TELDEACTUALIDAD
Telde.- Quince coches atacados a martillazos y numerosos robos en las viviendas del barrio. Los vecinos se enfrentan a una ola de inseguridad que ven crecer por momentos. Exigen más vigilancia.
Como una ola. Sí, suena a canción de Rocío Jurado, pero no tiene nada que ver. Con esas tres palabras definen las miembros de la Asociación de Vecinos Las Olas de Playa del Hombre el rebrote de robos y vandalismo que está cebándose con el barrio.
Ana Acedo, Goya Rodríguez y María Rosa Pérez dibujan al periódico Canarias7, en un reportaje firmado por Blanca Esther Oliver, la trayectoria del mal con una claridad cristalina. «Empezó en Jinámar, siguió por Marpequeña y ha llegado a nuestro barrio. Viene como una ola, como un tsunami, arrasándolo todo».
¿La última salvajada? Casi nada. Quince coches aparcados en la calle Góngora que alguien, al parecer armado con un martillo, se dedicó a dejar con los cristales destrozados, durante la mañana del domingo pasado, tal y como avanzó TELDEACTUALIDAD.
Y, por lo que cuentan los vecinos, parece que iba con prisa, porque si no veía nada a primera vista, no se esmeraba en buscar. Se llevó unas gafas y dejó un rastro de cabreo y de problemas de movilidad para sus víctimas.
Pero es que, días antes, las calles Bécquer, Quevedo y Pío Baroja también habían sido escenarios de ataques indiscriminados a los vehículos aparcados, con algún desvalijamiento incluido.
Y estas barrabasadas, aun siendo muy graves y lesivas, no se acercan ni por aproximación a los robos que están sufriendo los propietarios de las viviendas de la zona.
Las tres amigas dan buena muestra del sentir de la mayoría de los vecinos. «Estamos preocupados, porque está muy claro que nos están vigilando. En algunas ocasiones, han esperado a que los dueños de las casas salgan para entrar a robar y, para cuando ellos regresan, se encuentran la vivienda desvalijada. Parece que conocen perfectamente sus costumbres».
Muchos habitantes del barrio viven esta situación con estrés, incertidumbre y pesadumbre. «En ocasiones, llaman al timbre en horas de la madrugada. Supongo que será para ver si hay alguien o no. Aunque eso tampoco parece preocuparles demasiado, porque hace poco se vio a un hombre forzando la puerta de un garaje y salir huyendo cuando un vecino le descubrió. Pero siguió en sus trece y, al poco rato, consiguió robar en otro. Y todo sucedió a plena luz del día».
Aunque la presencia de los propietarios en las viviendas tampoco les acobarda. De hecho, también han entrado a robar con los dueños dentro de la casa.
Estos casos traen recuerdos amargos a María Rosa. «Hemos vuelto a los 80 y los 90, cuando las drogas duras proliferaban y los niveles de inseguridad eran muy altos. En mi casa entraron cuatro veces. En una ocasión, estaba sola y vi a dos hombres ya dentro. Empecé a gritar: ¡Roy, trae la escopeta! ¡Date prisa! Y salieron huyendo. Tuve sangre fría, pero pasé mucho miedo. Hoy estamos igual».
“La policía de barrio alejaría a los ladrones y daría tranquilidad”
Ana, María Rosa y Goya lo tienen claro. «Viendo la ola de vandalismo y bandidaje que tenemos, debería haber mucha más vigilancia policial en nuestro barrio». Las tres vecinas consideran que la implicación del Ayuntamiento ante este problema no está siendo la más adecuada. «Tenemos muy poco servicio policial y es a todas luces insuficiente para controlar la zona y poder hacer frente a todo lo que está pasando. El coche patrulla de la Policía pasa una o dos veces al día, como mucho; por ejemplo, en mi calle, que no tiene salida, ni siquiera se molesta en entrar», explica María Rosa.
Las amigas coinciden en reclamar que se vuelva a instaurar la figura del policía de barrio, porque consideran que su presencia en las calles tenía un efecto doble: por una parte, disuadía a los delincuentes de cometer fechorías y, por otra, daba tranquilidad y seguridad a los vecinos. «Se echa de menos la presencia policial. Sería una solución a muchos problemas».





























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