Hace unos meses señalé en esta columna que podría crearse un nuevo partido de obediencia canaria de la mano de Alberto Rodríguez. El pronóstico realizado entonces, se ha cumplido. Y el fenómeno que comienza ahora a tomar forma, puede trastocar por completo el sistema de partidos en las islas. Una organización canaria y que defienda los intereses populares, en contraposición de las oligarquías isleñas, herederas históricas del caciquismo insular, en Canarias (por desgracia) nunca tuvimos una burguesía a la vasca y catalana, tiene un margen de maniobra electoral muy potente, siempre y cuando se sepa ejecutar.
Ese nuevo partido canario puede arrebatarle votos al PSOE, Unidas Podemos, NC y CC. A todos ellos, con mayor o menor intensidad y en función del territorio. Es decir, pesca en muchos caladeros. Eso sí, si no acompaña a la plataforma de Yolanda Díaz. En caso contrario, de lindarse a la gallega, por mucho que guarde la independencia organizativa, se ceñirá potencialmente a disputar o reemplazar en el mejor de los supuestos al espacio ocupado hasta el momento por Unidas Podemos. Si el proyecto que emerge va por libre y retoma el espíritu de la Unión del Pueblo Canario (UPC), los pactos y las alianzas institucionales en el archipiélago pueden ser diferentes antes o después.
Alberto Rodríguez tiene escaño asegurado por Tenerife. Y, a poco que lo trabaje, y dado que procede de los movimientos sociales, pueden tornarse fácilmente en dos diputados. También podría liderar la circunscripción autonómica y al calor de lo sufrido por Meritxell Batet en el Congreso de los Diputados, donde le retiraron el acta, pendiente del Tribunal Constitucional y puede que de la justicia europea, tiene a su alcance ser referente ya en la mencionada lista creada en el Estatuto de Autonomía de 2018. Tiene que cuidar mucho quienes le acompañarán por Gran Canaria, la izquierda a la izquierda del PSOE se ha fragmentado.
Y es que esta senda que aspira a atravesar Alberto Rodríguez es la que estimuló a NC en su fundación en 2005, cuando tenía como principal referente articular una oferta electoral distinta a la de CC, otrora dominante desde 1993. El canarismo puede dejar libre a Alberto Rodríguez todo el trabajo arado en estos años de nacionalismo y de izquierda canaria. El canarismo, apurando mucho, podría valer en una época de estabilidad sistémica como la década de los años noventa e intentar emular lo de CC en 1993. Pero aquello se esfumó. Asistimos a la degradación de la Segunda Restauración borbónica y, por tanto, los parámetros políticos son innegablemente otros. Y no se atisba que CC, al menos la que tiene mando en plaza, esté por la labor del reagrupamiento con NC, de ser así ya se hubiese consumado. Y el traspaso del acta por Las Palmas de NC a CC a final de junio, las prisas y las formas, deja patente el distanciamiento entre ambas organizaciones. Habrá que esperar a cómo evoluciona este nuevo partido, que debería forjarse con serenidad, a fuego lento, mirando más allá de 2023, pero que tiene un amplio recorrido si no concurre con la referida plataforma de Díaz. De momento, suenan las alarmas en las siglas contrincantes.


























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