
Cuando el mar se convierte en negocio: el modelo extractivista de las jaulas marinas y la costa Este de Gran Canaria
En la costa Este de Gran Canaria, frente a Melenara, Salinetas, Tufia y Ojos de Garza, Arinaga, Pozo Izquierdo y Castillo del Romeral, se encuentra uno de los ejemplos más claros del modelo de desarrollo colonialista del siglo XXI: el mar como plataforma de negocio para fondos de inversión internacionales. La empresa Aquanaria —participada por el fondo de capital riesgo MCH— obtiene enormes beneficios gracias a una actividad acuícola intensiva que utiliza recursos naturales canarios como si fueran ilimitados: las corrientes marinas, los vientos alisios y el espacio marino público, transformados en un polígono industrial sumergido.
Su producto —lubina “premium” para restaurantes gourmet nacionales e internacionales— se vende como ejemplo de excelencia culinaria y sostenibilidad. Sin embargo, vecinos y vecinas de la costa de Telde denuncian desde hace más de 20 años la llegada recurrente de restos de pienso, residuos grasientos, peces muertos y malos olores a las playas. Las imágenes tomadas en septiembre y octubre de 2025, con vientos Sur-Sureste, son el último ejemplo de un problema que nunca ha sido atendido con rigor por parte de las administraciones públicas.
De la narrativa del “vertido químico” a los procesos naturales ignorados
Recientemente, se ha difundido la hipótesis de un supuesto “vertido químico” que habría causado la muerte masiva de lubinas. Sin embargo, especialistas y ciudadanos señalan otra posibilidad: el colapso del oxígeno y la generación de ácido sulfhídrico como resultado de la degradación anaeróbica de residuos orgánicos procedentes de las propias jaulas, especialmente bajo episodios prolongados de calma marina que impiden la dispersión y oxigenación del agua.
Es decir:
Las condiciones naturales de Canarias (calmas de septiembre-octubre) + residuos acumulados bajo las jaulas ⟶ Degradación anaeróbica y generación de sulfhídrico → mortandad de peces.
Esta hipótesis —que coincide con lo que la ciencia lleva décadas documentando en cultivos intensivos marinos— merece ser investigada con transparencia. La narrativa del “vertido externo” podría ser una cortina de humo que desvía el foco sobre el verdadero problema: el modelo productivo y su impacto crónico sobre el medio marino canario.
Una pregunta incómoda
¿Quién asume los beneficios y quién paga los costes ambientales?
Si se confirma la hipótesis de la autogeneración de contaminación orgánica, estaríamos ante un caso paradigmático: beneficio privado permanente con coste ambiental y sanitario público
Y lo más preocupante: hay indicios de que la empresa podría solicitar indemnizaciones por daños… precisamente por los efectos ambientales derivados de su propia actividad.
Instituciones que escuchan más al capital que al territorio
Mientras la ciudadanía lleva décadas alertando de episodios contaminantes, las administraciones han mostrado una actitud más defensiva que preventiva. Colectivos vecinales llevan 20 años denunciando impactos sobre playas, fondos marinos y espacios protegidos… y siguen sin respuesta clara ni mecanismos de vigilancia ambiental independiente.
Resulta inaceptable que se atienda antes al inversor que al vecino. La defensa del mar no es una opinión: es un derecho humano y ambiental reconocido internacionalmente.
¿Hacia dónde queremos ir? — Una propuesta para Canarias
Investigación independiente e inmediata sobre los episodios de 2025.
Moratoria y revisión de concesiones acuícolas en la costa de Gran Canaria.
Alejamiento o retirada progresiva de jaulas marinas cercanas al litoral.
Plan de restauración marina participativo y transparente.
Modelo alternativo basado en acuicultura extensiva y economía azul justa.
Porque el mar es nuestra herencia y no su negocio
Canarias no debe ser un laboratorio de experimentos industriales financiados por fondos de inversión. El mar es cultura, alimento, salud y memoria colectiva. Queremos un modelo que ponga la vida por delante del capital.
El debate no es solo técnico. Es político y ético.
Y ya ha empezado.
Consuelo Jorges López es presidenta del Colectivo Turcón-Ecologistas en Acción.






























Pelayo | Domingo, 23 de Noviembre de 2025 a las 11:20:11 horas
La acuicultura industrial no tiene nada de sostenible ni de ecológica por más que algunos políticos isleños nos quieran vender una milonga. Para obtener un kilo de lubina hacen falta entre 5 a 7 kilos de Anchoveta del Perú para fabricar los piensos, es decir se están esquilmando los mares, por otra parte a los piensos se les añaden otros componentes como aceites vegetales, cerdo y ultimamente insectos por no hablar del peligro de los antibioticos. La realidad es que se alimentarian muchas más personas con esos 7 kilos de Anchovetas que con un kilo de lubina y aparte de eso haganse una pregunta ¿ que calidad tiene ese pescado de acuicultura para la salud humana ?. Por otra parte cuando se escapan lubinas de las jaulas, algo frecuente, estas lubinas depredan toda la vida marina autoctona, por algo las llaman los lobos del mar.
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