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Opinión

Cuando se juega a ser Dios

TA ofrece una reflexión del sociólogo José Carlos Martín Puig

JOSE CARLOS MARTIN 3 Sábado, 16 de Septiembre de 2023 Tiempo de lectura: Actualizada Sábado, 16 de Septiembre de 2023 a las 15:55:00 horas

Les reconozco de entrada que es incómodo y da hasta una cierta tristeza escribir unas líneas así para quien, en algún momento de mi vida, tuve en otra consideración. Como ocurre en otros campos de nuestra existencia, aquel que te llama la atención o te echa una bulla puede tenerte más estima que el que te hace una loa. Con ese espíritu, el de quien no quiere hacer daño, sino llamar a una reflexión que sirva de escarmiento, quiero dirigir este escrito.

 

Héctor Suárez ha querido jugar a ser Dios y lo han echado del reino. Justo es decir que su pecado no es nuevo. Diríamos incluso que es común, escandalosamente común y extendido. Se podría asegurar que, entre quienes tachan lo suyo de éticamente “mortal” esconden más de cien veniales equivalentes, pero tiran la piedra y hasta enseñan su mano orgullosos. 

 

Héctor, como árbitro que fue, sabe que no se puede alinear en un equipo a más de 11, que tirarse en el área fingiendo lo que no es, merece tarjeta amarilla y que, si encima te pones gallito, te pueden sacar la roja. También sabe que un jugador marrullero lo es siempre y que puede escapar un día, dos, pero que llegaría el día en que podría ver terminada su carrera. 

 

Un buen amigo, de esos que sí que son sabios, me dijo una vez uno de esos refranes nuestros del campo que tanta retranca esconden: “El principal problema de un listo es pensar que todos los demás son tontos”. Que gran verdad. 

 

Ir por la vida siendo un pollo, pero creyendo ser gallo, tiene el riesgo de perder las plumas por el camino. Ir por la vida creyendo ser el más listo, el más echado pa´lante, aquel que todo lo puede, incluso hasta lo que no debe, tiene su costo. 

 

Harían bien los regidores de Telde que quedan y los de otras instituciones, en aprender que no deben jugar a ser Dios, que no deben creerse listos en un reino de tontos, en no olvidar que jugar con fuego lleva a quemarse, en mirarse la mano con que tiran la piedra y la que esconden, en no creerse en ningún Olimpo porque al día siguiente pueden ser ángel caído.

 

El mayor pecado de Héctor ha sido siempre creer que en el juego de la ruleta siempre iba a tener premio seguro. Que le sirva de escarmiento y, a otros, de aviso a navegantes.

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