
Y llego la Noche que, fue larga, larga y, ella estaba allí.
Y llego el día, lleno de recuerdos y de anécdotas y, ella estaba allí.
Y allí, amaneció, afanándose en recoger y ordenar los estragos de la feliz noche familiar vivida.
Y allí, seguía con su sonrisa interminable, con la que nos había escuchado, con la que nos había disculpado y, nos había comprendido, cuando los vapores del vino, se hicieron más que presentes.
Y allí, callada, pero incansable y diligente, la Madre, la Esposa, la Compañera, la Amiga, la que, con muy poco había conseguido un mucho, en la tradicional cena.
Y allí, estaba llena de regocijo, la que había logrado reunir, en torno a la mesa, a la familia.
Y allí, estaba la que había servido a la mesa, la que había repartido y, sentada entre todos, había estado pendiente del más mínimo detalle para subsanarlo.
Y allí estaba, la que cuando fue declinando la celebración navideña, callada y discretamente, recogía los restos esparcidos por la mesa.
Y allí, hoy, nos está esperando, con su imborrable sonrisa y la preocupación de si nos hemos recuperado de los excesos pasados.
¡Que dicha tenemos al tenerla a nuestro lado!.
Y, aunque no lo exterioricemos o no lo digamos, desde lo más profundo de nuestro corazón, les damos las gracias, gracias, muchas gracias.
Es divino estar cerca de ti.



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