En breve, un año mal contado, no habrá representante del nacionalismo canario en el Congreso de los Diputados. CC no quiere repetir la alianza con NC. Por eso la actual diputada de CC, María Fernández, que sustituyó a Pedro Quevedo al correr la lista tras este renunciar, tal como ambas formaciones acordaron en 2019, busca refugio en el Cabildo de Gran Canaria a partir del próximo mayo. Por su parte, Ana Oramas retorna a la primera línea de la política isleña y, probablemente, CC no logre acta por la provincia de Santa Cruz de Tenerife a la Cámara Baja. Votaban a la lagunera, no a las siglas. Este es el panorama. Y, de hecho, ya hay sondeos que atestiguan que a día de hoy ninguna de las dos formaciones por sí mismas alcanzaría repetir acta.
ERC dispone de 13 escaños en el Congreso de los Diputados. No es ninguna broma. Es más, sin el respaldo de ERC, Pedro Sánchez no podría estar en La Moncloa. Así de real. Es la aritmética parlamentaria, la bendita democracia. Es verdad que las cuatro circunscripciones catalanas reparten muchos más diputados que las dos canarias. El tamaño de la circunscripción (escaños a repartir) de Barcelona es la segunda del Estado y, por ende, supera con creces a Las Palmas (8) y Santa Cruz de Tenerife (7). Todo ello atiende al criterio poblacional. Con todo, quedan muy lejos los 4 representantes de CC logrados en las elecciones generales de marzo de 2000.
La aparición de Unidas Podemos y de Vox, al postergar a Ciudadanos, hace que obtengan voz por las dos provincias canarias. Y estos, junto a PSOE y PP, se reparten la tarta parlamentaria. El nacionalismo canario no tiene el peso suficiente en el presente para asomarse a la Cámara Baja y, mucho menos, al Senado; salvo alguna isla en la que puedan arañar el senador, excluyendo a La Gomera donde domina Casimiro Curbelo (ASG).
Si la siguiente legislatura se antoja crucial, ¿cómo quedará el archipiélago al respecto? El nacionalismo canario no estará presente frente al desafío que sobreviene y tampoco participará del debate de la crisis constitucional a la que ya asistimos y que irá a más. En 1979, recién aprobada la Constitución, estaba Fernando Sagaseta (UPC). Encuestas en mano, actualmente hasta CC podría quedarse fuera de la capital del reino. Este es el tablero pero nadie reacciona.
A buen seguro, es producto de haber fomentado el nacionalismo instrumental (el qué hay de lo mío…) sobre el nacionalismo identitario. Y si encima no hay lengua propia, fruto de la exitosa conquista castellana que laminó casi todo, pues el reparto ideológico queda a expensas de la fragilidad. Ya Xabier Arzalluz advirtió que CC, como tal, no era nacionalista. Pero bien supo negociar CC con José María Aznar, aunque este dispusiera de mayoría absoluta durante su segundo mandato (2000-2004). Aquello fue en plena estabilidad sistémica y la economía iba como un tiro amén de la burbuja inmobiliaria, la especulación urbanística y el dinero barato dictado por el Banco Central Europeo. Ahora, con una crisis política de caballo, que se dibuja mayor en lontananza, el nacionalismo canario seguramente esté fuera de combate en Madrid tras la cita electoral de 2023.


























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