
Corrían los años sesenta del pasado siglo XX, con esta lapidaria frase comenzaremos un próximo artículo, en el que intentaremos, sólo intentaremos, acercar a nuestros queridos lectores a la realidad socio-político cultural de aquellos años tan decisivos para España como para cada uno de los ciudadanos que la habitaban. Sinceramente creo que hemos hecho una casi exhaustiva descripción de aquellos años sesenta que tanto dieron de sí. Desde la llegada de los primeros discos de Beatles, la moda y los modos ye-yés, la Conmemoración de los 25 Años de Paz el Referéndum Nacional y la Designación de Juan Carlos de Borbón y Borbón como Príncipe de España y heredero de su Corona.
Ahora, después de recordar aquellos tiempos vividos, para unos en blanco y negro y para otros en color, es el momento de hablar de un hecho realmente histórico para la ciudad de Telde y su comarca: El nacimiento del movimiento Scout.
Entre el año 1964-65 y, tal vez antes, se había afianzado la amistad temprana de un grupo de jóvenes que hacían vida común entre las calles, plazas del Barrio de Los Llanos, con epicentro en el Callejón Tomás Morales, antes conocido por San José o de don Paco el Viejo. Allí todas las tardes se reunían chicos y chicas como si de un verdadero club se tratara. Fue entonces, cuando cuatro de ellos, animados por Fernando Jiménez Ortega, alumno del Claret de Las Palmas y vecino de aquel callejón, quisieron dar vida al primer Grupo Scout fuera de la capital grancanaria. Hacia tiempo que Fernando apasionaba sus jóvenes mentes con historias de reuniones en un espacio que llamaban guarida, asentamientos de campamentos, en diferentes barrancos y montañas de la isla, aprendizajes diversos de supervivencia y así un largo etcétera. El adoctrinamiento vino a completarse leyendo la vida y obra de Sir Baden-Powell, el mismo que ideó y creó a los Boys Scout en Inglaterra y su imperio, viéndolos crecer y aumentar en número indefinido por todos los países del mundo. Su lema era bien preciso y notablemente altruista: Siempre listo para servir. Y su saludo mano en alto con los dedos anular, corazón e índice desplegados hacia arriba. Y el meñique y el pulgar recogidos montando el segundo sobre el primero. Según las enseñanzas Scout los tres dedos centrales de la mano, según tamaño representaban a Dios, Patria y Hogar. Un buen día los cuatro jóvenes antes aludidos: Fernando Jiménez Ortega, Juan Diego Brito Castro, Victoriano Peña Verona y Julio César González Padrón se convocaron en la quicialera o quicial de la puerta de la Joyería Yanez. Allí levantaron a mano Acta Fundacional del grupo Scout de Telde, comprometiéndose a sacarlo adelante costara lo que costara. A los pocos minutos pasaron a la casa de doña Nieves Ortega, madre de Fernando y allí en el despacho donde daba clases don Juan Ortega, pasaron a máquina el documento en cuestión. La noticia corrió como la pólvora, un grupo de menores de edad habían sido lo suficientemente valientes y sagaces para puentear a La Falange y, más concretamente a su organización juvenil, La O.J.E. (Organización Juvenil Española).
Sólo unos meses más tarde su número había crecido y se debía obtener el refrendo oficial necesario para ser reconocidos por el Movimiento Scout de España y también por el Internacional. Por la corta edad de los componentes del grupo fundador, pidieron la muy necesaria ayuda de José Francisco Ortega Ojeda, que solo contaba con 19 años de edad y al que todos admiraban y respetaban por su caballerosidad, digna de todo elogio y consideración. Aceptando el ruego de asumir la jefatura local Scout, se envía una carta, que a continuación reproducimos, a la territorial de Gran Canaria:
Telde, 6 de noviembre de 1966.
Sr. Bartolomé Sansó Rubert.
Las Palmas.
Muy estimado señor:
El año pasado se fundó en Telde un grupo scout con cuatro miembros más el capellán-jefe de grupo. Lo inició un alumno del Colegio Corazón de María, José Ortega Ojeda, perteneciente al grupo scout en grado de subjefe de tropa de dicho centro.
