Para poner fin a la epidemia de sida, ¡qué lideren las comunidades! A medida que se acercaba el Día Mundial del Sida, ONUSIDA ha instado a los gobiernos de todo el mundo a liberar el poder de las comunidades locales para liderar la lucha para poner fin al sida. En su nuevo informe, ¡que lideren las comunidades!, muestra que el sida puede dejar de ser una amenaza para la salud pública antes de 2030, pero solo si las comunidades de primera línea reciben todo el apoyo necesario de los gobiernos y los donantes.
Este 1 de diciembre llega en un momento decisivo. El número de muertes relacionadas con el sida ha disminuido en un 70 % desde 2004, cuando se registraron cifras récord, y el número de nuevas infecciones por el VIH es el más bajo desde la década de 1980 y a pesar de estos datos, el sida sigue cobrándose una vida cada minuto, es una amenaza para la salud pública y a más tardar en 2030 debiera ser erradicada
El camino que lleva a acabar con el sida pasa por las comunidades. Ese trayecto comprende desde conectar a las personas con los tratamientos y servicios y el apoyo, que necesitan hasta desplegar el activismo comunitario que impulsa la acción, para que todas las personas puedan hacer efectivo su derecho a la salud. Ganar la batalla contra el sida supone apoyar a quienes están en la primera línea de combate.
Esto significa que el liderazgo comunitario debe ser un eje central de los planes, programas, presupuestos y actividades de seguimiento en relación con el VIH. Para ello debemos eliminar los obstáculos al liderazgo comunitario y asegurar que los grupos locales de la sociedad civil tengan un espacio para llevar adelante su labor vital. Sobre todo, se necesita financiación. Para financiar plenamente la respuesta al sida en los países de ingreso bajo y mediano se necesitan más de 8.000 millones de dólares adicionales al año, son fondos para los programas locales dirigidos por personas que viven con el VIH y para las iniciativas de prevención dirigidas por las comunidades.
La defensa de la comunidad desde las calles hasta los tribunales y los parlamentos ha garantizado cambios revolucionarios en la política. La campaña de las comunidades ayudó a abrir el acceso a los medicamentos genéricos para el VIH, lo que condujo a reducciones considerables y sostenidas en el coste del tratamiento antirretroviral de 25.000 dólares por persona y año en 1995 a menos de 70 dólares en muchos de los países más afectados por el VIH a día de hoy.
«Las comunidades de todo el mundo han demostrado que están preparadas y dispuestas y que son capaces de liderar la ruta a seguir. Pero necesitan eliminar las barreras que obstaculizan su trabajo y disponer de los recursos adecuados para poder ampliar su contribución», así lo afirmaba en su informe de ONUSIDA, Winnie Byanyima, su directora ejecutiva. «Con demasiada frecuencia, los responsables de la toma de decisiones tratan a las comunidades como problemas que deben gestionarse, en lugar de ser reconocidas y apoyadas como líderes. Las comunidades no se interponen en la ruta a seguir, sino que iluminan la ruta para poner fin al sida».
Las comunidades son el vehículo del cambio que puede poner fin a las sistemáticas injusticias que siguen impulsando la transmisión del VIH. Se espera de nosotros que movamos montañas sin ningún apoyo financiero, así lo expresan los grupos de apoyo. Se supone que luchamos por un mundo más equitativo y tenemos la tarea de desmantelar el estigma, pero nos dejan fuera de debates que son cruciales. Estamos en un punto de inflexión. Las comunidades ya no pueden relegarse a la periferia. Ahora es el momento del liderazgo. El informe destaca cómo las comunidades están a la vanguardia de la innovación.





























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