
La política teldense ha vivido estos días un episodio tan revelador como previsible: una moción de censura que nunca llegó al papel, pero cuyos ecos se escucharon con demasiada claridad como para atribuirlos solo al rumor. Una e-moción, sí, pero alimentada por movimientos discretos, conversaciones informales y tanteos que no llegaron a formalizarse, pero que existieron. Y eso, en sí mismo, ya dice mucho.
Porque cuando varios actores políticos coinciden en que “algo se movió”, aunque nadie lo admita públicamente, estamos ante esa vieja liturgia política donde la operación apenas nace… pero ya sirve para generar ruido, inquietud y un cálculo de escenarios. No hubo firmas, ni mayorías amarradas. Pero hubo intentos de tanteo, y quienes los hicieron saben perfectamente que, si no avanzaron, no fue por falta de voluntad, sino por falta de cómplices.
Un gobierno firme que tuvo que mirar de reojo
Es cierto que numéricamente la operación tenía sus complicaciones. Pero no es menos cierto que la sola existencia de esos movimientos obliga al gobierno de Juan Antonio Peña a reconocer que su estabilidad fue, durante 48 horas, puesta a prueba. Y que la respuesta de PP y Coalición Canaria —rápida, cerrada y pública— solo fue tan contundente porque alguien llamó a su puerta, o al menos, intentó tantear el marco político.
Un rumor no crece así de la nada. Un rumor no se expande en cuestión de horas. Un rumor no llega a la prensa si antes no ha corrido por los teléfonos correctos.
Por eso este episodio no puede tratarse como una simple invención. Hubo manos moviendo hilos, aunque el muñeco no llegó a levantarse.
Una oposición que juega a dos ritmos
La explicación de Nueva Canarias y PSOE, acusando al gobierno de “desviar la atención”, es solo una cara de la moneda. La otra es que ambos partidos sabían que los movimientos existían, pero no avanzaron porque no hay una alternativa viable que no pase por PP o CC, formaciones que cerraron filas en cuestión de horas después de una llamada a capítulo en la capital santacrucera.
Esto desmonta la narrativa simplista del “no hay nada”, y revela una realidad más compleja: sí había interés en explorar una operación, pero no había números sólidos para ejecutarla.
Y, sobre todo, demuestra que Primero Canarias —el proyecto al que se ha alineado el alcalde— se ha convertido en un foco de fricción para el viejo mapa político de la isla. Donde antes había control, ahora hay incertidumbre. Y donde antes había inercias, ahora hay un actor nuevo que incomoda.
Una moción que no fue… pero que sí importa
El gobierno local, aun saliendo reforzado, no puede ignorar que esta e-moción deja varias lecciones: la estabilidad existe, pero debe blindarse cada día; los movimientos en la sombra prueban que hay actores dispuestos a intentarlo, el desgaste político es terreno fértil para maniobras discretas y la oposición mide sus tiempos, pero no renuncia a escenarios alternativos.
Telde no vivió una moción de censura. Pero sí vivió un aviso.
Conclusión: la política real siempre se mueve antes de hablar
Este episodio no debe analizarse por lo que no pasó, sino por lo que estuvo a punto de intentarse. Las mociones de censura no empiezan con una firma: empiezan con una llamada. Y esas llamadas, según todo apunta, sí existieron.
La ciudad merece estabilidad, no maniobras en penumbra. Pero también merece una oposición que no juegue a dos lenguajes: el público y el privado.
En Telde, esta e-moción de censura no es un invento. Es la prueba de que, aunque no haya temblado la silla, alguien sí probó si se movía.
Carmelo J. Ojeda Rodríguez es director de TELDEACTUALIDAD y VALSEQUILLOACTUALIDAD. Es catedrático de Geografía e Historia, fue redactor de Canarias7 y posee un Máster en Comunicación y Periodismo Digital.
































domingotomasjimenez@gmail.com | Domingo, 30 de Noviembre de 2025 a las 09:22:51 horas
TITULO;
Suenan las alarma
Y NO DE E-MOCION
Mas claro el agua
ATI, PP Y TEO
Son la misma cosa ,a la vista esta
SUENAS LAS ALARMAS TODO PARA TENERIFE
Accede para votar (0) (0) Accede para responder