El PSOE no puede inmolarse electoralmente para salvar a Felipe VI y preservarle el trono a la princesa Leonor. Y si está dispuesto a correr todo tipo de riesgos, entonces que asuma abstenerse en Andalucía (si no gana) para que el PP no gobierne con la ultraderecha.
Sin duda, supone un coste para el PSOE pero haría un gran bien para España al evitar que Vox gobierne justo en una de las tierras que, en su momento, fue feudo electoral socialista. De hecho, las victorias electorales de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero no pueden entenderse sin Andalucía y Catalunya. Todo está yendo muy rápido mientras los medios de comunicación blanquean a la extrema derecha. Es más, Vox ya está blanqueado. Si esto es así ahora, con Pedro Sánchez en La Moncloa, cómo sería si Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal conformaran el próximo Ejecutivo.
La situación para la izquierda sociológica es grave. Sánchez ha intentado mantener las premisas clásicas del PSOE (sostenimiento sistémico del 78, por un lado, y coqueteo desigual con los socios plurinacionales, por el otro) y Yolanda Díaz está tardando tanto en reaccionar que quizá llegue tarde. Actualmente, la marca de Unidas Podemos baja o se mantiene en el mejor de los casos en los sondeos; si la gallega se ciñe a liderar una plataforma cuyo poder parlamentario sea similar al de IU en sus mejores tiempos con Julio Anguita, los números no darán (no por asomo) para reeditar la coalición. Esta táctica de Sánchez ha implicado recibir presiones por dos frentes, y no hay organización política que lo aguante a medio plazo.
El PP en Castilla y León y, próximamente, en Andalucía habrá normalizado a Vox. Y con ello, en las islas, le estará haciendo el trabajo a CC. Por tanto, llegada la ocasión, CC no tendrá remilgos en pactar (directa o indirectamente) con Vox. No olvidemos que recientemente el alcalde de Santa Cruz de Tenerife, José Manuel Bermúdez, se manifestó en ese sentido. Luego, desde su partido, lo invitaron a rectificar. Pero no tanto por una cuestión de fondo sino por haberse precipitado en decir lo que piensa; algo así como cuando Juan Manuel García Ramos vaticinó el desenlace de la moción de censura que estaba aún por interponerse contra Patricia Hernández en el mismo consistorio. Se adelantó, otros lo neutralizaron, y finalmente ocurrió lo que habíamos apuntado negro sobre blanco. Qué rara fue aquella renuncia al acta por parte del de Ciudadanos desde la distancia kilométrica peninsular… Así pues, si CC tiene que pactar (tácita o expresamente) con la ultraderecha en Tenerife o en el Gobierno de Canarias para desmontar el Pacto de las Flores, lo hará. Ya buscarán cómo justificarlo. ¿Cómo frenar a la ultraderecha si numerosos medios han derribado la idea del ‘cordón sanitario’? Si el PP lo asume en Madrid, ¿qué no hará CC? La deriva es la que es. Y los sondeos inquietan a las izquierdas.
El PSOE es imprescindible para afrontar el horizonte político venidero pero tiene que reaccionar, anclado al pasado del bipartidismo dinástico y con espíritu mesetario, solo ahondará en su autodestrucción en vez de rescatar su valor histórico desde su creación por Pablo Iglesias. Ya puestos, mucho más útil sería una abstención en Andalucía que aislara a Vox que rechazar, una tras otra, reiteradamente, las comisiones de investigación a son de Juan Carlos I en el Congreso de los Diputados. Si ha hecho esto último que haga también lo primero en Andalucía, si se tercia. El cronograma electoral apremia.


























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