
Ayer al mediodía al salir de la oficina decidía caminando al coche si iba a almorzar a El Cubillo o me iba a casa. Si hubiese sido lo primero, antes de este lunes, probablemente nos hubiésemos cruzado en la cafetería o en la terraza. Y hubiéramos intercambiado unas palabras. Opté por irme directamente con los míos y justo al poco de entrar al domicilio me llega la noticia de TELDEACTUALIDAD por la que me entero que perdiste la vida al precipitarte en un coche en una ladera de 800 metros; allá en el sur, en los recovecos más agrestes e inaccesibles de las Tirajanas.
Fue leer el titular y ver tu foto, sin fuerzas para entrar al texto, y no supe cómo comunicárselo a mi gente, que también te conocía y te trató. De repente, te quedas paralizado, como si el tiempo no tuviera fuerza, te contraes, todo se vuelve minúsculo y percibes la incapacidad de palpar la existencia, como si todo fuera una paradójica nebulosa nítida que no se puede tocar. Como si nuestras voluntades enflaquecieran súbitamente ante algo mucho más grande que difícilmente pudiésemos ponerle nombre.
Te conocí hace solo unos meses. Precisamente, en la Estación de Servicios de El Cubillo. Un pariente le dijo al otro: es el hijo de Tony Benítez. Como una alegría que se comparte porque sabes que al que lo oye le va a retrotraer a buenos recuerdos, a otra época. En mi caso, era un espectador. Y te acercaste a hablar con nosotros. Nos contaste tu teoría por la cual escogías los números para comprar la lotería. Era todo tan extraño, tan hipnótico. Pronto entendí que algo no iba bien. Que alguna cosa te acontecía. Por mucha apariencia de congruencia que tuvieran tus palabras, algo no cuadraba. Pero te desenvolvías con una sonrisa que a veces denotaba firmeza y otras una lejana tristeza.
Te vi muy solo. Y hay soledades que gustan y otras que son el cumplimiento de una pena. Hace escasas jornadas volvimos a coincidir en la terraza de El Cubillo. Tú te sentabas en una mesa. Yo en otra. Pero estábamos a la misma altura de la fila en la terraza. Era la hora del almuerzo donde todos tratamos de poner orden a nuestros ajetreos, hacer balance y desconectar. Nos saludamos. Luego me contaste lo de la inmobiliaria y volví a vislumbrar en ti esa soledad al deambular. Ten por seguro que en El Cubillo ayer te recordaron. Y en Telde. Descansa en paz.

























Margarita | Jueves, 20 de Junio de 2024 a las 09:11:36 horas
Pues yo si entiendo estás palabras DEP
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