El tiempo pone las cosas en su sitio. Hace mucho que Paulino Rivero sonaba como presidente potencial del Club Deportivo Tenerife y, sin embargo, nunca llegaba a cuajar. Razón: el ‘clavijismo’ se lo impedía.
El de El Sauzal ha sido siempre visto dentro de ATI como alguien que era de los suyos pero sin ser de la misma estirpe: esa raíz estrictamente lagunera y santacrucera desde la época que arribaron tras el derrumbe de la UCD. Esa CC, de pretendido linaje, aterriza en la derecha insularista tras el adiós de Adolfo Suárez. Mientras en Gran Canaria los ‘suaristas’ (léase Lorenzo Olarte) seguirían siéndoles fiel en el CDS, en Tenerife muchos optaron por un insularismo conservador (que no nacionalista) desde primera hora. Así pues, hoy que Fernando Clavijo ya no está en la Presidencia, es cuando la operación Rivero se hace patente.
Miguel Concepción, empresario palmero lindado a la obra pública, ha sido el mandamás del club desde 2007. La cuestión judicial de los descuentos por residencia de Islas Airways fue lo que le puso en la rampa de salida. Y es aquí, ante un vacío presidencial, que se mascullaba desde hace un periodo, de nuevo, la posibilidad de Paulino Rivero; que goza de la confianza (recíproca, mutua) del propio Concepción como de otros accionistas. De tal modo, el expresidente del Gobierno de Canarias llegará a los despachos del balompié tinerfeño con la vitola de persona de consenso que nadie cuestiona. Insisto, algo que hace muy poco, hasta 2019 con Clavijo en el poder, se hubiera antojado imposible.
Ciertamente, el sauzalero no tenía necesidad de meterse en estos embrollos. Sobre todo, tras su etapa en Naviera Armas, lo fácil era recluirse en el ámbito personal. Rivero es un hombre serio, que pondrá orden en la planificación de un club que transita lo mejor que puede por la Segunda División. Tendrá en mente un plan trazado a medio plazo en el que no quepan las prisas. Y es que las malditas prisas impuestas por el ritmo frenético de este negocio pueden ser su peor enemigo. Y no tardaremos en ver que las primeras críticas, que vendrán de los de siempre, consistirán, en última instancia, en los resultados inmediatos en aras de quemarlo en la Presidencia y aludir a un supuesto bluf.
Ojalá no cometan el error de la mudanza del estadio. En Gran Canaria seguimos añorando el Insular y acordándonos del error que fue irse a Siete Palmas. Eso no tiene arreglo. Pero en Tenerife el debate está abierto a son de que el titular de la institución insular, el socialista Pedro Martín, dejó la puerta abierta. El Heliodoro Rodríguez López es un estadio urbano, de los que cortan el centro neurálgico los días de partido. Eso genera un ambientazo que es inescindible al fútbol. Es acogedor aunque de graderío vertical muy acusado. Lo mejor que podrían hacer es, si procede, reformarlo. Pero nada de mudanzas. Que Rivero se haga cargo del Club Deportivo Tenerife genera expectativas y, de paso, silencia a algunos que trataron de impedírselo hace años.

























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