José Luis Morales (Agüimes, 1944), instalado en Madrid desde hace muchos años, irrumpió en la Transición como periodista. En un universo, el de los setenta y ochenta, en el que no había internet, ya deambulaban periodistas que no se amedrentaban en abordar temas incómodos como la represión franquista o los GAL del ‘felipismo’. Asuntos que a los medios impresos le resultaban incómodos y no les añadía beneficios a la cuenta de resultados. La revista ‘Interviú’ fue donde anidó periodísticamente el agüimense. José Luis Morales, rompedor y aguerrido, tuvo encima el acierto de publicar una novela titulada ‘Sima Jinámar’ por aquel entonces.
Tras una larga búsqueda de varios cursos, por desgracia muchos libros quedan en el camino fruto del olvido de las reediciones, hace poco logré un ejemplar de la novela de marras de segunda mano amén de El Rincón del Lector en Telde. Un resultado ansiado, fue en su día todo un éxito; a buen seguro, lo más destacado del agüimense.
José Luis Morales supo revelar, tras un largo silencio, a la sociedad canaria los atropellos de la dictadura en esta tierra nada más comenzar la Guerra Civil. Aquí no hubo batallas pero sí ajustes de cuentas por doquier y asesinatos de republicanos. Lo de la Sima de Jinámar (como lo de la Marfea) se sabía, desde Agaete al sur, y desde luego en Telde, pero al compás de las primeras bocanadas de aire fresco que trajo la democracia, José Luis Morales no dudó ni un instante en rescatar esa memoria de los represaliados al tiempo que despertaba la conciencia canaria en aquel periodo. Habló, noveló, lo que nadie se atrevió. Y es eso: una novela que, en realidad, y aunque puede aparentar otra cosa, no se ciñe a narrar los ‘paseos’ perpetrados por los falangistas. Aquellas ‘brigadas del amanecer’ dejaron numerosas viudas y huérfanos. La novela, en puridad, atraviesa el cosmos insular en el prolongado franquismo. Y aviva lo peor de la condición humana: el fanatismo, las envidias, las mezquindades… Esa maldita opresión que, eso sí, antes o después, no hay forma de contener. A la conciencia individual hay que sumarle la colectiva.
El Cabildo de Gran Canaria comienza los sondeos arqueológicos en la Sima de Jinámar. Otro agüimense, Antonio Morales, se ha comprometido a ello. A recuperar la dignidad y la memoria democrática ante la barbarie del golpismo. Ojalá los trabajos puedan llevarse a la mayor velocidad posible. Estamos en 2023 y esa sima aún retiene a los asesinados, sin identificar. Es un paso necesario, imprescindible para poner en su sitio uno de los renglones más oscuros de la Historia de Canarias. Toda una injusticia que, encima, estuvo postergada producto de que la dictadura no solo duró décadas sino que en la Transición tampoco hubo ánimo precisamente de reparar a los represaliados y a sus familias cuanto antes. Lo que ahora hace el Cabildo de Gran Canaria, tenía que haberse hecho hace mucho: cuando José Luis Morales entonó cómo fue el final de los años treinta en la isla y la ferocidad del franquismo. Su valentía antaño removió el temor enquistado en el resto.



























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