Blas y Alfredo Munguía son dos hermanos teldenses a los que encanta la pesca con caña. Esta tarde decidieron ir a practicar su afición en la zona de riscos situada a medio camino entre el Barranco de Silva y la playa de Aguadulce. Casi no lo cuentan.
Resulta que, según han relatado esta noche a TELDEACTUALIDAD con el susto aún metido en el cuerpo, cuando se encontraban tranquilamente en el lugar echando unos lances observaron impávidos, al filo de las 17.30 horas, como varios trozos de piezas de terrazo (pavimento) caen desde lo alto del acantilado a pocos metros de ellos, salvándose milagrosamente de sufrir lesiones de consideración dado el tamaño de los fragmentos y la altura desde los que fueron lanzados.
Cuando miran hacia arriba se percatan de la presencia de un grupo de adolescentes que parten a correr, sabedores de la fechoría que han cometido. Uno de los dos pescadores les persigue con el fin de darles captura y recriminarles su acción, pero no pudo alcanzarlos porque salieron huyendo raudo cauce arriba por el Barranco de Silva.
Tanto Blas como Alfredo se preguntaban esta noche cuando contaba a este periódico digital la odisea vivida “dónde están los padres de esos niños” y “qué enseñanzas han recibido” cuando han sido capaces de lanzar unos grandes trozos de pavimento que “nos podían haber matado o causar importantes daños”.


























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