Los movimientos políticos en el tablero no suelen gestarse de un día para otro. Cuando NC sufrió el asedio en el escenario poselectoral en Telde en 2019 era una derivada más de la ruptura del pacto en el mandato anterior por parte del socio.
La ‘miniola’ de Pedro Sánchez hizo el resto. Los socialistas teldenses obtuvieron un buen resultado que se entiende precisamente en la oportunidad de aprovechar el auge (acotado, contenido) electoral estatal para intentar derrocar lo que ha sido siempre un feudo del nacionalismo y la izquierda canaria. La noche del recuento dibujó entonces que el pacto natural para la gobernanza era el conformado por NC y PSOE. De haber prosperado esta opción, al que se opuso enseguida la organización socialista teldense e insular con mando en plaza al calor del rebumbio institucional de ir contra NC y Antonio Morales, ahora las coordenadas serían otras. Es decir, un acuerdo entre NC y PSOE en 2019 tenía todas las cartas para prolongarse hasta 2027, inclusive. No estaba nada mal: alcaldesa y vicealcalde gobernando con políticas de izquierdas el segundo núcleo poblacional más importante de Gran Canaria. Con el añadido de que repercutiría en otros municipios y en la institución insular en aras del entendimiento mutuo.
En Telde, como en Santa Brígida, el PSOE históricamente ha sido una fuerza secundaria. No ocurre así en Las Palmas de Gran Canaria y Arucas. Si el cuarto domingo de mayo de 2023 no se reedita la ‘miniola’ de Sánchez ahondará en lo que ya se sabe: el PSOE apostó en 2019 a obtener la alcaldía a cualquier precio (solo faltaba Vox en el borrador, permítanme la licencia) y no le salió. Ciertamente, observado desde la izquierda, todo aquello fue un desatino, un absurdo que solo se entiende en el contexto de guerra sin cuartel entre una parte del socialismo (la no concerniente a Ángel Víctor Torres) contra NC.
Carmen Hernández atesora ya la suficiente experiencia para atisbar que algunos volverán a intentarlo en 2023 y, si pueden, por ellos no será alcaldesa. Destronar a la regidora de por sí es un suculento premio que, además, afecta a la línea de flotación de NC. En términos coloquiales, es matar dos pájaros de un tiro. Si en 2019 hubiese acontecido poselectoralmente en Telde lo que sí sucedió en 2007 (acuerdo entre NC y PSOE) hoy el diagnóstico sería otro. Como no fue el caso, lo suyo es que se recrudezca el cerco, dispongan estos del mismo respaldo popular o no.
La regidora puede hacerlo muy bien en la tarea municipal que si no le acompaña un relato netamente político (ideología plasmada en sus medidas e implementación municipal) difícilmente podrá aumentar tanto como para aplacar a sus adversarios. Dicho de otra forma, si todo queda reducido a la gestión (por eficaz que sea) a lo máximo que podrá aspirar Hernández es a repetir, con suerte, como primera edil en Telde y poco más. Porque ella no puede entrar en las maniobras que le prepararon y le prepararán y salir indemne siempre. De hecho, este mandato no gobernó como alcaldesa los dos primeros años y fue el coste que tuvo que abonar. De ella depende armar cuanto antes su proyecto político, dotarle de su narración e impronta, desde el nacionalismo y la izquierda canaria. Otros ya están aguardando para volver a las andadas de 2019. Y Telde, para NC, supone mucho.


























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