El disgusto en Ferraz crece a marchas forzadas. Los barones le abren una guerra interna a Pedro Sánchez al cuestionar su política desde Madrid hacia el conflicto catalán, heredado desde la época de Mariano Rajoy y su inmovilismo desde entonces. Si, al menos, el gallego hubiera aceptado negociar con Artur Mas, quizá nos hubiésemos hoy ahorrado muchos quebraderos de cabeza. Igual o más si el PP antes no hubiese hecho del anticatalanismo el arma arrojadiza desde la oposición, también con Rajoy, con sus mesas petitorias y el recurso de inconstitucionalidad planteado contra el Estatuto de Autonomía catalán.
Pero el pasado ya no tiene remedio. Y ocurre que la cuestión territorial divide por completo al PSOE. Catalunya y lo territorial, la plurinacionalidad en última instancia, resquebraja al PSOE. Hay territorios en los que la organización apuesta por esa pluralidad, otros se resisten a machamartillo porque saben que sus propios electorados autonómicos rechazan el órdago catalán. ¿Recuerdan el “a por ellos” que se jaleaba a la Guardia Civil cuando partía desde la meseta a Catalunya con motivo del 1 de octubre de 2017 y el intento de referéndum?
Antes o después, habrá que votar para pacificar el problema catalán. El Derecho Constitucional no abarca todo. Es un instrumento jurídico al servicio de la política. Pero el conflicto político ‘per se’, supera en ocasiones al propio Derecho. Es lo que precisamente distingue al Derecho Constitucional del Civil, Penal, Laboral… Del poder emana todo y, en función de cómo se constituya este, sobrevienen después crisis sistémicas o no.
Pedro Sánchez ha tenido que pagar un precio político, seguramente alto para alguien que en su ideario personal no está incrustada la idea de la plurinacionalidad en el Estado español. Con José Luis Rodríguez Zapatero era otro cantar. Sánchez es Madrid. Y Sánchez hará lo que necesite para resistir. Y sin ERC ni hubiera llegado en su día a La Moncloa ni hubiese continuado en el palacio presidencial. Sin ERC el PSOE no tiene recorrido. Y habría que añadir a EH Bildu, BNG, PNV… Esto a los barones le rechina. Les supera. No pueden con ello.
La única solución para el PSOE es persistir en la senda de la reforma territorial. La misma que ha torpedeado el PP desde hace más de una década. Y sí, habrá que votar aunque sea un referéndum de respaldo a un texto estatutario. Aunque habrá que ver si esto le es suficiente a ERC o ya es poco o llega tarde. Emiliano García-Page y Javier Lambán apuntan a Sánchez. Hay lío interno. Tanto Page como Lambán saben que se juegan aquí y ahora seguir en el poder en apenas cinco meses. Los intereses de los barones son opuestos a los de Sánchez. No hay manera de casarlos. Por la sencilla razón de que, subrayo, el tema territorial divide al socialismo. Y, en puridad, es lo que explica que la crisis del sistema del 78 sea la del PSOE y al revés. Se retroalimentan. Es estructural. Ya lo estamos viendo. Y observamos, no siendo menos, el rebumbio (y las consecuencias) de semejante desgarro interno.


























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