero significativo, especialmente en contextos de precariedad económica. Las expectativas emocionales irreales, con la promesa de “la Navidad perfecta”, rara vez se cumplen, dejando un regusto a decepción cuando los conflictos familiares emergen o cuando la magia prometida no se materializa.
Quizás el significado más profundo de la Navidad no reside en su brillo superficial, sino en cómo nos confronta con nuestra humanidad compartida, con sus luces y sombras. En esta temporada, la vulnerabilidad no constituye una falla, sino una invitación a practicar una compasión más profunda: hacia quienes nos rodean y hacia nosotros mismos. La verdadera magia navideña podría residir, no en la perfección de la celebración, sino en el coraje de mostrar nuestra humanidad incompleta y en la disposición a acoger la de los demás. En ese espacio de autenticidad compartida, tal vez encontremos una conexión más significativa que cualquier festejo convencional podría ofrecer.
Gregorio Viera Vega fue concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Telde.






























javierbumo@hotmail.com | Miércoles, 24 de Diciembre de 2025 a las 11:11:49 horas
Don Gregorio (que no San Gregorio aunque puede llegar a ‘santo’), me dirijo a usted, en un día tan señalado como el de hoy: día de 'Nochebuena' para aplaudir su 'relato' en el que se nos pide más 'solidaridad' y deseos de un comportamiento más social y ciudadano. Que nuestra preocupación 'estribe' en hacer algo positivo por un mundo que vive lleno de 'indecisiones', que no atina a ver el 'mal ajeno' (léase los que están 'sin techo', los que malviven, los que necesitan un trozo de pan que llevarse a la boca, los más 'débiles' de una ciudad canaria que pide por todas esas ‘carencias’). Procuremos ser más 'humildes' y no derrochar tanto como hacemos cuando se nos pone delante un 'black friday' o cualquiera otra clase de evento que no tiene ‘relevancia’ alguna en sí mismo… Espero que tus pretensiones, como la de 'aceptar' a los que nos 'abordan' desde unas pateras (habría que entrar a valorar todas las circunstancias de esos ‘viajes’), como la generosidad con el prójimo se vean plasmadas en un 'espíritu navideño' que acompañe todos esos 'convites' a los que nos apuntamos y perdemos de vista le verdadera realidad: mucha pobreza y muchas familias que no tienen dónde dormir este 24 de diciembre de 2025. ¡Que tus buenas 'intenciones' se cumplan y el mundo, nuestra sociedad se haga más 'humana y social'. Un abrazo y feliz navidad, Gregorio. Javier Burón.
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