
El alisio soplaba suave este domingo, de esos que parecen barrer el cansancio de la semana mientras uno avanza en su caminata matutina sin más ambición que estirar las piernas y oxigenar la cabeza. A mitad del trayecto, una figura se detuvo a mi lado. Gafas reflectantes, de esas que te dejan viendo más tu propio reflejo que el rostro ajeno. Me costó reconocerlo hasta que se las quitó.
Era José Antonio Perera.
Más de diez años sin vernos y, sin embargo, bastaron segundos para que regresara aquella sensación de estar ante alguien esencial en la historia reciente de este municipio. Perera —quien fuera secretario general de la Agrupación Socialista Juan Negrín y vicealcalde de Telde entre 2007 y 2011 con el gobierno progresista de Nueva Canarias y PSOE— fue protagonista de una etapa compleja, posterior al triste episodio de corrupción que sacudió los cimientos de la ciudad con el Caso Faycán entre 2003 y 2007. Y aun así, en medio del ruido, de las sospechas generalizadas y del desgaste que supone gobernar entre ruinas, él mantuvo algo que hoy parece un bien escaso: la coherencia.
Durante los breves minutos de conversación, me habló de su vida en Madrid, de su jubilación tras décadas dedicadas a la docencia y de cada visita a su tierra como quien regresa al hogar que nunca termina de abandonar. Lo vi sereno, luminoso incluso. Y pensé, casi sin querer, en cómo Telde dejó escapar a un político de los que ya apenas quedan: íntegro, honesto, con capacidad de diálogo y un compromiso social que no necesitaba publicidad.
A Perera quisieron arrinconarlo. Le prepararon una jugada sucia —porque la política local puede ser prodigiosa para fabricar laberintos—, pero él optó por irse con dignidad antes que permitir que lo arrastraran al fango. No necesitó gritar su inocencia. Ya lo haría la justicia. Pero cuando muchos habrían vuelto con ánimo de revancha o de reivindicación, él eligió dar un paso atrás y marcharse para siempre de la vida pública. Ese gesto, que algunos interpretaron como renuncia, fue en realidad una demostración más de su coherencia: no iba a permitir que la política le arrebatara lo que era suyo, su tranquilidad, su serenidad, su verdad.
Mientras retomé mi ruta, sonaba en mis auriculares uno de mis grupos favoritos, la banda británica Slade, y con cada compás volvía la misma pregunta: ¿cómo pudo Telde permitirse el lujo de perder a Perera?
Un político con solvencia, con palabra, con un sentido profundo del servicio público. Uno de los pocos que, incluso en tiempos oscuros, consiguió que muchos ciudadanos confiaran todavía en que la política podía ser un espacio digno.
Telde necesita referentes así. Gente que no se doblega, que no se vende, que no se presta a la mezquindad ni al oportunismo. Políticos que conocen a su pueblo, que caminan sus calles sin miedo a cruzarse con nadie, que no deben explicaciones más allá de las que les exige su conciencia.
Hoy, después de tantos años, reencontrarme con José Antonio Perera ha sido recordar que hubo un tiempo en el que Telde tuvo en su gobierno a personas capaces de sostener la palabra lealtad sin ruborizarse.
Y también, inevitablemente, sentir que perdimos más de lo que llegamos a comprender.
Este municipio aún le debe mucho
Y aunque él jamás lo dirá, porque su grandeza también está en la humildad, algunos sí debemos recordarlo: Telde fue mejor cuando gente como Perera formaba parte de su destino.
Ojalá nunca olvidemos lo que significan las personas que caminan recto incluso cuando todo a su alrededor intenta torcerse.
Carmelo J. Ojeda Rodríguez es director de TELDEACTUALIDAD y VALSEQUILLOACTUALIDAD. Es catedrático de Geografía e Historia, fue redactor de Canarias7 y posee un Máster en Comunicación y Periodismo Digital.
































RicardoCastillo | Domingo, 07 de Diciembre de 2025 a las 13:56:46 horas
Por completo de acuerdo en tu análisis y reconocimiento. Sencillez, humildad, servicial y SOCIALISTA con mayúsculas. Extraordinario servidor público y privado, y que también se dejó servir con buen criterio. Su familia, a la que tengo el gran placer de conocer, algo tendría que ver en el resultado de la persona.
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