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Sábado, 29 de Noviembre de 2025

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Colaboración

La crisis habitacional: de aquellos polvos, estos lodos

Xavier Aparici

XAVIER APARICI 2 Jueves, 10 de Julio de 2025 Tiempo de lectura: Actualizada Jueves, 10 de Julio de 2025 a las 16:58:24 horas

Las acciones vinculadas a la burbuja del ladrillo en España a principios de siglo y, tras el  hundimiento del sector financiero occidental, las políticas neoliberales “de austeridad” posteriores, han contribuido, en gran medida, al extraordinario crecimiento de los precios en las  viviendas de alquiler y a la clamorosa falta de viviendas sociales que se padece en presente. 

 

Porque, aunque antes del inicio del largo ciclo especulativo de auge de los precios de los  inmuebles (1997-2007) el negocio financiero se centraba en la concesión de crédito y,  prácticamente, no había parque inmobiliario bancario, el colapso inmobiliario provocó una  oleada masiva de impagos de hipotecas a particulares y de créditos a promotoras y al proceder la banca a ejecutar los propios inmuebles -las garantías de esos préstamos- se convirtió “de la  noche a la mañana”en la mayor inmobiliaria de España. Este sector, con CaixaBank a la cabeza,  ha llegado a acumular, aunque miles de ellos devaluados y de difícil venta, cerca de 100.000  millones de euros en activos inmobiliarios. Y, con estos recursos está multiplicando los ingresos. 

 

Y eso que durante la década dorada de la burbuja las grandes empresas del ladrillo y las  entidades financierasregistraron beneficios récord. Las macro constructoras, además de lucrarse  con los derivados de contar con una demanda insaciable, también se enriquecieron con la  revalorización especulativa del suelo urbanizable. Así mismo, la banca, a menudo con tasaciones  infladas y sin un análisis de riesgo riguroso, con la concesión masiva de hipotecas generó enormes beneficios que llegaron a representar cerca del 60% del total del crédito de la economía  española. Ingentes cantidades de dinero a beneficio exclusivo del gran accionariado y los altos  directivos de las entidades respectivas. 

 

Pasada la fase de privatización de enormes beneficios, la socialización de las inmensas pérdidas  consiguientes recayó, sobremanera, en las familias y pequeñas y medianas empresas, pues les  tocó asumir la práctica totalidad de los quebrantos. Y en el Estado, ya que en esta fase, de las  casi 400.000 viviendas vacías que existían, como el 80% las poseían las entidades financieras y muchas de ellas estaban en situación invendible, el gobierno nacional, con el objetivo de sanear  los balances de la banca impulsó la creación de la Sociedad de Gestión de Activos Procedentes  de la Reestructuración Bancaria (la Sareb) – conocida, popularmente, como el banco malo- para  cargar con un volumen de activos“tóxicos”valorado en más de 50.000 millones de euros. 

 

Del otro lado, muchas familias vieron cómo los ahorros de toda una vida se evaporaron al  haberlos invertido en unas viviendas que con el derrumbe inmobiliario se devaluaron en más de  un 40% (Como dijo el exministro de Economía y expresidente de Bankia Rodrigo Rato “Es el  mercado, amigo”). Y cientos de miles de ellas fueron desahuciadas, sin contemplaciones, al no  poder hacer frente a sus hipotecas. Además, al no permitir la legislación hipotecaria española la  dación de los inmuebles en pago, tras perder las viviendas, debieron seguir afrontando unas deudas con los bancos, considerables y a interés variable. 

 

La crisis inmobiliaria también abocó al cierre, solo en 2008, a unas 42.000 empresas en España,  principalmente, pymes del sector de la construcción y de actividades auxiliares vinculadas.  Consecuentemente, la destrucción de empleo en el sector de la construcción llegó a superar el  26% de del paro sobrevenido en la población activa. Al aumentar el desempleo drásticamente,  las familias trabajadoras no pudieron hacer frente al pago de sus hipotecas. Y, como es sabido,  las consecuencias fueron devastadoras: según estudios de la Plataforma de Afectados por la  Hipoteca (PAH) desde 2008 se han producido más de un millón de desahucios en España. 

 

En un paisaje aun salpicado de urbanizaciones fantasma y esqueletos de edificios sin terminar,  el reparto asimétrico de ganancias y pérdidas que, como resultado de las políticas neoliberales  aplicadas a rajatabla en España, se llevó a cabo provocó una profunda cicatriz en el tejido social  del país que perdura y por la que los ricos son aún más ricos, los pobres, más pobres y el estado  está endeudado como nunca.  

 

Y, hasta hoy, la construcción de viviendas sociales ha sido nimia. Entre otros motivos porque, a  pesar de que el accionariado de la Sareb es mayoritariamente público, el acceso por parte de las  administraciones públicas al enorme parque de viviendas que gestiona para destinarlas a  políticas de vivienda social ha sido y sigue siendo un proceso complejo y no exento de  dificultades ¿Por qué será?

 

 Xavier Aparici, filósofo y experto en gobernanza y participación.

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