Después de trece meses de ininterrumpida actividad y colaboración entre todos sus miembros, constituyen actualmente el grupo 16 scout más el capellán jefe de grupo Rvdo. Juan Espino, el subjefe Manuel López Ruíz, de 25 años, y el jefe de tropa José Francisco Ortega Ojeda, de 19 años.
Ahora nuestra gran ilusión consiste, en que después de este periodo de madurez nuestro grupo sea reconocido por usted, como Comisionado de Distrito, a fin de gozar de los derechos correspondientes […].
Mientras todo esto sucedía los Scout teldenses, con más voluntad que medios a su alcance, se iban formando en el Escoutismo. Ya formaban un nutrido y bien avenido grupo, en el que participaban activamente los hermanos Pérez Falcón , José (Pepito) y Francisco (Paquito), Pablo Agustín Luis Florido, Juan Sánchez Martín, José Miguel Santana, Manuel Gil Arias, Pedro y Julio Ortega, Antonio Pérez Guzmán, Juan Pérez Oliva, Armenio y Francisco (Paco) Ortega Jiménez, Antonio Sosa Hernández, Narciso Pérez Guzmán, Antonio Martel, Diego Talavera Alemán, Sergio Sánchez, Marcos Ascanio, Gonzalo Suárez Sánchez, Javier Isla Arévalo, Francisco (Paco) Artiles Artiles y José (Pepe) Gomariz Manzano, Juan José Betancor Mayor, Antonio Mayor Toscano, José( Pepe) Isidro López Oliva, Antonio López Oliva, Miguel Macías. Poco a poco se fueron sumando nuevas camadas, formadas por: Diego Calzada Negrín, Luis Miguel García, Octavio López Ruíz, Miguel Calzada Negrín, José Manuel Macías Rocha, Luis Miguel Sastre, Juan Carlos Pérez Guzmán, Juan Carlos Hernández Peñate, Carmelo Santana, Mendoza, Luis Miguel García y, el mismo que esto escribe, Antonio María González Padrón. Muchos de ellos llegaron a ocupar cargos de responsabilidad, tanto a nivel local como insular. Y todos, absolutamente todos, cumplieron fielmente y con creces su Juramento Scout. A todos ellos los recuerdo con gran aprecio y yo diría que hasta cariño. Hay otros que veo sus caras, pero no recuerdo nombres y apellidos y, por mucho esfuerzo que he hecho en mi labor investigadora, no los he podido traer al presente, por lo que rogaría a mis lectores que me pudieran informar al efecto. De antemano, pido disculpas por mis limitaciones, hijas de la memoria y ausentes de toda mala intención.
Si bien nacieron en la calle, pronto contaron con la generosa aportación de doña Mima Castro, más conocida como la viuda del médico Brito, quien les dejó de forma totalmente gratuita una amplia habitación en el piso bajo de su mansión sanjuanera. Allí se creó la primera guarida . que no solo sirvió de lugar de reunión y sede oficial del grupo, sino que además era lugar de esparcimiento de éstos y otros jóvenes que más tarde se unirían a ellos. Cada tarde doña Mima les invitaba a una suculenta merienda que era un atractivo más a asistir a aquellas primeras convocatorias. Gracias a ella y a su hijo Juansi, años más tarde, afamado ginecólogo, se pudo desarrollar el escoutismo en Telde.
Ante las pegas que ponían las autoridades locales y el Gobierno Civil Provincial para la autorización definitiva del nuevo grupo de jóvenes exploradores, como se empeñaban en calificarlos para no tener que admitir que el Movimiento Scout era una realidad patente y en aumento, tuvieron que pedir, al Señor Obispo de la Diócesis, Monseñor don Antonio Infantes Florido, a través del cura párroco de San Gregorio Taumaturgo, don José Díaz Alemán, que los tomara bajo su paternal protección. Dicho ruego fue admitido con prontitud y los Scout en respuesta agradecida se pasaron a llamar Boys-Scout San Gregorio, haciendo más patente su vinculación a los llamados Movimiento Scout Católico de España.
