
El papa Francisco ha supuesto una luz reverdecida desde 2013. Cuando la Gran Recesión de 2008 asoló al mundo a ambos lados del Atlántico, desatando múltiples crisis derivada de la originaria financiera, y con los matices por países que se quieran, como en España el estallido de la burbuja inmobiliaria, un mensaje cercano, renovado y que sabe conectar irradia Roma desde entonces. El papa Francisco es un comunicador. Y no solo eso sino que en más de una ocasión ha hecho autocrítica, por mucho que aún quede por realizarla en la Iglesia católica.
Ahora publica ‘La esperanza no defrauda nunca’ (Mensajero). Un libro que habrá que leer porque conecta asuntos
que están a la orden del día (desigualdad social, guerras, migración…) con la esperanza. Pero, ojo, una esperanza que no solo debe ser individual sino al tiempo colectiva. Una militancia de la esperanza superadora de los reveses cotidianos que afligen al alma que igualmente enganchen con el espacio de liberación de las ideas y compromisos fraternales transformadores del mundo. Esa es la misión cristiana ante la satanización que carcome los cimientos moralizantes de la persona.
La esperanza debe ser la pacífica arma de la revolución amorosa entre los prójimos que venza a la desgana, el mal, la sociedad de consumo, la prostitución de las mujeres, el maltrato, la miseria, la desazón de la clase trabajadora… Y está al servicio 24 horas, 365 días al año. Sea un anodino lunes por la tarde o en las fiestas de verano. La esperanza debe estar en el bolsillo para cualquier ocasión porque, a fin de cuentas, es la que acude en socorro ante el vacío existencial que sentimos a lo largo de nuestra existencia. La esperanza es, por tanto, palabra de vida, sembrador de la alegría que nunca debe ser robada.
Al tiempo, al papa Francisco le preocupa el genocidio que sufre el pueblo palestino. No quiere pasar a la posteridad con un recuerdo similar al que frente a la historia hoy el papa Pío XII queda sujeto al calor de su acción en medio de la Segunda Guerra Mundial. Lo que pasa en Palestina hace meses, con más de 40.000 asesinatos, tendrá su eco por varias generaciones, sus largas consecuencias que todavía no intuimos. Una atrocidad de semejante magnitud no puede quedar como un paréntesis olvidadizo del que despojarse la humanidad. Es imposible. Y hay terceros que luchan por que no nos demos cuenta en su debido momento, que es ya.
























Olga Maria Rivero Santana | Lunes, 18 de Noviembre de 2024 a las 08:04:24 horas
La Esperanza, una tarea siempre vital en nuestras vidas, que cada vez vemos más necesaria, a nivel individual y sobre todo, colectivo. Estamos a las puertas de un final de año y parece que todo o casi todo sigue igual o peor en nuestro mundo. Por éso, es cada vez más urgente que cada uno pongamos de nuestra para que ésta realidad Cambie, para que la Esperanza de un Mundo mejor, sea possible.
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