
El silencio administrativo y un desplome de ventas que alcanza ya el 70% en algunos negocios configuran el escenario actual en Melenara y Salinetas, donde el cierre al baño por una contaminación marina que continúa sin una explicación clara. Según publica La Provincia-DLP, comerciantes y vecinos lamentan que, dos meses después del incidente, las consecuencias económicas y sociales sean cada vez más evidentes mientras la administración no aporta respuestas sobre el origen del problema.
Comerciantes entre la incertidumbre y el enfado
La inquietud crece entre los negocios de la zona, que aseguran sentirse abandonados ante un perjuicio que golpea de lleno su actividad. En primera línea de playa, algunos empleados apuntan incluso a una posible protección institucional hacia la empresa responsable del vertido. «Esto lo tienen muy callado. Seguro que saben quién fue, pero como es una empresa grande no quieren meterse en líos», afirma un trabajador. Sea como fuere, los efectos económicos ya se notan con fuerza en restaurantes, cafeterías y heladerías, especialmente en las últimas semanas.
Vecinos entre la resignación y la sospecha
En la plaza de acceso a Melenara, María y Eugenia, vecinas de avanzada edad, relativizan el cierre entre bromas: una asegura que le beneficia que haya menos tráfico; la otra confiesa que nunca ha pisado la playa. Otros residentes muestran más preocupación: «Yo me bañé el otro día y no pasa nada. Aquí pasa algo raro», comenta un vecino mientras observa la orilla prácticamente vacía.
Negocios al límite
Entre los más afectados se encuentra la heladería Neptuno, que evalúa cerrar un día más a la semana tras registrar una caída de ingresos cercana al 70%. A la una de la tarde, sus vitrinas permanecen casi llenas, un contraste absoluto con la actividad habitual. En el local anexo, El Amasijo Café, el panorama es similar. «Hemos bajado considerablemente», afirma una empleada. Los restaurantes también sufren un descenso notable: aunque los fines de semana reciben más clientela, entre semana las reservas se han reducido en torno al 60%, según apunta un camarero del restaurante Litus.
Familias que reclaman claridad
En Salinetas, un matrimonio lamenta cómo la mejor época para disfrutar del mar —septiembre y octubre— se ha visto arruinada por un cierre sin explicaciones. «Lo raro es que La Garita está abierta y estas dos siguen así. Nadie dice nada. Tienen que aclararlo», exigen.



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