El mismo párroco, sintiendo las necesidades de los jóvenes Scout de tener una sede oficial, les proporcionó un amplio solar, antigua huerta de la casa Parroquial de Los Llanos, cuya acceso principal lo tenía por la calle Calderín López. No todo se había conseguido, nada se daba por terminado. A diferencia de los niños y jóvenes de ahora, si querías algo, previamente tenías que sudarlo. Primeramente hubo que limpiar el pequeño terreno, éste, desde hace décadas, había servido como potrero o trastero de la Casa Parroquial y del propio templo. Allí se encontró de todo: Montones de excrementos de palomas, animales putrefactos o ya momificados (Palomas, pájaros, ratas, gatos, etc.), restos de tallas escultóricas de Santos y Vírgenes, pocos pero significativos, restos de antiguos retablos, altares y púlpito, destartaladas sillas y sillones, viejas cortinas putrefactas, manteles hechos jirones. Todo ello acompañando a una esquina que hacía de vertedero de la basura doméstica de los Señores Curas. Con las manos y mucha voluntad, alguna que otra pala y cestas, tras varios días o más de dos o tres semanas todo quedó despejado y limpio. Después del penoso y maloliente trabajo, vino el de nivelar el terreno para que permitiera en dos alturas, hacer una rampa de entrada y dos bancales planos para ahí establecer las dos dependencias principales, que con posterioridad serían tres: Una para el Grupo los Águilas, otra para Los Lobos y, la más reducidas en tamaño para Los Lobatos (Los más pequeños). Todos estos habitáculos se hicieran a base de reciclar maderas de muy variada procedencia, a base de clavar clavos y tachas, regalados generosamente por la cercana Ferretería de don Manuel López. El escaso mobiliario estaba formado por cajones de madera de coñac Fundador y, también por troncos de palmera, previamente cortados a 50 cm. de altura, algunos de ellos tapizados con arpilleras de sacos de papas. Como verán nuestros estimados lectores no nos faltaba creatividad. Así con muchísima ilusión dimos forma a nuestro segundo hogar, al que invitábamos a amigos y conocidos, orgullosos de haber conseguido un lugar más que confortable.
En otro orden de cosas se adquirieron, gracias al altruismo de algunos padres los fieltros para realizar las banderolas que llevarían, como señales identificadores, muy en alto los diferentes grupos. Estos elementos tan significativos fueron bordados a mano por Candelaria Peña conocida por Callita madre de Francisco Díaz Peña, que hizo una labor de indudable labor artístico, en donde no solo puso oficio, sino amor por su hijo y los amigos Scouts de éste.
La primera caseta de lona para acampar, por supuesto no impermeable, era de simple tela de color azul. Cuando llovía, gracias a Dios lo hacía, se empapaba de tal manera que te mojabas mucho más bajo ella que fuera de su protección. Con gran solemnidad se reseñó en las primeras memorias del Escoutismo teldense que tal artilugio, compuesto por una sola pieza de tejido y muchos y pesados tubos además de las consabidas cuerdas y tachones o cuñas, que formaban los vientos, habían sido enviados bajo la más estricta exclusividad para las columnas como así mismo se llamaban los cuatro fundadores. Los tejidos empleados para confeccionar las camisas y pantalones cortos de los uniformes se adquirían en la tienda de mi padre, Luis González Pérez y se realizaban totalmente a mano, gracias a la destreza del experto sastre de la calle María Encarnación Navarro, don Francisco Luis Toledo. Habían algunos que tenían la suerte de que sus madres o hermanas tuvieran el título de Corte y Confección y fueran poseedoras de una máquina de coser. En este último caso todo quedaba en casa, con gran ahorro para la familia. Las insignias formadas por la célebre Flor de Lis Blanca y el lema Siempre Listo para Servir, destinadas a ir prendidas sobre sombrero y pecho, así como la hebilla del cinturón, se adquirían en Barcelona y, fue también la Ciudad Condal la proveedora de los bellos y peculiares sombreros de fieltro Marrón. Ni decir tiene que eran pocos los agraciados con la totalidad del uniforme, a quien no le faltaba una cosa, le faltaba otra u otras, pero lo cierto es que siempre sobró ilusión.
