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Martes, 07 de Abril de 2026

Actualizada Martes, 07 de Abril de 2026 a las 11:29:10 horas

A lo suyo

TA ofrece la columna diaria de Rafael Álvarez Gil

direojed Viernes, 03 de Junio de 2022 Tiempo de lectura:

Salvo el partido entre la Unión Deportiva Las Palmas y el Club Deportivo Tenerife, pendiente de la vuelta a celebrarse este sábado por la noche, y que ha generado una enorme expectación, la realidad social es que cunde la desgana absoluta y, dicho de otra forma, cada uno va a lo suyo. No es que sea derrotismo sociológico sino más bien una especie de indignación interior, introvertida emocionalmente, por la cual la ciudadanía se centra en sus intereses más concretos y obvia las promesas colectivas. Y cuando menciono esto último me refiero a la contienda partidista. No es que los niveles de afiliación a las organizaciones sea el más bajo en años, que también, sino que ya es que directamente pasan. Jamás habíamos asistido a este cúmulo de rechazos particulares que dejan el espacio comunal en la nada irrisoria.

 

Se cuestionan las ofertas electorales, la palabra del político de turno y la credibilidad de los medios de comunicación. Además, la digitalización galopante ha transformado por completo el panorama mediático tras la pandemia y dibuja un horizonte fulgurante e intrépido. Pongamos por caso una exclusiva periodística del medio que se tercie que ya no se sostiene ni una sola jornada en boca de la sociedad. ¿Quién está modulando realmente la agenda política? ¿Las portadas, las emisoras de radio y cadenas de televisión o la fragmentación imperante en la que el consumidor picotea de todo un poco?

 

Crece el nerviosismo dentro de los aparatos, pasado el verano comienza la fiesta de la precampaña con las batallas oportunas sobre las listas a conformar de cara a las diversas instituciones. Será de una intensidad morrocotuda cuando está en juego cuatro años de presencia política o desaparición de la escena representativa. Porque lo peor para muchos dirigentes que temen diluirse políticamente no es el tema económico precisamente sino la vitamina que pierden, esa soledad cruel de que el teléfono móvil deje de sonar. La adrenalina del poder contamina a cualquiera. La rutina posible de tener que quedarse en casa para ver cada mañana recetas de cocina en la televisión se les antoja una pesadilla insufrible. Entiéndase la ironía.

 

Ya se barrunta la llegada del verano, aún no oficial. Meses de liberación, de jolgorio. De salir a la calle dejando atrás la maldita pandemia que ha dejado secuelas importantes. Recuperar, por tanto, lo más parecido a una vida normal donde afloran los afectos y las interacciones sociales. Deseos de compartir, pero no necesariamente proyectos políticos sino apetencias personales, las que estime cada uno en su rutina. ¿Cuánto tiempo podrá durar este divorcio ciudadano con la política o, para ser precisos, con sus representantes? La democracia es frágil. De nada vale tener décadas de historia como partido cuando la instantaneidad de las redes sociales en menos de un fin de semana puede provocar un revolcón en las urnas. ¿Se imaginan qué hubiera pasado tras los atentados de Atocha del 11M de 2004 de haber entonces la implementación de internet que concurre en la actualidad? Los liderazgos cada vez duran menos. Así estamos, todos dejando que transcurra el almanaque y que sobrevenga lo que proceda. Algunos políticos ríen, piensan que no va con ellos. La Historia, cuando quiere, se muestra tajante. Aunque no lo saben.

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