
Esta legislatura debe ser la de la cuestión territorial, la de la reforma ambiciosa del modelo, la de encarar (aun con todos los riesgos que conlleva) el principal dilema que tuvo entre sus manos el mismo poder constituyente del 78: la estructura territorial del Estado. Sin resolver esto, no habrá manera de estabilizar por un largo tiempo el sistema político. Al contrario, seguirá en la contracción del principio de legitimidad fruto de no ser capaz de regenerarse democráticamente. Continuaríamos en la decadencia de la Segunda Restauración borbónica cuyo desenlace desconocemos pero se aventura, cuando menos, una laguna repleta de incertidumbre que invita al caos político.
Parece que, por fin, el PSOE es consciente de esto. Ha tardado años en comenzar a serlo. Y digo parece. Todavía hay sectores mesetarios dentro del PSOE que se resisten, aún hay numerosas cortapisas para que una formación que forma parte del bipartidismo dinástico y sistémico del 78 se convenza de la necesidad y urgencia de la crisis constitucional. Es mucho más cómodo seguir instalados en la inercia del 78, aunque suponga (y no quieran verlo) que, antes o después, el precio será tremendamente oneroso para el centroizquierda.
El 23J ha dado una nueva oportunidad y hay que aprovecharla. La plurinacionalidad llama a la puerta. Las restauraciones borbónicas no ofrecen luz para dilemas futuros, sus reglas te encorsetan pues no dejan de erigirse como una fórmula del pasado cuyos rendimientos (al rescatarse) acaban por finiquitarse pasado un tiempo prudencial de cuatro décadas. La reforma constitucional es imperiosa.
El tema de la plurinacionalidad ha desgarrado al PSOE. Mientras imperaba las actitudes espoleadas por gestionar el poder y el cierre de filas, se han perdido enormes cuadros que era algo que distinguía precisamente al PSOE en su historia más reciente en democracia: ¿dónde están los Jordi Solé Tura de ahora? Él provino del PSUC pero acabó siendo ministro de Felipe González.
Si el PSOE no soluciona esta problemática quedará atado al 78 y, lo que es peor, al discurso imperante que le marca un PP atado, a su vez, por la extrema derecha. En momentos como este, cuando los sistemas políticos ahondan en sus crisis sistémicas, se entiende mejor la Historia de España del siglo XX y precedentes. Esto es lo que hay. Lo demás es querer no aceptar la realidad. Y esta es tozuda. El principio de realidad, más temprano que tarde, se impone. El 23J hubo un enorme susto. El mensaje de la ciudadanía, a tenor de una democracia parlamentaria, implica emprender la reforma territorial ante un modelo autonómico agotado. El ‘procés’ no fue un fenómeno puntual. España es plurinacional o no lo es.






























Roberto López | Martes, 05 de Septiembre de 2023 a las 09:04:22 horas
La "plurinacionalidad" es un cuento para milenials y gente poco leída en general. Un invento de cuatro caciques regionales del siglo XX gracias al que ahora viven como reyes sus "sucesores", no menos incapaces que sus ancestros. La ideología en la que se basan es xenófoba en extremo. España es una sola nación y punto y así lo demuestran sus más de 500 años de existencia. ¿Que hay diferencias entre los habitantes de unas y otras regiones? Díganme un solo país del mundo donde todos sus habitantes sean iguales..., no existe ninguno. En Europa, salvo la excepción de la ex Yugoslavia (triste heredera de la antigua URSS), se han apagado ipso facto todos los intentos, haberlos los ha habido, de independencia o secesión de cualquiera de los territorios de los países miembros de la CE. Y se han articulado los medios legales (que también los hay) para que esos políticos nacionalistas hayan quedado reducidos a la mínima expresión y, desde luego, no tengan ningún peso específico en las políticas de esos Estados. En esto es en lo que tendríamos que trabajar en España, en modificar la ley electoral e impedir que dos millones y medio de ciudadanos se impongan sobre la voluntad de cuarenta y tres millones. Claro y simple.
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