
La duda era quién ganaba pero, ante todo, con qué distancia con respecto al segundo. Alberto Núñez Feijóo cumple la tarea: 22 escaños sobre los 20 del PSOE. Y cuatro puntos porcentuales de diferencia en voto. En este aumento importante de los populares en relación al precedente de 2019 está la absorción de Ciudadanos. El bipartidismo está mejor que en 2014 cuando las elecciones europeas entonces atestiguaron la aparición de Podemos y un Ciudadanos en plena forma. En 2014, PP y PSOE no llegaron al 50% de los votos. Hoy el panorama es otro.
Por otro lado, la victoria de los populares permite a Feijóo marcar territorio frente al ‘ayusismo’. Nadie puede
arrebatarle el poder interno pues a la victoria de este domingo se le añade la de Galicia y el crecimiento en Cataluña. Eso sí, tampoco ha logrado el gran triunfo que cerrase la legislatura actual socialista.
Por lo tanto, el tablero es similar al de las elecciones generales de 2023. El PP gana pero sin mayoría absoluta, necesitando a Vox y, por ende, esa dependencia aleja a los partidos nacionalistas a pactar con Feijóo. Puede decirse que los populares van por buen camino en cuanto que están más cerca de La Moncloa pero las 176 actas no las acarician. Y es fruto no solo de Vox sino de que hay una nueva formación de corte populista de extrema derecha: Se acabó la fiesta (SALF). Sin estas dos siglas con representación efectiva, el PP barrería en las urnas. Con José María Aznar al mando, el PP aglutinaba a toda la derecha (liberales, conservadores, democratacristianos...) y era su gran logro. En la actualidad, no es así y Vox y SALF repelen a PNV y Junts.
El ganador es Feijóo. Pedro Sánchez resiste aunque no deja de ser una derrota. Lo suyo es que la legislatura prosiga su curso, con permiso de Cataluña. Ayer la participación fue escasa y las elecciones al Europarlamento son de segundo orden y, a la postre, el voto obedece a razones más variadas, no es tan estratégico como en unas generales.
¿Hay cambio de ciclo? Sí y no. Aún no está resuelta esa incógnita. Feijóo gana pero necesita achicar a Vox y SALF para que acceda a La Moncloa en la próxima ocasión. Si no fuese por Vox, Feijóo ya hubiese sido presidente del Gobierno gracias al nacionalismo vasco y/o catalán. ¿Razón? La derecha supera a la izquierda en el ámbito estatal. Pero los nacionalismos periféricos desempatan. Por eso Sánchez gobierna y Feijóo, incluso ganando, está en la oposición. El gallego dio un paso más este domingo. Queda trecho todavía del camino.
























LGSN | Lunes, 10 de Junio de 2024 a las 10:16:24 horas
"Sino de que hay una nueva formación de corte populista de extrema derecha: Se acabó la fiesta (SALF)".
Me gustaría saber de dónde saca esta conclusión. ¿Perseguir a corruptos, pederastas, violadores y asesinos le parece de extrema derecha? En qué mal lugar deja usted entonces a los simpatizantes de la izquierda.
Se trata de hacer justicia.
Podría informarse mejor antes de verter acusaciones falsas.
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