Mirando nuestro entorno político, dos sentimientos entre otros, afloran sin remedio.
Tristeza, pues la “corrupción” es evidente que “no tiene ni ideología”, ni “color político”, por mucho que se le quiera “maquillar”, llamándola ahora “anécdotas” ni “minimizar” o “disculpar” con el clásico y ya cansino, del “tú más”.
Tristeza pues “las varas de medir”, cuyas normas las ponen, las modifican o directamente las quitan a conveniencia el gobierno de turno en el poder, no son las mismas.
Tristeza pues parecía que el “estado de derecho”, nuestra Democracia, realmente funcionaba y por eso fue posible una Moción de Censura, motivada también por supuestos casos de corrupción, donde se prometía y se comprometía una regeneración política para que este tipo de cosas no volvieran a ocurrir. ¡¿En serio……?!
Ahora y de pronto, ¡nada de eso vale! ¿Qué más se necesita “saber” o que “ocurra” para actuar con la misma “contundencia”; una palabra muy de moda, pero claramente “vacía de contenido”.
Decepción, porque lo que estamos viendo no es una actitud real de rechazo a éstos hechos, lo que llevaría a actuar de la misma manera que entonces se hizo.
Decepción, porque “los aparentes enfados” de los “socios” que mantienen a este gobierno, no lo son tanto, y sus únicos ideales, los cuales han manifestado sin ningún rubor, es “aprovechar” el momento de más debilidad de éste y “sacarle todo lo que puedan”, “mientras dure su resistencia”.
Decepción, porque “las alternativas” no ofrecen mejores y más claros “cambios” en este sentido, sino que siguen con la misma cantinela de todos: “corrupción cero” pero… “las tuyas han sido y son más”.
¡No, no es justo y por lo tanto, no podemos “conformarnos” con éste deprimente “panorama”!
¡A todos los militantes, simpatizantes y votantes de todos los partidos: reaccionen!, porque ante todo y sobre todo, son parte del pueblo, que es al final el verdadero perjudicado de todas estas basuras.
¡A toda la ciudadanía, independientemente de la ideología política que cada uno tenga, reaccionemos de forma libre, sin dejarnos manipular por nadie! porque nos jugamos nuestro futuro y el de las nuevas generaciones, un futuro con valores reales que se reflejen en el día a día y desde luego, en la política.
¡Tenemos derecho a decidir nosotros, qué queremos!
¡Tenemos derecho a tener voz real en lo que está pasando, pues los que nos representan o deberían, nos han fallado, y eso se tiene que poder hacer ¡votando!



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