
El infierno es un concepto complejo que refleja los temores, esperanzas y valores de cada cultura. Ya sea como realidad literal, símbolo o mito, además de seguir siendo un tema de debate en teología, filosofía y psicología. Las distintas creencias utilizan los infiernos como conceptos que han sido parte de la cultura, la religión y la filosofía humana desde tiempos antiguos. Su interpretación varía según las diferentes tradiciones espirituales, religiones y corrientes de pensamiento.
Así como el cristianismo lo describe como un lugar de castigo eterno para los pecadores, en el islam sufren castigos hasta que Ala los perdone. En el hinduismo es un lugar temporal hasta la reencarnación. En el budismo también es temporal hasta que renazca en otros estados de existencia. En la mitología griega era el Hades, el reino de los muertos. Interpretaciones filosóficas y modernas ven el infierno como una metáfora del sufrimiento humano, ya sea en vida (angustia, remordimiento) o como consecuencia de nuestras acciones.
El infierno ha sido tema recurrente a lo largo de la historia de la humanidad, desde la literatura, el teatro, la ópera, la pintura, la escultura y la música que han explorado este concepto de diversas maneras según las creencias, las épocas y estilos artísticos. El infierno en el arte ha evolucionado desde las visiones religiosas y moralizantes hasta las interpretaciones más psicológicas y abstractas. Cada época y cultura ha plasmado sus miedos, creencias y advertencias sobre el castigo eterno, creando un legado visual tan rico como aterrador.
En un mundo globalizado y en guerra, se ha instaurado el infierno social, que es una realidad cada vez más palpable, donde las contradicciones del capitalismo, el imperialismo y las élites depredadoras se agudizan. La globalización, lejos de traer prosperidad compartida, ha exacerbado las desigualdades, convirtiendo a millones en víctimas de un sistema que prioriza el lucro sobre la dignidad humana. Ese infierno en la tierra lo crea las guerras, como herramienta de dominación. Conflictos actuales como los de Ucrania, Palestina, Sudan o el Sahel no son más que la expresión de la barbarie de un sistema que necesita expandirse a costa de sangre ajena. Es nuestro propio infierno, unos se enriquecen, mientras los pueblos sufren desplazamiento, hambre y muerte.
En estas crisis migratorias, el rostro humano de ese infierno es el de millones de refugiados que huyen de guerras, crisis climáticas y miseria, son el resultado directo de este orden depredador. Pero en lugar de solidaridad, encuentran muros, campos de detención y políticas xenófobas. No hace falta morir para conocer el infierno. Baste con nacer pobre, migrante, obrero o rebelde en este sistema. El capitalismo globalizado ha construido un orden basado en el dolor organizado, donde la miseria no es un accidente, sino el combustible de su riqueza. Frente a este infierno, los pueblos no se deben quedar quietos.
La salida no es la resignación, sino la organización. Durante muchísimos años, las creencias han jugado un papel preponderante para hacernos creer que el infierno, son el castigo a esos estados mentales de culpa, para cumplir las funciones de Moralidad - culpa y castigo; Teológica - la justicia divina; Existencial – el sentido del sufrimiento y la muerte. La diversidad de creencias sugiere que el infierno es una construcción humana, no una verdad universal... desde la acera de enfrente.
Gregorio Viera Vega fue concejal socialista en el Ayuntamiento de Telde























Olga Maria Rivero Santana | Lunes, 28 de Julio de 2025 a las 13:26:35 horas
Sin ninguna duda, ¡infiernos! están viviendo y sufriendo muchísimos seres humanos en este Mundo, por las acciones criminales de tantos tiranos)/demonios, con la "colaboración" de otros tantos!
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