Más de 1.000 trabajadores de la cabecera ‘The New York Times’ han librado una huelga de un día, en búsqueda una mejora salarial y de las condiciones laborales. Realmente parece impensable visto desde España cuando el sector, que vive en crisis, lleva una década perpetrando un ERE tras otro sin apenas contestación interna. En las redacciones ha imperado el sálvese quien pueda y no se ha conocido movilizaciones que se anticiparan a los recortes. Se ha padecido cada ERE como un meteorito al que someterse, achantados ante la empresa editora de turno. Con todo, si la plantilla en ‘The New York Times’ hace lo que hace es porque, en el fondo, están convencidos de la rentabilidad del negocio. Que no será mucha ni tampoco la de la edad de oro del periodismo industrial, pero la hay por justa que sea. Invertir en periódicos nunca ha sido negocio directo, si acaso lo es en paralelo. Lo que sí asegura es influencia y a todos los actores (públicos y privados) les interesa tenerla.
Un periódico es un producto intelectual y, por ende, soporte (en papel y/o digital) de agitación y reflexión de ideas políticas, de política e ideología. ¿Cómo se compatibiliza esta premisa esencial con cotizar en bolsa cuando asistimos a una crisis sistémica? La realidad bursátil habla por sí sola: en seis meses la acción del Grupo Prisa (‘El País’, Cadena Ser…) ha pasado de 0,57 (10 de junio) a 0,32 (9 de diciembre) y la de Vocento (‘ABC’ y diversos rotativos regionales) de 0,86 (13 de junio) a 0,70 (9 de diciembre). El descenso en el caso del Grupo Prisa es mucho más acusado, pero descenso lo ha habido en ambos conglomerados mediáticos. Por ahora, Vocento dobla al Grupo Prisa.
El documental ‘Page One, un año en The New York Times’ (2011) fue ya un diagnóstico sobre lo que estaba ocurriendo. La Gran Recesión de 2008 junto a la digitalización lo estaba trastornando todo aunque no a la velocidad presente. Sin embargo, la pandemia y los meses de confinamiento han hecho que aquello que tenía que ocurrir en una década lo hiciese en tan solo un curso. En esas estamos.
Eso sí, siempre hay un lado positivo: el universo de oportunidades periodísticas que se abre es insondable. No para ganar dinero pero sí para el periodismo. La cobertura amén de internet y la instantaneidad ofrece posibles jamás imaginados. La problemática radica, para los consejeros delegados, en cómo lograr la rentabilidad. Pero no nos engañemos, salvo supuestos de cooperativa periodística y suscripción popular, lo general es que detrás de cada rotativo concurran agentes que aportan dinero cada año para asegurar su sostenibilidad presupuestaria. Es normal. Por eso los periódicos tienen una línea editorial y no otra. En este rebumbio enorme en el que coexisten los periódicos está en juego un punto de inflexión que decantará la balanza, es obvio que se aguardan mayores transformaciones por sobrevenir. Ni siquiera somos capaces de otear muchas de ellas. Pero la huelga, en última instancia, por dolorosa que sea, indica que hay vida.


























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