En otro orden de cosas debemos reseñar, que por muy bien que estuviéramos en nuestras respectivas guarias, el espíritu intrépido que nos animaba era el de ser verdaderos exploradores de la Naturaleza. A diferencia de la O.J.E., la oficialista Organización Juvenil Española, los Scouts no teníamos campamentos prestablecidos, como era el caso del popular del Pinar de Tamadaba. Nosotros teníamos que agenciárnosla como bien pudiéramos e improvisar campamentos en algunos parajes realmente idílicos, tales como: en El Barranco de Los Cernícalos, junto al curso de las Aguas de Castillo, que dotaba al lugar de arboleda, ñameras y toda clase de retamas y demás arbustos. El también Barranco de Guayadeque, entre cañaverales y un curso de agua estrecho y serpenteante, que nos hacía extremadamente libres y realizados. Fue en el lugar conocido por Las Lagunetas, en donde un sueño largamente esperado, se hizo realidad: La reunión magna de los diferentes Grupos Scouts de Gran Canaria. Fueron unas jornadas memorables, en donde los teldenses tuvimos un papel sobresaliente y fuimos felicitados por ello. Pero sin duda alguna, fue en La Finca de La Condesa en el Valle de Jinámar, en donde más y mejores estancias tuvimos. La protección de la Condesa Viuda de La Vega Grande, Doña Teresa Rivero, nos permitió encontrar un sitio seguro para desarrollar nuestra vida al aire libre, bien bajo los frondosos palmerales o los grandes eucaliptos y laureles de indias con que contaba su enorme propiedad agrícola. Allí celebrábamos los más diversos juegos y hacíamos talleres, en donde aprendíamos muchas cosas necesarias para nuestra formación, tanto material como espiritual (hacer fuego sin fósforos o cerillas, solo valiéndonos de piedras o trozos de madera con algún pajume o rastrojo de hierba; realizar todos los nudos y lazos posibles; aprender a coser con agujas gruesas de tapicero; realizar varios platos de comida tan económica como contundente; filtrar aguas para hacerlas potables; a vigilar los cielos para saber identificar las más diversas constelaciones y principales estrellas, así como a utilizar la brújula, tan necesaria en nuestros desplazamientos por la Isla; y así un largo etcétera. También, como no, a repasar las obras literarias en donde se explicaba con detenimiento el conjunto de normas que formaban el Espíritu Scouts. Los jefes, el ya mentado José -Pepe- Ortega Ojeda, Manuel (Manolo) López Ruíz y Antonio Sosa Hernández, Narciso Pérez Guzmán, nos transmitían los valores que debían formar parte intrínseca de nuestra existencia, pues después de hacer nuestra promesa formar, jamás dejaríamos de ser Scout, aunque llegados a cierta edad pasaríamos a formar parte del Muy Honorable Cuerpo de los Caballeros Scouts. Aunque otros no lo practicaran, nosotros debíamos ser ejemplo vivos y parlantes del respeto a la dignidad humana y para ello nos debíamos esmerar en practicar la concordia, entre razas, religiones e idearios políticos. Sir Baden-Powell, deseaba para sus chicos que amaran la Naturaleza en todos sus extremos y, a través de ella, al Género Humano.
Los diferentes capellanes que tuvimos, imbuidos de las enseñanzas del Vaticano II nos predicaban, una y otra vez el respeto a todo lo creado, la rotundidad de nuestra opción por los más pobres y necesitados, el ecumenismo y todo ello pasado en los más genuinos valores de la honestidad y la coherencia ideológica. Tras la consabida Eucaristía se realizaba, con toda solemnidad, el Acto de Juramento, en donde los jefes tomaban el deseo de los neófitos de convertirse en Scouts, prometiendo o jurando cumplir con todos los mandamiento del Movimiento Scouts Internacional. Muy a mi pesar no pude hacer mi juramento con el resto de mis compañeros de edad. Entonces estaba interno en el Colegio de La Salle de Arucas y, precisamente, ese fin de semana me penaron no dejándome salir, el motivo no fue otro que haber suspendido tres asignaturas, en los exámenes que periódicamente nos hacían.
¡Siempre listos para servir! Bajo ese rotundo y claro lema, todos fuimos convocados a hacer un mundo mejor. Desde el principio tuvimos entre nuestras filas a niños y chicos de toda clase y condición social. Jamás rehuimos de nuestros deberes ciudadanos y, a pesar de nuestras cortas edades, visitábamos con frecuencia, por lo menos anualmente, la Cárcel Provincial, los Orfanatos, los Asilos de ancianos, los Hospitales y demás centros de acogida. Contribuimos a la solidaridad navideña potenciando la recogida y distribución de juguetes para niños, que hoy llamaríamos de familias con clara exclusión social y que, por entonces, se calificaban estigmáticamente como pobres de solemnidad.
