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Lunes, 12 de Enero de 2026

Actualizada Domingo, 11 de Enero de 2026 a las 20:20:57 horas

Obligados a asumir costosas derramas para evitar el colapso del inmueble

La dura batalla para salvar su casa en La Garita a costa de un sacrificio económico

Vender para sobrevivir: así afrontan los vecinos del edificio Las Salinas las obras de emergencia

TELDEACTUALIDAD/Telde 8 Martes, 29 de Abril de 2025 Tiempo de lectura: Actualizada Martes, 29 de Abril de 2025 a las 17:21:04 horas
Edificio Las Salinas en La Garita/C7.Edificio Las Salinas en La Garita/C7.

La historia de Julia Martel, vecina del edificio Las Salinas en La Garita, Telde, es un ejemplo de lucha silenciosa contra la adversidad y el olvido institucional. Su vivienda, una de las más afectadas de todo el edificio que acoge a casi un centenar de familias, estuvo a punto de venirse abajo sin que durante años se atendieran sus reiteradas denuncias.

 

Desde 2014, Martel, que es dirigente vecinal de la zona, advirtió del deterioro estructural que presentaba su hogar: grietas alarmantes, humedades y el miedo constante a un posible derrumbe. "Vivía con la incertidumbre de que el techo se me viniera encima", relató en declaraciones a Herrera en COPE Gran Canaria. Durante mucho tiempo, apenas podía utilizar un 3% de su casa, viviendo entre la angustia y el temor, especialmente difícil mientras trataba de cuidar a su hija enferma.

 

Tras años de advertencias ignoradas y una gestión comunitaria que califica de "opaca" y "sin diálogo", las obras de refuerzo estructural finalmente se ejecutaron. El edificio fue apuntalado por fuera y dentro, y el riesgo de desplome se disipó. Sin embargo, el precio de esta salvación es enorme: Martel debe afrontar una derrama de 70.000 euros, pagando 10.000 euros cada tres meses. "Con mucho esfuerzo puedo asumirlo, pero hay vecinos que no tienen esa capacidad económica", lamenta.

 

El drama, además, ha golpeado a la comunidad entera. Varios propietarios han tenido que vender sus viviendas, aprovechando que la zona, cercana al litoral, resulta atractiva para el mercado de alquiler vacacional. Julia insiste en que "nadie se niega a pagar", pero reclama "más tiempo y comprensión" para quienes no pueden asumir el elevado coste de forma inmediata.

 

A pesar de todo, Julia se muestra agradecida porque lograron encontrar un arquitecto que entendió su situación y ayudó a salvar el edificio de un final mucho peor. "Nos dijeron incluso que tendríamos que pagar el derribo y la retirada de escombros", recuerda. Hoy, aunque exhausta, puede decir que su casa ya no está en riesgo, pero el precio emocional y económico ha sido altísimo.

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