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Domingo, 30 de Noviembre de 2025

Actualizada Domingo, 30 de Noviembre de 2025 a las 00:27:43 horas

Caminando hacia la desmemoria (LXXXIII)

Los siempre olvidados

Reflexión del cronista oficial de Telde, Antonio María González Padrón, licenciado en Geografía e Historia

TELDEACTUALIDAD/Telde 2 Jueves, 25 de Julio de 2024 Tiempo de lectura: Actualizada Jueves, 25 de Julio de 2024 a las 20:14:20 horas

A lo largo de cincuenta y cinco semanas, hemos ido publicando otros tantos artículos que relataban las biografías de los más diversos personajes que, de una forma u otra, estaban vinculados con nuestra ciudad arzobispal. Desde los primeros conquistadores-colonizadores hasta los artistas más recientes, pasando por historiadores, poetas, profesores, artesanos, etc.

 

Hoy, ya era hora que escribiéramos sobre ellos. Aquellos que contribuyeron con su trabajo y, muchas veces con[Img #1000600] su sangre, a crear nuestra economía de post conquista. Nos referimos a aquellas mujeres y hombres traídos a la fuerza desde el Continente Africano. Éstos, podían ser de la Alta Mauritania, conocida entonces por Berbería o mucho más al sur, en pleno Golfo de Guinea. No importaba el color de sus pieles, fueran más claros o más oscuros, todos eran tratados de la misma despiadada manera, arrancados de sus familias, de sus tribus. Para ser traídos en los desgraciadamente famosos barcos negreros, hasta las diferentes islas que conforman nuestro Archipiélago. Según el profesor Dr. Lobo Cabrera de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Telde fue uno de los lugares con mayor número de esclavos dedicados en su mayor parte al cultivo de la caña de azúcar y su posterior manipulación, hasta convertirse en la preciada y cristalina materia. Entre ellos los había que se dedicaban a las labores domésticas, aunque no por ello serían tratados de mejor manera.

 

El actual Barrio de Los Llanos de San Gregorio, también llamado Los Llanos de Jaraquemada, tuvo un tercer nombre, que no pocas veces se ha querido ocultar: Berbería. De ahí deriva el nombre de una de sus calles, conocida en la actualidad por Barbería. En el pago teldense de San José de Las Longueras, unos muros de mampuesto, que aún hoy se conservan en pie, fueron identificados por el Dr. don Pedro Hernández Benítez como Casa para esclavos (O casa de esclavos), muy cerca del ingenio azucarero que Hernán García del Castillo, El Joven, poseía en aquel lugar. También ha sido estudiada la advocación que éstos africanos, tras ser convertidos al catolicismo le dispensaban a la Imagen de Nuestra Señora del Rosario. El mismo Hernández Benítez nos deja escrita para la memoria la célebre danza del fuego o las caracolas, que tenía lugar en la Plaza de la Iglesia de San Juan Bautista. Reseña el antiguo Cronista que el día de la Virgen se hacía una gran hoguera y, cuando ya solo quedaban los rescoldos de la misma, los esclavos que habían conseguido su libertad aquel año caminaban sobre las ascuas dando fuertes pisotadas. Y al tener numerosas caracolas y otros cachivaches en sus piernas, éstas hacían un sonido monorrítmico que servía de compás musical para la danza. Así querían agradecer a la Madre de Dios la tan ansiada libertad.

 

Familias enteras sobrevivieron a los siglos y, todavía en los años cuarenta, cincuenta y sesenta del pasado siglo, se podían ver por las calles teldenses gentes de razas negras descendientes de aquellos esclavos, a los que antes hacíamos alusión. Algunos apellidos que intencionadamente evitamos nombrar nos permiten identificar a esos descendientes

 

Las mujeres y hombres que conocieron en sus almas y en sus cuerpos la aberración infrahumana de la esclavitud, no quedaron olvidados del todo, pues en los Archivos Provinciales, Municipales, Catedralicio, Episcopal y Parroquiales aparecen en diferentes documentos, tales como actas de bautismos, matrimonios, defunciones o testamentarías. Así, conocemos muchos de sus nombres, que han quedado ampliamente recogidos en las obras del Dr. Don Emiliano Rodríguez Callejas y en las de anteriormente ya mentados Dr. Don Pedro Hernández Benítez y Dr. Don Manuel Lobo Cabrera, entre otros notables estudiosos del tema en cuestión.

 

Como homenaje póstumo a todos ellos, nombraremos a algunos cuantos, para que queden fijados perpetuamente en nuestras mentes:

Antoñillo de Moguer, Juan de Moguer el negro, Juan Berbea el negro, Juan Garita, el negro, Bartolomé, Miguel Fonte, Hernando Frangollo, Marquillos Loro, Dieguillo Loro, Pedro Falofe, Antón Relleno, Bartolomejo, Fernán Vicente, Antoñillo Ronquillo, Andrés, Fernan Vicente, Alonso Redondo, Luis, Lazarillo, Jorjete, Dominguillo, Antona. Otras veces hemos rogado, suplicado, pedido que por favor se nos hiciese caso.

 

Hoy exigimos de nuestras autoridades autonómicas, cabildicias y municipales que, tomando como solar para su ubicación una rotonda o cualquier otro lugar bien visible de Telde, se levante un monumento en honor y agradecimiento a todas esas gentes que, sometidos a los mayores y denigrantes trabajos, contribuyeron a nuestro desarrollo económico y cultural. Bien pudiera ser la gran rotonda que, al final de la avenida del Cabildo de Gran Canaria y junto al parque infantil de Pinocho, existe en la calle Roque. Es un lugar privilegiado para visibilizar un hecho de Memoria Histórica cuya deuda jamás ha sido pagada.

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