
El vestuario ha quedado destartalado desde que la noche del lunes pasado Jonathan Viera confesara su decisión de marcharse en breve de la Unión Deportiva Las Palmas. El del barrio capitalino de La Feria dice que fue espontáneo al comunicarlo, que no lo había medido ni premeditado el escoger el momento. Las cosas surgieron como surgieron y la alegría de la victoria en el último instante frente al Celta de Vigo descorchó la sinceridad.
Pasan los días y es evidente que Miguel ángel Ramírez no controlaba la situación. Podría conocer las ganas de irse de Jonathan Viera, pero si así fue no se lo tomó en serio o le restó importancia. Prueba de ello es que ahora ha salido el entrenador amortiguando la noticia: García Pimienta no concibe el equipo sin Jonathan Viera. Tampoco la afición. Recordemos que hasta hace poco Viera era el reclamo de Miguel Ángel Ramírez para que la gente se abonara cuando el club transitaba por la Segunda División. Así de claro.
Cuidado cómo maneja esta situación Ramírez porque puede, a su modo, repetirse lo del culebrón de Quique Setién cuando manifestó que no renovaría y entonces se abrió una grieta que fue el principio del fin del conjunto amarillo en la máxima división. Viera no es un jugador cualquiera, es el estandarte. Si no está en el campo, se nota en el juego. Y si se va dejará una hemorragia emocional en las gradas. Aunque nadie sea imprescindible en el mundo del fútbol.
Esperemos que Ramírez actúe con inteligencia, que no se deje llevar por terceros que lo enfanguen, tal como aconteció con lo del exentrenador Setién. Entonces venció el criterio del cántabro precisamente porque Ramírez no entendió lo que esto significaba (su adiós) y el talento cuando se pierde lo acaba pagando caro el club o la empresa. Las personas valiosas hay que retenerlas. Y si no se logra tal fin, que no sea porque se intentase hasta el último aliento.
En ocasiones, estos trances acaban mal porque imperan las cuitas y recelos de otros que no asumen la capacidad del que puede irse y justo destaca. A Jonathan Viera hay que mimarlo. Que sea historia de la Unión Deportiva Las Palmas. Representa el fútbol canario. En su día, el Athletic de Bilbao dejó que la figura de Julen Guerrero (que fue tan leal con el equipo de la ría del Nervión) se fuera marchitando en el banquillo. Se fue apagando en el tramo final de su carrera como futbolista. Mereció otro desenlace. Para eso está la cantera de Lezama. Jonathan Viera es pueblo canario, sentimiento isleño. A ver cómo lo gestiona Miguel Ángel Ramírez.





























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