Debemos reconocer que a diferencia de Inglaterra y otros países, y también de Cataluña, nuestra vida de Scout fue reservada sólo a varones , defecto éste, que mucho más tarde sería subsanado, pero para ello debían pasar varios lustros. No obstante, los jóvenes Scouts teldenses, queriendo sociabilizar con las chicas de su edad, se reunían en el ya mentado callejón de Tomas Morales, muy cercano a la Plaza de Los Llanos. Allí y debido a la confluencia de varios establecimientos comerciales, así como a sus múltiples actividades sociales se llegó a poner dos grandes carteles, uno a la entrada y otro a la salida de dicha rúa, en donde se anunciaba con letra grande y de molde: ¡Bienvenidos al Callejón City! Para guateques y merendolas Julio Cesar González y sus amigos más íntimos , entre los que se encontraban los ya citados y Pablo Agustín Luis Florido, crearon el Club Yeyé, en la azotea de la casa familiar del primero, habilitando para tal fin un antiguo y amplio gallinero de techumbre de uralita, cuyas paredes fueron debidamente adornadas con banderines y posters de famosos grupos y cantantes de la época, así como algún que otro grafitis con eslogan en inglés como love is love. En un armario empotrado en la pared se guardaba como gran tesoro un Picap o tocadiscos de vinilo y algo más tarde en un alarde de verdadera modernidad, se llegó a tener un magnetofón. Sirviéndose de varios bombillos cubiertos de papel fino de colores se creaba un ambiente propio de las mejores discotecas del Sur de la Isla.
En otro orden de cosas, se participó en todos aquellos eventos y actividades sociales que podían repercutir positivamente en la vida ciudadana y así, bajo el beneplácito de nuestro querido Alcalde, don Manuel Amador Rodríguez, se participó en las primeras grandes cabalgatas de Reyes y también en las primeras de Carnaval. En ambas actividades los Scouts de Telde dieron muestra de su valía. Si en la primera ahondaron en el Misterio de los tres Reyes Magos, en la segunda con sarcasmo cargado de buen humor, utilizaron una camilla que portaban cuatro enfermeros de bata blanca; sobre ésta un féretro, en cuyo interior un muerto cubierto de vendas, resucitaba de vez en cuando extrayendo con su mano derecha un fémur, ante las carcajadas generales de los asistentes ¿Era puro divertimento o sagaz crítica a la Seguridad Social? No es de extrañar porqie si algo teníamos de positivo, además de nuestra amante militancia naturalista, hoy diríamos ecologista, fue nuestro espíritu critico y nuestro posicionamiento para alcanzar mayores cotas de Justicia Social. Muchos de nosotros, movidos por las ansias de crear un mundo mejor terminamos nuestros estudios universitarios y otros se convirtieron en excelentes profesionales en los diferentes campos laborales, si algo nos distinguió fue nuestra incansable búsqueda de la excelencia.
Siempre estuvimos convencidos que el Scoutismo era una Verdadera Escuela de Vida y, por lo tanto trascendía de simples entretenimientos y juegos de niños/jóvenes. Según nos íbamos a la Península o a Tenerife para iniciar nuestras respectivas carreras universitarias, decreció en parte nuestra actividad real. Mas jamás nos desvinculamos de lo que había sido una de las etapas más entrañables y decisivas de nuestras vidas. Hoy caballeros Scouts, fresando entre los setenta y ochenta años.
Antonio María González Padrón es cronista oficial de Telde desde 1985 y licenciado en Geografía e Historia.






















Jose Espino | Jueves, 27 de Noviembre de 2025 a las 12:34:06 horas
Qué recuerdos más bonitos, yo era muy chico pero acompañaba a mis tíos Manolo y Octavio( QEPD) López Ruiz a la vieja casa al lado de la iglesia de San Gregorio, cuántas perecerías le hicimos a Manolito Guerra el monaguillo de la parroquia, no todo era la OJE en aquellos tiempos aunque los SCOUTS no les regalaron nada , más bien todo lo contrario debido al régimen franquista qué no veía con buenos ojos éste movimiento internacional qué la hacía mucha sombra a la organización juvenil de la falange.
Muchas gracias Antonio por este gran artículo, me llevan a otra época
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