
En Jinámar, la noche no cayó: se derritió en azúcar. Bastó que el carromato asomara por la plaza —vestido con plataneras, traperas y olor a campo recién cortado— para que el barrio entero se lanzara tras él como si siguiera la estela de un cometa dulce. Fue la Gran Chupada, la tradición que cada final de noviembre convierte a Jinámar en un lugar donde las calles saben a caña y el ritmo lo marca la Banda Isleña, en el marco de las fiestas patronales en honor de la Virgen de la Concepción.
Jinámar vivió este sábado una de sus noches más esperadas del año con la celebración de la Gran Chupada de caña dulce, un evento que reunió a cientos de vecinos y visitantes en un ambiente cargado de tradición, música y alegría popular.
Desde pasadas las 20:00 horas, la comitiva festiva —encabezada por los siempre carismáticos papagüevos y seguida por una vibrante Banda Isleña de camisetas naranjas y pantalones blancos— comenzó su recorrido por las calles principales del núcleo antiguo. La música pachanguera marcó el paso del pasacalle, que avanzaba entre aplausos, risas y móviles intentando capturar la magia del momento.
El punto culminante llegó cuando el tradicional carromato hizo su aparición, decorado con un aire casi de romería rural: hojas de platanera, tomateras y traperas que anunciaban lo que todos esperaban. Desde su interior se repartieron unos 200 kilos de caña dulce recién llegada de Mogán, ofreciendo trozos de entre 30 y 40 centímetros que los asistentes saboreaban como si fuese oro vegetal. A ello se sumaron los siempre celebrados vasitos de ron miel, que añadieron un toque cálido y festivo al recorrido.
La marcha avanzó por la calle Granada, regresó a la plaza y se dirigió al sector de El Cascajo, para finalmente volver al punto de partida, donde la noche apenas acababa de comenzar. A las 22:00 horas, el grupo Una Más puso música al baile popular, seguido de una sesión de DJ desde la medianoche hasta la 01:30, asegurando que la fiesta se extendiera hasta bien entrada la madrugada.
La Gran Chupada vuelve así a confirmarse como una de las tradiciones más queridas de Jinámar, un ritual colectivo que mezcla identidad, memoria y sabor, y que cada año convoca a más personas dispuestas a seguir el dulce recorrido de su carromato.









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