
Manuel Domínguez se ha precipitado en rechazar la denominada tasa turística o ecotasa (probablemente, tendría que ser un impuesto o aumento significativo del IGIC; y que pagaríamos todos). Y lo ha hecho no porque él esté en contra, que evidentemente lo está, sino por el momento que vivimos y el tablero político.
La manifestación del próximo 20 de abril convocada en las islas y que contará con concentraciones en puntos de
la península y el extranjero, supera (con creces) lo meramente partidista o de confrontación entre izquierda y derecha. Se está poniendo en tela de juicio, y con razón, que el monocultivo del turismo que caracteriza a la economía isleña no da todo lo que puede arrojar por sí mismo y, al tiempo, los réditos no quedan en Canarias. Dicho de otra forma, no se reparte la riqueza y los salarios son bajos pero también la propia patronal no controla el proceso productivo. Una lectura de blanco o negro no solo no es rigurosa sino que aísla al PP.
La dimensión de la problemática que sobreviene y sus derivadas políticas son tales, que hasta el propio Fernando Clavijo trata de contemporizar con el movimiento ciudadano. Una marea que tiene algo de 15M pues supera la expectación de las clásicas organizaciones en sí. Lo del sábado tendrá mucho de desahogo social. Y CC no va a ir en contra de este ánimo testado en la calle. No puede permitirse ese lujo. Por eso el paso dado por Manuel Domínguez no era necesario y juega en su contra. Si actúa con inteligencia, lo que le conviene es mantener un bajo perfil y dejar a Clavijo que acarree con la contestación ciudadana a la vez que CC digiere las contradicciones ideológicas.
Una cosa es que unas siglas, las del PP o la que sea, pretenda defender los posicionamiento de la patronal o quien se tercie (es legítimo, todos los partidos se deben a su público) y otra cosa es morir de éxito en el intento por no calcular las dimensiones de lo que te atenaza. La propia racanería patronal no la debe pagar el PP. El electorado de los populares es más amplio de lo que pueda pensar un grupo de empresarios. Y Manuel Domínguez, que ha sido alcalde de un municipio mediano como Los Realejos, lo sabe.
Cuanto más se encastille Manuel Domínguez en negar cualquier medida al respecto, más le aleja de Clavijo y acerca a este al PSOE. Se está dirimiendo el tejido productivo canario, nada más y nada menos. Y este dilema supera, con creces, la lucha de clases; que de por sí ya es asunto serio. Cuando se apela a que Canarias se agota y tiene un límite no solo es verdad sino que además rezuma que una mayoría social, unos más y otros menos, está siendo castigada. El PP no gana nada descolgándose del debate. Al contrario, pierde.
























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